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Salud

¿Tienes los pechos fibrosos? Los expertos alertan del problema que puede aparecer en una mamografía

Tener mamas fibrosas no aumenta el riesgo de cáncer, pero puede dificultar su detección

El 20% de los diagnósticos de cáncer de mama son en realidad lesiones precancerosas: "Se trata innecesariamente a un número muy alto de mujeres"

Una técnica especialista en radiodiagnóstico realiza una mamografía.

Una técnica especialista en radiodiagnóstico realiza una mamografía. / FERRAN NADEU

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Abril Benítez

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No todos los pechos tienen la misma composición. En algunas mujeres predomina el tejido graso, mientras que en otras hay una mayor presencia de tejido glandular. Cuando este último es predominante, se habla habitualmente de mamas fibrosas.

Esta característica es puramente anatómica y, según explican los especialistas, no significa tener un mayor riesgo de padecer cáncer de mama. Ahora bien, sí puede generar algunas dificultades a la hora de interpretar determinadas pruebas diagnósticas, especialmente las mamografías.

El Dr. José Luis Sánchez Iglesias, del equipo de ginecología y obstetricia Ginellers de Clínica Corachan, explica qué implica exactamente tener este tipo de mama y por qué es importante conocer sus particularidades.

¿Qué tipos de mama hay?

La mama está formada principalmente por tejido glandular, tejido conjuntivo y grasa.

En algunas mujeres hay una proporción más elevada de grasa, mientras que en otras predomina el tejido glandular. Es en este segundo caso cuando se habla de mamas fibrosas o densas.

Según explica el Dr. Sánchez Iglesias, esta composición no depende de tener más o menos musculatura.

El ejercicio aumenta la musculatura (hipertrofia) de los pectorales, en los que se inserta la mama. Pero esto no afecta a la glándula mamaria”, señala el especialista.

En cambio, una pérdida de peso sí puede modificar el volumen del pecho porque también se pierde parte de la grasa del tejido mamario.

¿Qué ocurre cuando el pecho es fibroso?

Tener una mama fibrosa no es, por sí mismo, una enfermedad.

Lo que puede ocurrir es que estas mamas sean más sensibles a los cambios hormonales y provoquen más molestias o dolor en algunos momentos del ciclo menstrual.

Pero una de las principales particularidades aparece cuando se realiza una mamografía.

El Dr. Sánchez Iglesias explica que “la mama con más glándula puede reducir la visualización de nódulos mamarios, ya que el mayor tejido glandular puede dificultar la penetración de los rayos X en la mamografía”.

Es decir, el problema no es necesariamente que haya más lesiones, sino que puede ser más difícil verlas.

¿Las mamas fibrosas aumentan el riesgo de cáncer?

Según explica el especialista de Clínica Corachan, tener mamas fibrosas no significa necesariamente que exista una mayor facilidad para que aparezcan células atípicas o cancerígenas.

Por tanto, esta característica anatómica no implica por sí sola un aumento del riesgo de cáncer de mama.

El cáncer de mama es una enfermedad multifactorial y puede estar relacionado con diversos factores, como la edad, los antecedentes familiares o genéticos, los factores hormonales y reproductivos o determinados hábitos de vida.

Entre los factores que pueden aumentar el riesgo se encuentran una menarquia precoz, una menopausia tardía, el consumo de tabaco y alcohol, la obesidad, la ausencia de lactancia o determinados tratamientos hormonales sustitutivos.

El problema puede aparecer en las mamografías

Una mamografía permite estudiar la estructura interna de la mama mediante rayos X.

En los pechos con mayor cantidad de tejido glandular, las imágenes pueden resultar más difíciles de interpretar y algunos nódulos mamarios pueden quedar menos visibles.

Esto no significa que la mamografía deje de ser útil.

Cuando existen dudas, los especialistas pueden completar el estudio con una ecografía mamaria, que permite diferenciar mejor el tejido mamario, el muscular y el graso.

De esta manera, se puede determinar con mayor precisión si una imagen corresponde a un quiste, un nódulo u otra alteración.

Nódulo, quiste o tumor: no son lo mismo

El Dr. Sánchez Iglesias también recuerda que existe mucha confusión sobre los términos que aparecen a menudo en los informes de las pruebas mamarias.

Un nódulo mamario es simplemente una masa o lesión localizada. La palabra no indica por sí sola si es benigna o maligna.

Cuando este nódulo contiene líquido, se denomina quiste.

Un tumor, en cambio, es un crecimiento anómalo de tejido que puede ser benigno o maligno.

Solo cuando este tumor es maligno hablamos de cáncer. En el caso de la mama, gran parte de los tumores malignos son carcinomas, originados en las células que recubren los conductos o los lóbulos mamarios.

¿Y qué son las calcificaciones?

Otro hallazgo frecuente en una mamografía son las calcificaciones mamarias.

Según explica el especialista, una calcificación es “un pequeño depósito de calcio en la glándula mamaria, habitualmente visible en una mamografía”.

Muchas calcificaciones son completamente benignas.

Sin embargo, cuando aparecen agrupadas o presentan unas características concretas, el profesional puede decidir realizar pruebas complementarias para descartar otros problemas.

La prevención continúa siendo fundamental

Independientemente de si una mujer tiene una mama más grasa o una mama fibrosa, los controles médicos continúan siendo una herramienta esencial para detectar posibles alteraciones de forma precoz.

El seguimiento mediante mamografías, ecografías u otras pruebas dependerá de la edad, los antecedentes y la valoración de los profesionales sanitarios.

También es importante conocer el aspecto y la textura habitual de los propios pechos.

La autoexploración: conocer tu pecho puede ayudar

El Dr. José Luis Sánchez Iglesias, especialista de Clínica Corachan, recomienda que las mujeres adultas conozcan bien la anatomía de sus mamas mediante la palpación.

El objetivo de la autoexploración mamaria es familiarizarse con el aspecto y el tacto habitual del pecho para poder identificar posibles cambios.

Esto es especialmente relevante a partir de los 40 años, una etapa en la que aumenta la incidencia del cáncer de mama.

Detectar un cambio no significa necesariamente que exista un tumor maligno, pero sí puede justificar una consulta médica.

Por ello, ante la aparición de un bulto nuevo, cambios visibles en la mama, alteraciones del pezón o cualquier modificación persistente respecto al estado habitual, es importante consultar a un profesional sanitario.

Tener mamas fibrosas no es sinónimo de cáncer. Pero conocer esta característica, seguir los controles indicados y estar atenta a los posibles cambios puede facilitar que cualquier problema se detecte lo antes posible.

Fuente: Diari de Girona

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