PRECARIEDAD PROFESIONAL DE LOS MÉDICOS

"Vivía de hacer guardias de UCI a una media de siete euros la hora"

Una intensivista de 30 años, formada para tomar decisiones de vida o muerte en segundos, ve muy difícil un contrato estable

La doctora Ana Parra, médico de uci, con su bebé de pocos días en brazos en su domicilio de Tarragona.

La doctora Ana Parra, médico de uci, con su bebé de pocos días en brazos en su domicilio de Tarragona. / JOAN REVILLAS

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La doctora Ana Parra Castillo, de 30 años, disfruta en las situaciones límite en las que en pocos segundos el médico debe "reconocer" el problema de salud que sufre la persona que acaba de llegar, muy grave, vía urgencias, a la unidad de cuidados intensivos (UCI). Ella ejerció en esos servicios hasta que el embarazo de su hijo la dejó en paro. Añora esos momentos críticos en los que debe tomar decisiones prácticas, trascendentales en la vida del paciente que atiende, elecciones de alto riesgo que exigen tener las ideas claras y un carácter nada propicio a la divagación, ni necesitado de reflexión.

"Los médicos intensivistas somos polivalentes y de acciones rápidas, de otra forma no podríamos estar ahí -explica Parra, con su bebé de ocho días en brazos-. Un accidentado puede llegar con hematoma en un pulmón, aplastamiento del bazo y una pierna fracturada: hemos de dar respuesta inmediata sin que las medidas adoptadas en conjunto sean incompatibles”. Es sin duda una especialidad no apta para todo tipo de personalidades y caracteres. Los perfiles como el de Parra brillan en esos escasos segundos en que tienen en sus manos el futuro de un individuo. Son médicos apreciados, buscados, imprescindibles en un sistema sanitario de alta exigencia.

ONCE TURNOS EN TRES CENTROS

Ella se ha preparado para esto durante 11 años, los últimos cinco especializándose en el Hospital del Vall d’Hebron, de Barcelona, y en mayo del 2015 recibió el apto al completar con éxito su formación. Desde entonces, ha conseguido contratos de 40 horas mensuales como suplente en las ucis del Vall d’Hebron, por los que cobró 300 euros al mes, más 11 guardias mensuales de fin de semana -24 horas por turno- que realizó en tres centros privados distintos hasta que el embarazo se lo permitió. El niño, Martí, nació el pasado 2 de febrero, y Parra vuelve a buscar un hospital que la contrate.

"El trabajo de las guardias se te queda muy corto, pero yo vivía gracias a esos turnos, que se pagan a una media de 7 euros la hora", relata. El precio de la hora de guardia en un hospital público oscila entre los 4 y los 20 euros, en función del día de la semana en que se realiza. "Día a día, ves llegar a un paciente muy grave a la uci, lo atiendes y adiós. Desconoces su evolución. No creo que sea capaz de pasar muchos años haciendo guardias". La presencia de su hijo, añade, no le va a facilitar estar fuera de casa todos los fines de semana, cubriendo turnos incompatibles con una vida familiar. "Si veo que la cosa no mejora, volveré a hacer otro MIR [formación como médico interno residente en la que se adquiere una especialización]: haré Pediatría", avanza.

UN TRABAJO APASIONANTE

El trabajo en las ucis, relata Ana, es valorado en los hospitales de máximo nivel donde se ofrece medicina intensiva -los centros medianos o pequeños y la mayoría de las clínicas privadas no disponen de ucis-, pero aun así cada vez hay menos trabajo para un médico intensivista. Desde que irrumpió la crisis y las inmediatas medidas restrictivas de Salut, no se cubren las bajas por jubilación o fallecimiento. "Veo difícil un contrato estable, y me da mucha pena porque me encanta mi trabajo".

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Parra es consciente, asegura, de que todos los principios profesionales son difíciles. "Pero esto no es un inicio difícil: es un efecto perverso de los recortes que han hundido la sanidad -prosigue-. Ha sido muy duro, y no veo perspectivas de mejora".

Pide atención esta intensivista a la inquietud que percibe entre muchos de sus colegas a consecuencia de la "situación" política de Catalunya. “La sanidad pública está transferida a la Generalitat, pero las plazas de los centros del Institut Català de la Salut (ICS) son estatutarias [médicos adscritos al estatuto estatal de la función pública]. En caso de independencia, cuando se jubilen los médicos que las ocupan no serían restablecidas desde Madrid: se perderían".