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"Las autolesiones de los adolescentes son un fenómeno viral"

La psiquiatra Iria Méndez, del Hospital Clínic, alerta de la transformción que experimentan muchos jóvenes cuando se adentran por las redes sociales

Àngels Gallardo

La psiquiatra Iria Méndez, en el Hospital Clínic.

La psiquiatra Iria Méndez, en el Hospital Clínic. / FERRAN SENDRA

La psiquiatra Iria Méndez (A Coruña, 1976), especializada en trastornos afectivos de niños y adolescentes, atiende en el Hospital Clínic a menores de 17 años que se autolesionan o que han motivado la activación del Codi Risc Suicidi porque intentaban darse muerte en algún lugar de Barcelona. Tradicionalmente, los hospitales han silenciado estas conductas ante los medios de comunicación. El equipo de la doctora Méndez entiende que la sociedad debe saber qué ocurre. Y actuar.

-¿Es cierto que aumentan los suicidios en los adolescentes? En los últimos cinco años, prácticamente se han doblado la cifras de conductas suicidas o parasuicidas entre adolescentes que atendemos en los hospitales. El suicidio consumado es mucho menos frecuente que las autoagresiones y quien lo intenta casi siempre sufre una enfermedad mental previa: depresión, anorexia, esquizofrenia, psicosis. La Conselleria de Salut no difunde datos desde el 2014.

En cinco años, se ha doblado la cifra de conductas suicidas o parasuicidas que atendemos en los hospitales

-¿Y las autolesiones? Las autolesiones se han convertido en un fenómeno viral. Han aumentado muchísimo más que los suicidios. Los chicos que se agreden no sufren ninguna patología mental previa, son adolescentes sanos. Los hijos de cualquiera de nosotros. Se hacen heridas en los brazos o, cuando se les descubre, en las piernas. Después recurren a las axilas, las ingles o bajo la barriguita. Lo hacen y se lo tapan.

-¿Lo tapan? Los padres no lo saben. Lo conocen al final. Muchos padres piensan que si su hijo o hija se estuviera cortando lo sabrían. Y no es así. La mayor parte de las veces, lo ignoran. Los cortes se difunden por Whatsapp. Cuando llegan al hospital es porque ha habido graves problemas de absentismo escolar, por ejemplo.

-Pero las lesiones se exhiben en internet. Eso sí. Las exhiben entre ellos. Es uno de los problemas que tenemos. ¿Lo hacen por llamar la atención? La de los padres, no. La mayor parte de lo que pasa en la vida de los adolescentes sucede entre ellos, entre iguales. Se dirigen a su público, que es quien entiende y valora sus actos. Eso está bien hasta un límite.

-¿Una autolesión tiene como trasfondo el deseo de morir? Inicialmente, no. Lo que pasa es que si se recurre a las lesiones de forma continuada, aumenta el riesgo de pasar a un acto suicida.

-¿Por qué ocurre esto ahora? Las autolesiones aumentan en un momento de crisis global. Existe una coincidencia en el tiempo. En el momento en que empieza la crisis, esto se acelera. Establecer la causa-efecto científica exigiría hacer un estudio con un grupo de riesgo y otro sin él. Uno de esos grupos se encontraría en situación de pobreza, falta de expectativas, competitividad extrema, ausencia de perspectivas de futuro… y el otro no. Las curvas de crecimiento de los dos fenómenos avanzan en paralelo.

-¿Cuál es el deseo último de quien se autolesiona? Disminuir un malestar. Una frustración, una rabia, una tristeza puntual porque mi novia me ha dejado, un enfado con mi madre o con mis amigos.

-Me encuentro mal. ¿Y? Tengo una sensación que no me es grata. Ese estado de ánimo lo quiero cambiar. Tengo que hacer algo inmediato que haga desaparecer el dolor. ¿Y cómo lo consigo de la forma más rápida? Haciéndome daño. ¿Y qué problema tenemos los médicos?: Que es verdad. Que funciona.

La estructura familiar estable es un factor protector, pero en España ese soporte se está diluyendo

-¿Cómo dice? Sí. Es un enorme problema para nosotros. Existe una teoría que dice que la agresión física estimula las fibras que forman parte de los nervios que canalizan el dolor. Son las que más rápidamente llegan al sistema nervioso central y generan endorfinas, una especie de neurotransmisores que dan la sensación de bienestar.

