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Verano

El gran mito del verano: la medicina confirma que el "corte de digestión" no existe

Los especialistas advierten de que el verdadero riesgo está en el choque térmico en el agua, que puede producir desmayos o un paro cardiaco

Ángel, socorrista de playa, sobre cómo actuar ante un ahogamiento: "Llegaría corriendo, agarro mi material y señalizo"

Martín Ferrando, pediatra, alerta: "Un niño puede ahogarse en segundos y sin hacer ruido"

Una socorrista junto a una piscina.

Una socorrista junto a una piscina. / Jesus Hellin/STUDIO MEDIA 19

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Sobre la digestión corren muchos mitos y leyendas. Quién no ha escuchado, cuando era pequeño, la recurrente frase de una madre: "¡No te puedes bañar hasta dos horas después de comer!".

La sabiduría popular acierta en que conviene ser prudentes, pero falla en el diagnóstico: la digestión no se corta como tal, y el problema real no es el estómago, sino el choque entre la temperatura del cuerpo y la del agua.

Es decir, es la temperatura corporal y el flujo sanguíneo lo que marca si tu cuerpo está preparado para soportar el frío de un buen chapuzón o no.

Cambio brusco de temperatura

Lo que popularmente conocemos como corte de digestión es, en realidad, un síndrome de hidrocución o shock termodiferencial: una reacción del organismo ante un cambio brusco de temperatura que puede alterar la frecuencia cardiaca y la respiración.

Es fácil que entre agua en los oídos durante el baño, pero lo importante es que salga

Es fácil que entre agua en los oídos durante el baño, pero lo importante es que salga / EPC

Este fenómeno se da más fácilmente cuando el cuerpo está muy caliente -por una comida copiosa, muchas horas de sol o ejercicio intenso- y se entra de golpe en agua muy fría, especialmente si hay una diferencia de varios grados entre la piel y el medio acuático.

Qué ocurre en el cuerpo al entrar en el agua

Cuando nos zambullimos, el cuerpo pone en marcha, de forma automática, mecanismos para adaptarse al medio acuático, reduciendo el gasto energético y optimizando cómo toma oxígeno del exterior.

Estos reflejos son normales, pero si la entrada en el agua es demasiado brusca y la diferencia de temperatura es importante, el organismo puede reaccionar con una disminución repentina de la frecuencia cardiaca y una alteración del centro respiratorio.

En algunos casos, ese choque térmico puede provocar mareos, malestar, dolor de cabeza, náuseas o vómitos, síntomas que recuerdan a los de una indigestión y que explican el origen del concepto 'corte de digestión'.

Riesgo de ahogamiento

En situaciones más graves, se puede producir un síncope (pérdida de conocimiento) o incluso una parada cardiorrespiratoria, dejando a la persona a merced del agua y aumentando drásticamente el riesgo de ahogamiento.

El pediatra Carles Luaces Cubells, jefe de Urgencias del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, insiste en que el corte de digestión "no existe" como entidad clínica: lo que ocurre es una hidrocución o síndrome térmico diferencial que puede afectar a niños y adultos cuando se combinan calor, agua fría y entrada brusca al medio acuático.

Un niño se lanza a la piscina.

Un niño se lanza a la piscina. / Efe / Emilio Naranjo

Según este especialista, la digestión en sí no se detiene, pero el proceso digestivo puede estar implicado porque, tras una comida copiosa, aumenta la temperatura corporal y parte del flujo sanguíneo se concentra en el aparato digestivo, reduciendo nuestra capacidad de reacción si algo va mal en el agua.

Riesgo multiplicado

En los más pequeños, el riesgo se multiplica no solo por el choque térmico, sino por la falta de supervisión y por el hecho de que muchos aún no saben nadar ni identificar sus propios síntomas de alerta.

Vómitos, mareos, debilidad, dolor de cabeza o un malestar súbito mientras están en el agua deben interpretarse como señales de alarma y motivo suficiente para sacarlos inmediatamente y valorar si es necesario un control médico.

Más allá de la terminología, los datos son contundentes: el ahogamiento es la segunda causa de muerte por lesiones no intencionadas en Europa, solo por detrás de los accidentes de tráfico.

