Pies saludables
Los podólogos coinciden: "Las chanclas no son para caminar durante horas"
Este calzado es práctico para la playa, la piscina o la ducha, pero su falta de sujeción puede provocar que el pie trabaje de forma diferente y favorecer molestias cuando se utiliza durante demasiado tiempo
¿Caminar descalzo por la playa es bueno? Estos son todos sus beneficios, aunque también hay algunos peligros

Las chanclas no están aconsejadas como calzado habitual en verano / Freepik

Las chanclas son uno de los grandes protagonistas del verano. Son ligeras, fáciles de poner y quitar, y permiten que el pie respire, por lo que muchas personas recurren a ellas durante las vacaciones. Sin embargo, no es lo mismo utilizarlas para ir a la playa o a la piscina que llevarlas durante horas para caminar.
Varios podólogos coinciden en que el problema aparece cuando se abusa de este tipo de calzado. El mensaje que transmiten es claro: las chanclas no tienen por qué resultar perjudiciales si se utilizan de forma puntual, pero no son la opción más adecuada para caminar largas distancias ni para llevarlas durante todo el día como calzado habitual, ya que en esos casos son los dedos quienes trabajan para sujetar la chancla durante la marcha.
La sujeción, principal problema de las chanclas
Uno de los principales problemas de este tipo de calzado es su escasa sujeción. A diferencia de una zapatilla, el pie no queda sujeto por el talón y la chancla se mantiene principalmente gracias a la tira situada entre los dedos.
Esta falta de sujeción puede dar pie a que algunos músculos y la estructura del pie trabajen más durante la marcha. En aquellas personas cuya biomecánica ya se encuentra alterada, esto podría favorecer la aparición de molestias como la metatarsalgia, un dolor localizado en la parte delantera de la planta del pie, cerca de los dedos.
Así lo ha explicado el traumatólogo deportivo especialista en pie y tobillo Francisco Javier Carrillo en una de las publicaciones compartidas en su cuenta de Instagram. El espeicalista explica que, al caminar con este tipo de calzado, los dedos pueden mantenerse en tensión para evitar que la chancla se escape; es lo que describe como un "efecto garra". Según señala, esta tensión puede traducirse en una mayor activación del tibial anterior, los flexores de los dedos y la fascia plantar, generando una fatiga muscular innecesaria.
Según explica, esta tensión mantenida puede hacer que determinadas estructuras del pie trabajen más de lo habitual. El problema puede aparecer especialmente cuando las chanclas se utilizan durante muchas horas o cuando se produce un cambio brusco respecto al calzado utilizado habitualmente.
La forma de caminar también cambia
La cuestión no se limita a la tensión de los dedos. El tipo de calzado que utilizamos también puede modificar nuestra manera de caminar.
Un estudio publicado en 'Journal of Foot and Ankle Research' comparó la biomecánica de la marcha al caminar con chanclas, sandalias, descalzo y con zapatillas deportivas. Los investigadores analizaron a diez hombres sanos y observaron diferencias en distintos parámetros de la marcha y en el comportamiento de las articulaciones de las extremidades inferiores dependiendo del calzado utilizado.
Los resultados mostraron que caminar con chanclas no genera exactamente el mismo patrón de movimiento que hacerlo con unas zapatillas deportivas. La marcha se adapta a las características del calzado y a la forma en la que este interactúa con el pie y el resto de la extremidad inferior.
Esto no significa que llevar chanclas vaya a provocar una lesión. El estudio analiza principalmente las diferencias biomecánicas entre distintos tipos de calzado. Sin embargo, sí ayuda a explicar que la forma de caminar puede variar en función del calzado que utilizamos.
No es lo mismo llevarlas un rato que todo el día
El podólogo Genís Colet pone precisamente el foco en este aspecto en otra de las publicaciones compartidas en Instagram. Su reflexión gira en torno a que las chanclas no son malas por sí mismas; el problema aparece cuando se utilizan durante horas y todos los días. Según explica, son adecuadas para situaciones como la playa, la piscina o la ducha, pero no para caminar durante kilómetros.
La diferencia está, por tanto, en el uso que hacemos de ellas. Ponerse unas chanclas para caminar unos minutos hasta la playa no supone la misma exigencia para el pie que utilizarlas durante una jornada completa de turismo o para recorrer varios kilómetros.
¿Qué molestias pueden aparecer?
En las publicaciones compartidas por los especialistas se relaciona el uso prolongado de las chanclas con posibles molestias como dolor en el talón, sobrecargas musculares o molestias en la planta del pie. También se menciona la fascitis plantar. Sin embargo, conviene matizar que las chanclas no provocan directamente esta lesión en cualquier usuario. La aparición de molestias depende de diferentes factores, como el tiempo que se llevan, la cantidad de kilómetros recorridos, el tipo de superficie, la actividad realizada y las características de cada persona.
Lo que sí puede ocurrir es que, al ofrecer menos sujeción que otros tipos de calzado, el pie permanezca en constante adaptación. Si además se utilizan durante muchas horas, esa adaptación puede acabar generando sobrecargas en algunas personas.
No todas las chanclas son iguales
Otro de los mensajes que aparece en las publicaciones de los especialistas es que no todas las chanclas son iguales. Una chancla completamente plana y fina no ofrece las mismas características que un modelo con una suela más gruesa, cierta amortiguación o una estructura que proporcione mayor estabilidad.
Por eso, a la hora de elegir, también es importante fijarse en el modelo. Una mayor sujeción y una suela que proporcione cierta amortiguación pueden resultar más adecuadas que una chancla extremadamente fina y flexible si se va a utilizar durante un periodo prolongado.
¿Cuándo es mejor utilizar chanclas?
La recomendación que se desprende de las publicaciones de los especialistas es sencilla: reservarlas para usos puntuales. Son prácticas para ir a la playa, a la piscina, utilizar una ducha o realizar desplazamientos cortos. En cambio, si el plan es caminar durante varias horas, hacer turismo o recorrer kilómetros, es preferible utilizar un calzado que sujete mejor el pie y proporcione mayor estabilidad.
En definitiva, no hace falta renunciar a las chanclas durante el verano. El problema no está necesariamente en utilizarlas, sino en convertirlas en el calzado habitual durante todo el día. La clave está en el tiempo de uso y en la actividad. Chanclas para ir a la playa o a la piscina, sí; caminar durante horas con ellas, mejor evitarlo.
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