08 abr 2020

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"El desahucio es un momento superviolento"

Los psicólogos aconsejan que la familia desdramatice la pérdida de la vivienda ante sus hijos

Los pequeños no sufrirán traumas si perciben control y seguridad en los adultos

ÀNGELS GALLARDO / BARCELONA

Protesta ante un desahucio.

Protesta ante un desahucio.

La expulsión del espacio donde había dormido, comido, jugado y visto la tele hasta entonces, el desalojo forzoso e inmediato del piso en el que vivía posiblemente desde que nació, puede convertirse en un episodio de una extrema violencia para un niño, coinciden psicólogos y miembros de las plataformas antidesahucio de Catalunya. La trascendencia traumática de este acontecimiento en un menor, destacan, no obstante, dependerá de la edad que tiene el niño cuando esto sucede -a más mayor, más dolor-, y, sobre todo, de la explicación con que los familiares le anuncian que, de un momento a otro, vendrán a casa unos señores y ellos se tendrán que ir. Para siempre.

"De todos los problemas que atendemos relacionados con la pobreza, el peor es el momento del lanzamiento en un desahucio", asegura Amanda Martínez, educadora social y miembro de la Fundació Acció Social i Infància, dedicada al acompañamiento de todo tipo de familias en situaciones difíciles. "El momento de dejar el propio domicilio es superviolento", añade.

Los psicólogos sitúan los desahucios, la expulsión de la casa que se sentía como propia, como uno de los estresores más graves que afectan a los individuos. La casa es el símbolo del nido más íntimo, el refugio de los límites de la seguridad de cada cual, indican.

Perder la casa es uno de los mayores estresores que existen, dicen los psicólogos

Cuando ese estrés, entendido como un cúmulo de emociones intensas que desbordan a quien lo padece, afecta a un niño de 8 o 9 años, su repercusión futura dependerá de cómo los padres o los adultos que acompañen al niño interpreten ante él lo qué está sucediendo.

"Más que el hecho de perder el domicilio familiar, lo que a ese niño le puede inquietar es desprenderse de la habitación donde jugaba y guardaba su bicicleta, de la mesa donde comía, de la cama donde dormía... de lo más próximo y personal", explica Joaquím Puntí, psicólogo clínico especializado en infancia y adolescencia que atiende en el Hospital del Parc Taulí, de Sabadell. "La casa, en conjunto, es un ente demasiado abstracto para él -prosigue Puntí-. Lo que un niño necesita es tener bajo control sus cosas más íntimas, y sentirse seguro. Esas dos sensaciones, control y seguridad, se las tienen que proporcionar sus padres".

COMO UN DIVORCIO

La pérdida del propio domicilio, incluso siendo en realidad un acto violento, puede presentársele al niño (menor de 12 años en este caso) como un acto positivo, algo parecido a lo que aconsejan los psicólogos infantiles que gestionan divorcios. "Ahora tendrás dos habitaciones muy chulas, una estará en casa de papá, la otra en la de mamá", por ejemplo. O presentársele casi como un acto lúdico, lo que le evitará el sufrimiento. Algo parecido ocurre en la película 'La Vida es Bella'interpretada por Roberto Benigni, en la que el protagonista, que acaba siendo ejecutado en el campo de exterminio nazi donde se encuentra, convence a su hijo de 5 años, allí oculto, de que todo lo que observa forma parte de un juego de supervivencia en el que vencerán los mejores. El niño se lo pasa bien.

"Si los padres le dicen al peqeño que 'que suerte tiene' de cambiar de habitación, de casa, de escuela y de barrio, y que todo será de estreno, esa explicación, positiva, será suficiente para tranquilizar al niño -prosigue Puntí-. En caso de presentárselo con los ojos enrojecidos por el llanto y cargando de dramatismo, la inminente pérdida, el niño se sentirá abatido".

Cuando el desahucio afecta a un adolescente, la situación es distinta, indican quienes viven de cerca estos acontecimientos. "Para un chico de 15 o 16 años, dejar la casa es cortar con su grupo de amigos y con todas sus referencias: es una pérdida global importante -asegura el psicólogo-. El cerebro de un niño pequeño es de una plasticidad enorme, y su capacidad de adaptación al cambio es muy grande. Un adolescente es menos fácil de convencer de que no se trata de una pérdida, aunque se le puede persentar como una nueva oportunidad para sus relaciones".

Un cambio, en cualquier caso, es por definición estresante, no ocultan los especialistas. Cuanto menos se controle la situación desde la posición de los adultos, cosa que sucede a los niños en un ambiente familiar tenso, más lesivo puede resultar el desalojo.