Las piernas inquietas, un síndrome poco diagnosticado

El trastorno, mucho más frecuente de lo que se cree, puede afectar gravemente la calidad de vida

EXAMEN CLÍNICO.La doctora Romero evalúa a Emma en el Hospital Vall d’Hebron.

EXAMEN CLÍNICO.La doctora Romero evalúa a Emma en el Hospital Vall d’Hebron. / joan puig

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FABIO SCHNEIDER

Palabras como «hormigueos», «calambres» o «pinchazos» son los términos más escuchados en las consultas médicas a la hora de describir las sensaciones que provoca el síndrome de las piernas inquietas (SPI), un trastorno del sueño de origen neurológico que causa estas molestas e incluso dolorosas sensaciones cuando el afectado intenta descansar y que produce la necesidad imperiosa de mover las extremidades inferiores para

aliviarlas.

En casos severos, este movimiento nervioso de las piernas impide un desarrollo normal de la vida laboral y social. Pero quizá una de las consecuencias más frustrantes sea el insomnio. El empeoramiento de los síntomas por la tarde y la noche dificulta conciliar el sueño. Así, irse a la cama es para algunos una fuente de desasosiego que afecta enormemente su calidad de vida. Ir al cine o hacer un viaje largo puede ser también un suplicio.

TRASTORNO FRECUENTE / También conocido como enfermedad de Willis-Ekbom en honor a los primeros médicos que la describieron, el SPI afecta a más de 3 millones de españoles, entre un 5% y un 10% de la población, aunque la gran mayoría no requieren tratamiento. «Es una enfermedad frecuente que puede ser muy leve, y entonces no necesita tratarse, o muy grave. La gente que viene al médico es porque lo pasa mal», explica el doctor Álex Iranzo, neurólogo especialista en trastornos del sueño del Hospital Clínic de Barcelona.

El problema es que esta enfermedad «está infradiagnosticada», apunta el doctor Diego García-Borreguero, neurólogo y director del Instituto de Investigaciones del Sueño. Ello ocurre porque no se la conoce suficientemente en la medicina primaria. «Con frecuencia no se tiene en cuenta o se confunde con patologías de tipo articular, de circulación, o cuadros de ansiedad o dolor», señala.

Es el caso de Emma. El desconocimiento del SPI en su país de origen, Perú, la condenó a soportar resignadamente los síntomas y a dormir mal muchos años, situación que no cambió al llegar aquí. «Me dijeron que tenía dañado algún nervio», dice. Tras más de 20 años sin ser diagnosticada, dio con la doctora Odile Romero, jefa de Neurofisiología y coordinadora de la Unidad del Sueño del Hospital Vall d'Hebron de Barcelona, que comenzó a tratarla. «No entiendo cómo no se le detectó. Su sintomatología era de manual», explica Romero. «Se trata de medicar para controlar los síntomas y garantizar una buena calidad de vida, puesto que no puedes curarlo», añade. El día que comenzó el tratamiento fue «uno de los más felices» para Emma. «El insomnio me daba ganas de llorar de rabia y me afectaba en el trabajo», recuerda.

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Los expertos coinciden en la facilidad de detectar la enfermedad si se conoce, puesto que un examen clínico basta. Pese a ello, muchos pacientes peregrinan por los consultorios de distintos especialistas hasta recibir el diagnóstico correcto. A Marta, un psiquiatra le recetó antidepresivos para su ansiedad, que dispararon los síntomas que ahora intenta controlar. Ha probado de todo para aliviarlos. «Lo que me funciona es mantener la mente ocupada», dice.

CAUSAS POCO CONOCIDAS / Pese a que las causas del SPI aún se desconocen con exactitud, García-Borreguero, que también es presidente de la Sociedad Española del Sueño, apunta a una relación directa con problemas en el metabolismo del hierro a nivel cerebral, que provocan la disfunción de un neurotransmisor del sistema nervioso, la dopamina. Asimismo, se ha demostrado que puede haber una predisposición genética a desarrollar el síndrome. «Se han identificado siete genes que pueden indicar propensión a tener SPI», señala el neurólogo. «Los genes involucrados predisponen a padecerlo en situaciones de falta de hierro como la insuficiencia renal crónica, el embarazo o las anemias», añade el doctor Iranzo.