El consumo en la adolescencia dispara los riesgos del alcohol

Las personas que de menores han tenido problemas con la bebida suelen tener peor pronóstico en la edad adulta y sufren una evolución más rápida de la enfermedad.

El inicio en la ingesta alcohólica se sitúa en España entre los 13 y los 14 años

BOTELLÓNLos expertos en adicciones alertan sobre el riesgo de que emborracharse se convierta en el objetivo de algunos jóvenes.

BOTELLÓNLos expertos en adicciones alertan sobre el riesgo de que emborracharse se convierta en el objetivo de algunos jóvenes. / ARCHIVO / FERRAN NADEU

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CARME ESCALES

Salir a beber. Quedar con los amigos para beber y emborracharse es una constante que durante los últimos años se ha convertido en ciudades y pueblos de muchos países en el plan de diversión de muchos jóvenes. «El consumo de alcohol y la borrachera han pasado de ser la consecuencia de una noche disparatada a ser el objetivo. Ahora la consigna es: 'salgo a emborracharme'. Este es el gran drama», expone la psiquiatra Anna Ligoña, especialista en alcoholismo y dependencia de ansiolíticos de la unidad de adicciones del Hospital Clínic de Barcelona.

El 27,4% de los jóvenes de entre 14 y 18 años que acudieron a uno de los 60 centros de la Xarxa d'Atenció a les Drogodependències (XAD) de Catalunya en el 2013 -año del último estudio de las personas asistidas- había experimentado alguna borrachera en el mes previo a la visita.

Según la Encuesta estatal sobre uso de drogas en enseñanzas secundarias (Estudes) correspondiente al curso 2012/2013, la edad de inicio del consumo de alcohol en la población general se situaba entonces en torno a los 13 y 14 años y más de la mitad de los jóvenes de 16 años se había emborrachado en el último año. «En general, las personas que empiezan a tener problemas con el consumo de alcohol en la adolescencia acostumbran a presentar más complicaciones en el futuro, una evolución más rápida de la enfermedad y, a veces, peor pronóstico, si se las compara con las que empiezan a tener problemas en edades adultas», declara el subdirector general de Drogodependències de la Conselleria de Salut de la Generalitat, Joan Colom. «En general, cuanto más tiempo dure el consumo elevado de alcohol, sin recibir ayuda ni tratamiento, más riesgo de problemas habrá. Por ello, los programas de prevención en jóvenes se orientan, sobre todo, a posponer al máximo la edad de inicio de consumo, y especialmente, a evitar los consumos de riesgo en edades tempranas», añade.

UNIDADES DE BEBIDA ESTÁNDAR / Según los profesionales de la atención médica, se establece como consumo de riesgo el equivalente a 28 unidades de bebida estándar (UBS) a la semana en hombres y 17 en mujeres. Y se entiende por UBS los 10 gramos de alcohol que incluye una copa de vino o de cava, un carajillo o una cerveza. «Veintiocho cervezas equivalen a 14 cubalibres, puesto que esta última bebida tiene 20 gramos de alcohol, el doble que una cerveza», puntualiza Joan Colom.

«Pero, al margen de las cantidades ingeridas, también se considera un consumo de riesgo tomar alcohol con menos de 16 años, o consumir si se realizan actividades peligrosas, como conducir máquinas, durante el embarazo o si se sigue algún tratamiento farmacológico que pueda presentar contraindicaciones con el alcohol», precisa Colom. «En general, se percibe mucha tolerancia del consumo de alcohol y, ciertamente, muchos padres le dan poca importancia a los consumos de sus hijos y a detectar intoxicaciones», considera el psiquiatra que coordina el Centre d'Atenció i Seguiment a les Drogodependències de la Generalitat (CAS) Horta-Guinardó (de la Agència de Salut Pública de Barcelona, ASPB), Jaume Serrano.

«Mientras que en el consumo de tabaco la percepción de riesgo ha aumentado bastante, pues ahora se tiene mucha más idea de que orgánicamente el tabaco es dañino, en el caso del alcohol esa percepción todavía es baja», asegura la psiquiatra del Hospital Clínic Anna Lligoña. En su consulta atiende sobre todo a pacientes afectados por una adicción de alcohol o de alcohol y otras drogas «de 45 años hacia arriba, que suelen llegar a consecuencia de advertencias laborales o familiares por problemas derivados del consumo, más que por iniciativa propia», afirma. «Jóvenes visito a muchos menos. Casi siempre son pacientes a quienes les han retirado el carnet de conducir, han tenido problemas legales por algún trapicheo o los han derivado de urgencias de un hospital tras un coma etílico», explica.

TRATAMIENTO / El tratamiento de un paciente adicto o en riesgo de padecer una adicción al alcohol debe ser abordado «de manera multidisciplinar», según Javier Goti, psiquiatra especializado en conductas adictivas en adolescentes del servicio de Psiquiatría y Psicología Infantil y Juvenil del Hospital Clínic de Barcelona.

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La intervención «debe incluir elementos psicoterapéuticos, médicos y educativos, y dirigirse al joven, pero también a su familia. Y para ser eficaz debe conseguir efectos en diferentes ámbitos, no solo en torno a la salud física y psíquica, sino también en la convivencia familiar, la adaptación académica o laboral, y la situación en el medio social y comunitario», explica Goti. «Rara vez una intervención aislada en uno de esos ámbitos, o con una única estrategia o herramienta, será eficaz».

En cualquier caso, «sin la voluntad del propio paciente de dejar el alcohol» no será efectivo un tratamiento. «La rueda del cambio pasa por la contemplación y aceptación del problema, la preparación para la acción y la propia acción», concluye Lligoña. Una buena relación con el terapeuta es clave en el proceso, que puede incluir medicación repulsiva del alcohol y deporte.