-No es un desvío de la atención hacia el punto lesionado. No, no. Es que se produce una descarga de endorfinas que te relajan por el hecho de hacerte daño. Esto es una hipótesis causal no demostrada, pero ahí está. La autolesión funciona como calmante, lo que aumenta esa conducta.

-¿Algún desencadenante? Siempre se ha dicho que las estructuras familiares fijas y estables son factores protectores. En España, la figura de la familia como soporte está desapareciendo. ¿Puede ser la causa? Pues, probablemente, unida al resto de motivos, sobre todo, la falta de expectativas y el inicio precoz de conductas de riesgo. Por ejemplo, las drogas. En Barcelona, es brutal el inicio en el consumo de cannabis a partir de los 12 años. A los 15 años, el 80% lo ha probado. Esos chicos van situándose cada vez más en el límite, ponen a prueba su capacidad para controlar la impulsividad.

-¿Qué ocurre con la familia? Se diluye, y ese sí es un factor de riesgo clarísimo. Tradicionalmente, en casa siempre teníamos una figura de apoyo y supervisión. Normalmente era la madre, o los abuelos. Ahora no siempre hay una figura de referencia cuando el niño llega a casa por las tardes. Y no se difunden unos valores claros.

"Lo único que se ha comprobado que protege del suicidio es la creencia religiosa

-¿Qué valores serían eficaces? Éticos, tal vez. Lo único que se ha comprobado que protege del suicidio es la creencia religiosa. Si tienes una ideación muy intensa de querer morir, pero sigues un dogma de fe que te dice que no te mates, en el final te frenas más. Todas las religiones desaprueban el suicidio. De hecho, cuando tenemos un paciente muy suicida, repetitivo, si vemos en él algún resquicio de creencia religiosa lo fomentamos. Para que no se mate.

-¿A qué atribuye la propagación de las autoagresiones? Creo claramente que es una moda. Una imitación. Antes esto se hacía en la intimidad de una habitación pero ahora lo difunden por Whatsapp, lo que aumenta la gratificación.

-¿Qué les aporta la difusión? Un premio. Cuantos más seguidores tienen, más aumenta la conducta autolesiva. Si me siento un poco sola, o incomprendida, y de repente mucha gente me pone un 'like' y me sigue, percibo un cierto beneficio.

-¿Un beneficio? Publicidad entre ellos. Hay que tener en cuenta que la gente joven no ve la tele, ni lee periódicos o revistas. El control social de la prensa escrita tradicional, informada, procesada y con filtros ha desaparecido entre los jóvenes.

-¿Entonces? Los adolescentes se retroalimentan en su propio mundo. Y ahí, tienen el poder absoluto. Si queremos romper ese círculo vicioso, tenemos que fortalecer a los padres, para que aprendan a supervisar, y educar, de otra manera a sus hijos. Acceder a las claves de sus móviles. Los padres nos hemos quedado en el mundo predigital, y no tenemos el poder. Ellos lo tienen de forma absoluta porque su vida 'on line' nadie la supervisa.

"Los adolescentes se retroalimentan en su propio mundo, y ahí tienen el poder absoluto"

-¿Qué podrían hacer las familias? Hablar mucho con sus adolescentes. Estar cerca, pero sin estorbar. En el mismo edificio, aunque sea separados por varias puertas. Y averiguar qué hacen con el avatar 'on line'Lo dijo la OMS en su informe del 2014. Los padres han de recuperar el control sobre el móvil. Conocer sus claves y, esporádicamente, sin invadirlos, entrar y ver. A veces, hay que quitárselo. Yo tengo requisados cinco móviles, de cinco pacientes. Aquí, en un cajón. La primera vez que lo hice, una madre me denunció.

 -¿Qué desconocen los padres? Hemos de entender que una cosa es lo que vemos en directo, cuando los chicos están contigo, y otra distinta es la persona que es tu hijo cuando está en internet: puede cambiar radicalmente. Una niña encantadora y maravillosa es otro ser cuando se mete en su ordenador. Y hay que saber quién es. Y qué hace.

-¿Diría que los adolescentes valoran poco la vida? No. No pretendemos curar la adolescencia. Hay que aprender a superarla y sufrirla. Hay que ser adolescentes. Y hemos de saber acompañar a nuestros hijos con horas de calidad. Es muy importante saber qué hace mi hijo en el día a día y 'on line'. 

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