Mente y acción
Mario Sigman, neurocientífico: "La motivación no es teórica, se ejerce en movimiento, en la práctica"
En el pódcast 'La Fórmula', el neurocientífico sostiene que la motivación no depende solo de la dopamina y que el deseo se construye cuando entramos en acción
La ciencia explica por qué no tienes ganas de hacer ejercicio: un "interruptor" activa las ganas de moverse

La dopamina, un neutroransmisor clave en el cerebro. / FREEPIK

La motivación es una de las fuerzas más invisibles y, al mismo tiempo, más determinantes de la vida humana. Está presente en cada decisión cotidiana, desde levantarse de la cama hasta emprender proyectos que pueden tardar años en dar frutos.
Sin embargo, según el neurocientífico Mario Sigman, existe una idea equivocada muy extendida: creer que la motivación es algo que aparece primero y conduce a la acción. En realidad, muchas veces ocurre lo contrario.
Durante su participación en el pódcast 'La Fórmula', en la primera parte dónde se habla de '¿Qué es la motivación', Sigman explicó que este fenómeno no es una entidad abstracta ni un estado fijo, sino un proceso dinámico que se construye en movimiento. "La motivación no es teórica, se ejerce en la práctica", señaló. Es decir, el cerebro no espera a estar motivado para actuar; en muchos casos, la motivación surge precisamente cuando la persona empieza a hacer algo.
El científico comparó este proceso con situaciones cotidianas como salir a correr. Antes de empezar, el cuerpo se resiste y la mente busca excusas para no hacerlo. Pero una vez iniciada la actividad, algo cambia a nivel fisiológico y mental, y la resistencia desaparece. Ese cambio no ocurre en la imaginación, sino en la acción misma, explicó.
El mito de la dopamina
En las últimas décadas, la dopamina se ha convertido en una palabra popular para explicar la motivación. Se la describe frecuentemente como "la molécula del placer" o "la hormona de la motivación". Pero Sigman advierte que esta simplificación es engañosa.
"La dopamina es una molécula que tiene mucho que ver con el sistema de motivación, pero no hay una relación directa entre que hay dopamina, estás motivada, no hay dopamina, no estás motivada", afirmó. Reducir un fenómeno psicológico complejo a una sola sustancia química, explicó, resulta tentador porque ofrece una explicación simple, pero no refleja la realidad del funcionamiento cerebral.
La dopamina, un neutroransmisor clave en el cerebro, participa también en el sistema motor, lo que muestra hasta qué punto motivación y movimiento están conectados. De hecho, enfermedades neurológicas asociadas a déficits de dopamina, como el Parkinson, afectan tanto la capacidad de moverse como la iniciativa para actuar, evidenciando que ambos procesos forman parte de un mismo circuito biológico.
El cerebro simula, pero necesita actuar
Sigman destacó que el cerebro posee una capacidad extraordinaria para simular escenarios futuros. Esta habilidad permite anticipar consecuencias, evaluar riesgos y tomar decisiones. Sin embargo, esa simulación tiene límites.
Aunque la mente puede imaginar distintas posibilidades, hay información que solo aparece cuando se pasa a la acción. Actuar aporta señales y experiencias que el pensamiento por sí solo no puede generar.
El neurocientífico ilustró esta idea con el ajedrez, una actividad que le apasiona. Los jugadores suelen anotar su jugada antes de ejecutarla porque ese pequeño gesto activa procesos cognitivos distintos a los del pensamiento puro. El movimiento, incluso en su forma simbólica, modifica la forma en que el cerebro procesa la decisión.
Una fuerza que define la vida cotidiana
La motivación, según Sigman, no se manifiesta únicamente en grandes gestas como escalar el Everest o las montañas del Himalaya, sino en los actos más simples. Asimismo, puede desaparecer temporalmente, como ocurre en la tristeza, el cansancio o la depresión, momentos en los que las personas sienten que han perdido el impulso para actuar.
Este fenómeno ha sido estudiado desde múltiples disciplinas, desde la filosofía hasta la psicología. El propio Sigmund Freud lo describió como una "pulsión", una fuerza profunda que impulsa el comportamiento humano desde niveles inconscientes.
Hoy, la neurociencia permite observar estos procesos directamente en el cerebro y comprender que la motivación no es una chispa que aparece de forma espontánea, sino un sistema complejo que se construye y se ajusta constantemente.
Comprender la motivación para recuperarla
Uno de los riesgos actuales, advirtió Sigman, es confundir la falta de motivación con un simple déficit químico o esperar pasivamente a que el deseo aparezca. Esta visión puede generar frustración y una sensación de falta de control.
Por el contrario, entender que la motivación puede surgir a partir de la acción ofrece una perspectiva más práctica y esperanzadora. Empezar, aunque sea con pequeños pasos, puede activar los mecanismos cerebrales que sostienen el impulso.
En última instancia, el mensaje del neurocientífico es claro: la motivación no es algo que se espera, sino algo que se construye. Y el primer paso para encontrarla es, precisamente, ponerse en movimiento.
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