Récord de ahogamientos

En España, solo hasta el 15 de julio se han producido 254 muertes por ahogamiento en espacios acuáticos, una cifra que supera en 50 personas al dato recogido en 2023 y en 78 a los de 2022.

Al ritmo actual, 2026 también se cerraría con más ahogamientos que 2025, cuando hubo 472 fallecidos, según la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo.

La tendencia ascendente preocupa a los especialistas, que señalan tres factores clave: la edad, la falta de supervisión y las imprudencias en playas, piscinas y zonas de baño.

Por qué puede acabar en ahogamiento

En un episodio de hidrocución, el contacto repentino con agua muy fría puede desencadenar una especie de parálisis del centro respiratorio que impide respirar, aunque no haya entrado agua en los pulmones.

Un niño juega en la orilla de la playa Las Arenas de Valencia mientras un hombre se refresca las piernas sentado a su lado.

Un niño juega en la orilla de la playa Las Arenas de Valencia mientras un hombre se refresca las piernas sentado a su lado. / Efe / Manuel Bruque

En estos casos, la persona deja de respirar de forma brusca y se queda inconsciente dentro del agua, lo que puede llevar al ahogamiento si no hay una intervención rápida.

Al perder el conocimiento, el afectado no puede mantenerse a flote, ni pedir ayuda y, por supuesto, no responde a estímulos, de modo que la única opción es que alguien lo saque del agua y active la reanimación.

En los niños, este proceso puede ser aún más rápido y silencioso, por lo que la vigilancia continua y cercana es esencial para detectar cualquier cambio de comportamiento o de estado físico mientras juegan en el agua.

Cómo evitar el síndrome de hidrocución

El riesgo de sufrir un síndrome de hidrocución es relativamente bajo y depende de factores personales (edad, enfermedades previas, estado físico) y ambientales (temperatura del agua, calor, tipo de baño).

Sin embargo, la mayoría de los cuadros se pueden prevenir con medidas sencillas, especialmente en verano y con menores.

Las recomendaciones que agrupan los pediatras y los servicios de salvamento son claras:

  • Entrar en el agua poco a poco, comenzando por las muñecas y la nuca, para acostumbrar progresivamente al cuerpo a la temperatura del agua.
  • Evitar zambullirse de golpe, tirarse de cabeza desde un trampolín o hacer la bomba en agua muy fría tras estar mucho tiempo al sol.
Un niño salta a una piscina de Rayy, en Irán.

Un niño salta a una piscina de Rayy, en Irán. / Efe / Abendin Taherkenareh

  • No bañarse inmediatamente después de una comida muy copiosa; conviene esperar un rato, no tanto porque se corte la digestión, sino porque tras comer parte del flujo sanguíneo se concentra en el aparato digestivo y estamos somnolientos y menos reactivos ante un incidente.
  • No consumir alcohol antes de bañarse ni combinar juegos bruscos en el borde de la piscina con saltos o carreras.

Una vez que el cuerpo se ha adaptado a la temperatura del agua y se respetan estas pautas básicas, la probabilidad de sufrir un episodio grave disminuye de forma notable.

Qué hacer si alguien sufre un shock termodiferencial

Si sospechamos que una persona está sufriendo un shock termodiferencial -o, lo que es lo mismo, un episodio de hidrocución), lo primero es mantener la calma y actuar de forma ordenada. Es fundamental sacar al afectado del agua lo antes posible, tumbarlo boca arriba en un lugar seguro y comprobar si respira y responde a estímulos.

A partir de ahí, los pasos básicos son:

  • Llamar de inmediato a los socorristas o a los servicios de emergencia y explicar lo ocurrido.
  • Si la persona respira, colocarla de lado en posición de seguridad y vigilar su estado mientras llega la ayuda.
  • Si no respira o está inconsciente, iniciar maniobras de reanimación cardiopulmonar: extender la cabeza hacia atrás para abrir la vía aérea, colocar el talón de una mano en el centro del pecho, entrelazar la otra encima y realizar compresiones profundas a un ritmo superior a 90 por minuto, dejando que el tórax se expanda entre empujones.

Todo ahogado, aunque se recupere, debe ser valorado en un entorno hospitalario para descartar complicaciones y garantizar una recuperación completa.