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Marcial, superviviente de un ictus: "Me ducha mi señora"

Las secuelas de un infarto cerebral han alterado definitivamente los actos de la vida cotidiana de este antiguo conserje

Àngels Gallardo

A Marcial Carrascal, de 70 años, que hace cinco sufrió un ictus, le costó año y medio de persistente ejercicio volver a ponerse en pie y caminar de forma autónoma, aunque, "solo un poquito", advierte. El brazo, la mano y la pierna izquierdos no han vuelto a recuperar la fuerza. De hecho, no utiliza esa parte del cuerpo.

El accidente cerebrovascular le sobrevino una noche de febrero que, recuerda, pasó con bastante malestar, pero en su cama. Notaba una sensación de "no encontrarte bien", que lo despertó hacia las 4 de la madrugada. Como en tantos casos, no identificó los síntomas del ictus. A las 8 de la mañana siguiente, su cuñado, que vive en el piso inferior al suyo, le sugirió ir al hospital. "Sentía la cabeza muy espesa y las piernas flojas, pero entré en el hospital [el de Sant Pau] por mi propio pie", recuerda.

AL LLEGAR YA TORCÍA LA BOCA

Al llegar al box que le asignaron en el servicio de urgencias, se le empezó a torcer la boca y ya no podía levantrar el brazo izquierdo. "Como estaba allí, me atendieron inmediatamente", prosigue Carrascal, que se enorgullece de recordar a la perfección todo lo que le sucedió aquel día. "No dejé de conocer a todo el mundo", añade, en alusión a las lagunas de memoria que sufren algunas personas en el momento en que sufren el ictus.

Marcial Carrascal es hipertenso y diabético. La profesión que ocupó su vida laboral, conserje de un edificio de la parte alta de Bacrelona, no le exigió la práctica de gran esfuerzo físico. Hasta que sufrió su episodio cerebral, no había oído hablar del ictus. "Fumaba un poco", advierte.

Salió del hospital en silla de ruedas y con medio cuerpo imposibilitado para serle de utilidad. Acudió a un centro de rehabilitación e hizo todos los ejercicios que se le indicaron, pero ese medio cuerpo izquierdo se quedó como estaba al salir del hospital. Y así sigue.

"Cojo la cuchara con la mano derecha, me he adaptado -describe-. Sufro afagia [dificultad para deglutir los alimentos] y me lo sirven todo blando y espeso, pero como de todo. Me ducha mi señora, en un baño que hemos acondiciondo para mi situación". Asegura que se lo toma todo con gran "tranquilidad", pero se siente limitado. "No he vuelto a conducir, ni podría correr", lamenta. 

Temas: Ictus

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