Ir a contenido

"En Ucrania nos engañaron, pero no me arrepiento de haber adoptado a mi hijo"

Los padres de jóvenes con síndrome alcohólico fetal temen por el futuro desamparo de sus hijos

Las graves alteraciones neurológicas y conductuales que afectan al colectivo les dificultan mantener una vida autónoma

Àngels Gallardo

Teresa Núñez y su hijo,. nacido en Ucrania, en la playa de Lloret en el verano del 2015.

Teresa Núñez y su hijo,. nacido en Ucrania, en la playa de Lloret en el verano del 2015.

No se sabe cuántos de los 5.000 niños que en los últimos 20 años han sido adoptado por familias catalanas en orfanatos de Rusia, Bulgaria, Polonia y Ucrania sufren el síndrome alcohólico fetal (SAF) -la cifra la aportará un estudio iniciado por la Agència de Salut Pública de Catalunya y el Institut Català d'Adopcions-, pero la percepción de los médicos que los atienden y la de los padres adoptivos es que la proporción de afectados es muy alta. El SAF es consecuencia del consumo de alcohol de las madres biológicas en el periodo de gestación de estos niños.

El quebranto de la salud que causa este síndrome, grave e irresoluble, era desconocido en los hospitales españoles hasta que a principios de los años 90 se emprendieron las primeras adopciones en Rusia y otro países del Este de Europa. Apenas un 10% de los niños recientemente diagnosticados del SAF han nacido en España.

Las familias adoptivas empezaron a ser conscientes de que algo no iba bien en la evolución de sus hijos cuando apenas habían transcurrido uno o dos años de convivencia en Catalunya. Invariablemente, hubieron de pasar por un sinfín de consultorios médicos en los que se les fueron anunciando puntuales anomalías en el crecimiento o las habilidades mentales y cognitivas de los pequeños, unas alteraciones que no lograban explicar al completo el conjunto de problemas físicos, psíquicos y conductuales que observaban en sus hijos.

En los últimos 20 años las familias catalanas han adoptado a 5.000 niños en países del Este de Europa

Que fuera una rareza aquí, no significa que también lo fuera en las ciudades donde habían nacido los niños, la mayoría abandonados con horas de vida en el mismo hospital donde se había producido el parto. En alguna ocasión, como les ocurrió a Teresa Núñez y a su marido hace 14 años en un orfanato de Zaporijia (Ucrania), la pareja en trámites de adopción captó allí mismo que a aquel niño, al que ya consideraban su hijo, le ocurría algo raro. Fueron tan conscientes de esto, que propusieron llevar al bebé ante un neurólogo ucraniano. El médico, explican, se limitó a comprobar que el recién nacido tenía buenos reflejos articulares. De regreso al orfanato, recuerda Núñez, el director les dijo la frase que entienden fue el primer engaño: "Con amor y cariño, todo se pasa". Volvieron a España sabiendo que el niño no establecía vínculos con ellos.

DESINTERÉS GENERAL POR LA VIDA

"No me arrepiento de haber adoptado a mi hijo. Es mi hijo -repite Núñez-, pero pienso que nos engañaron. A nosotros, y a muchos padres que adoptaron niños en países del Este de Europa. Nunca nos informaron". Los índices de alcoholismo de sus poblaciones, incluido el de las mujeres embarazadas, eran (y son) elevadísimos y las consecuencias son devastadoras.

El SAF describe una alteración general en el neurodesarrollo del feto, un empequeñecimiento general en órganos y funciones, causado por el efecto del alcohol en el riego sanguíneo materno, que compartía con el de su hijo. "Las alteraciones alcanzan a la capacidad cognitiva, la conducta, el peso y la altura y el desarrollo del cráneo -describe la psiquiatra Núria Gómez, que atiende el  SAF en el Hospital del Vall d’Hebron-. Algunos, no todos, sufren microcefalia (su cabeza es más pequeña de lo esperable), y muestran rasgos faciales característicos que ayudan a establecer el diagnóstico: el labio superior liso y la cara empequeñecida". La pretensión inicial, fijada en los hospitales españoles, de que para diagnosticar el SAF era imprescindible acceder al historial médico de la madre biológica ha quedado suprimida, advierte Núñez, que preside la asociación de familias afectadas por este síndrome (www.afasaf.org). "Es imposible saber nada de esas mujeres", asegura.

INGENUIDAD ARRIESGADA

Esta asociación surgió de la inquietud que genera en las familias el futuro de los afectados por el SAF. Los déficits con que están creciendo son inmensos. "Tienen alteraciones cardiacas, visuales, auditivas y, sobre todo, psíquicas", describe Núñez.

Aseguran que sus hijos no pueden establecer una vida autónoma. "Tienen problemas de menoria, les falta imaginación y curiosidad, no les interesa lo que ocurre en la escuela. No se socializan ni tienen amigos", añade Núñez. "Son impulsivos e ingenuos -señala la doctora Gómez-. No ven el doble sentido de las frases, no captan la malicia y son muy manipulables". Núñez los describe como "la diana perfecta" para ser utilizados por quien pretende hacer algo que no se debe hacer, pero no se atreve. No controlan el valor del dinero. "Muchos -concluye Núñez-, acaban siendo delincuentes. No saben medir las consecuencias de sus actos".

Este problema médico es atendido en Catalunya en tres hospitales: el del Vall d'Hebron, el de Sant Joan de Déu y la Maternitat del Hospital Clínic, que recientemente ha absorbido el servicio destinado a este síndrome en el Hospital del Mar.    

    

0 Comentarios
cargando