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Àngels Llopis: "Núria sufrió el ictus a los 4 años"

Núria Navarro

Àngels Llopis: "Núria sufrió el ictus a los 4 años"

PAU MARTÍ

El ictus no afecta exclusivamente a los adultos. Seis de cada 100.000 niños menores de 15 lo sufren cada año. A la dulce Núria Raventós (Barcelona, 2006) –la segunda de los tres hijos de Àngels Llopis– le sobrevino a los 4 años. La batalla ha sido larga, pero juntas han logrado grandes conquistas. Las dos campeonas de Vilanova i la Geltrú aparecen en el espot de 'La Marató' de TV3.

Àngels Llopis En el quinto mes de embarazo detectaron en el feto una miocardiopatía dilatada. No sabían si podría aguantar el parto. Tres meses después, Núria nació por cesárea. Hizo vida normal, hasta que a los 3 años el corazón hacía paradas. Le implantaron un marcapasos. No podría jugar al fútbol de mayor, pero eso era lo de menos.

¿Qué se torció?

À.Ll. Al cabo de un año de llevar el marcapasos, Núria empezó a sentirse mal y la ingresamos. El Día de Todos los Santos del 2010, estando en el hospital, mi marido, que es urólogo del Vall d'Hebron, se dio cuenta de que estaba haciendo un iíctus. De no verlo él, de no estar ingresada, no se habría salvado.

¿Fue grande la afectación?

À.Ll. Núria quedó hemipléjica. Se le paralizó todo el lado derecho. No hablaba. No caminaba. Estuvo un mes ingresada y durante un año tuvo que ir a rehabilitación. Yo estaba de baja maternal. El bebé tenía dos meses. Así que, de lunes a viernes, los tres íbamos de Vilanova i la Geltrú al Hospital de Sant Joan de Déu. Éramos un pack.

Núria, ¿recuerdas algo de todo esto?

Núria Raventós La verdad es que no. Sé que mi hermano aprendió a gatear en el hospital, mientras yo hacía la rehabilitación.

À.Ll. Núria es una luchadora. Desde el primer día quiso hacer las cosas sola. A los dos meses empezó a caminar, a lo largo de cinco años trabajó el habla con logopedas y aceptó experimentar con un casco de estimulación eléctrica del cerebro.

N.R. ¡Era un casco muy feo! Y al principio me hacía un poco de daño. Pero conseguí hacer la pinza [con el pulgar y el índice].

¿Ya no hubo más sustos?

À.Ll. Teníamos gallinas. Un día Núria trajo un huevo y se le cayó de las manos. Epilepsia. Estuvo dos años medicándose.

¿Y el cole qué tal, Núria?

N.R. [mira a su madre]

À.Ll. Durante el año de rehabilitación no fue a colegio. Al incorporase a P-5, como no hablaba bien y no podía correr, los niños la apartaron un poco. No quería ir a la escuela. Repetir le fue bien, porque dio con un grupo que la aceptó.

N.R. Ahora estoy en cuarto y tengo más amigas que antes. Una se llama Minerva y tiene dos enfermedades como yo.

À.Ll. La secuela cognitiva del íctus, en su caso, es el déficit de atención. Le cuesta concentrarse. Núria está enfadada con lo que le ha pasado. Le preocupa el futuro. Pregunta si podrá ir a la universidad y yo le contesto que no sabemos.

¿Qué te gustaría ser de mayor?

N.R. Dibujante. Dibujar es lo que más me gusta y todos me dicen que lo hago bien. Sé dibujar normal y manga.

Tienes ganas de olvidarte de médicos y pruebas, ¿a que sí?

N.R. Me gustaría mucho.

À.Ll. Núria quiere mucha normalidad.

Seguro que usted también.

À.Ll. Sí. Además, hace dos años me vino otro golpe fuerte. Me llamaron del hospital y me dijeron que mi marido había hecho una embólia frontal, que no tuvo que ver con el ictus de Núria. Estuvo una semana en coma. Tengo suerte de que hayan sobrevivido los dos.

Es una campeona, Àngels.

À.Ll. Cuando pasan cosas así hay que tener esperanza. No hay que rendirse. Jamás. Y mi trabajo –soy maestra de infantil– me da mucha energía. A la vida hay que ponerle luz y color.

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