24 feb 2020

Ir a contenido

Pintura

Descubrir el pastel de la mano de la Fundación Mapfre

La muestra profundiza en el resurgimiento de la técnica, utilizada por Millet o Boudin

Se puede visitar en la Casa Garriga Nogués, de Barcelona, hasta el 5 de enero del 2020

Anna Solà

’Nouages blancs, ciel bleu’, c. 1859. Eugène Boudin. Pastel sobre papel. 14,8 x 21 cm. Musée Eugène Boudin, Honfleur / H. Brawne.

’Nouages blancs, ciel bleu’, c. 1859. Eugène Boudin. Pastel sobre papel. 14,8 x 21 cm. Musée Eugène Boudin, Honfleur / H. Brawne.

La historia del arte no se compone únicamente de las propuestas visuales de artistas y movimientos, sino también del estudio de las técnicas y los materiales utilizados. Y son precisamente estos dos últimos aspectos, a menudo apartados de los circuitos expositivos tradicionales, los que vehiculan la exposición 'Tocar el color. La renovación del pastel', ofrecida por la Fundación Mapfre.

Esta propuesta, ubicada en la Sala Fundación Mapfre Casa Garriga Nogués de Barcelona pone el foco en una técnica tradicionalmente calificada como superior al dibujo pero inferior a la pintura: el pastel. Su objetivo es motivar la reflexión sobre el lugar que ocupa estas muestras artísticas en nuestro imaginario y a gozar de una aproximación profunda a su historia.

La muestra, que incluye 98 obras de 68 artistas, ha sido posible gracias a los más de setenta prestadores que han colaborado en ella, como el Musée National Picasso (París), el Musée des Beaux-Arts Jules Chéret (Niza), el Centro Pompidou (París) o el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid). Está disponible hasta el 5 de enero de 2020.

Trayectoria del pastel

'Tocar el color. La renovación del pastel' empieza en la década del 1830, con la aparición del término pastelista –dedicado al pintor que practica la pintura al pastel– y la adquisición de legitimidad de esta disciplina ante la pintura al óleo, para repasar a lo largo de diez secciones la trayectoria del pastel en el panorama internacional hasta el siglo XX.

Los primeros artistas que lucharon por la legitimidad de esta técnica, hasta el momento infravalorada, fueron Eugène Boudin (1824-1898) y Odilon Redon (1840-1916), quienes confieren un estatus innovador a las barras de pastel. De esta forma, surgieron los primeros pasteles, cuya ligereza, encanto, elegancia y naturalidad invitan a dejar atrás las convenciones y las normas que imponían los programas académicos.

Esta técnica se utilizó en la rotura de las convenciones artísticas propuestas por Picasso o Miró

Un tiempo después, durante la primera mitad del siglo XX, esta técnica se impuso en la escena artística internacional y fue central en la rotura de las convenciones artísticas que propusieron Pablo Picasso (1881-1973), Joan Miró (1893-1983), María Blanchard (1881-1932) o Theo Van Doesburg (1883-1931).

El éxito creciente del pastel durante casi dos siglos no responde únicamente al aumento de su legitimidad: responde también a las características que ofrece el material en cuanto al color, puesto que permite crear efectos de gran intensidad. Estos sorprenden a los artistas del momento, para quienes la experiencia del color adquiere una dimensión casi mística. Es por este motivo que el pastel deja de dedicarse de forma casi exclusiva a los retratos para abrirse al paisaje, ofreciéndose como la técnica predilecta de impresionistas como Edgar Degas (1834-1917) y realistas como Jean-François Millet (1814-1875). 

En el imaginario colectivo, el pastel es un arte asociado a las mujeres artista. Desde el siglo XVIII atrajo diferentes creadoras conscientes de las oportunidades que ofrecía la técnica en contraste a las dificultades de encontrar su propia voz en otras disciplinas. En consecuencia, entre las trayectorias más destacadas de artistas dedicados al pastel hallamos nombres como Berthe Art (1857-1934), Louise De Hem (1866-1922) o Mary Cassatt (1844-1926).

Una técnica legitimada

En el siglo XVIII, la técnica del pastel vivió un auge formidable, hasta el punto de poder competir con la disciplina reina: la pintura al óleo. Su fragilidad, su encasillamiento en el género del retrato –menos valorado que las pinturas históricas, mitológicas o religiosas–, su uso para hacer bocetos y el hecho que existiera un gran nombre de mujeres pintoras, impidieron que hasta el momento fuera considerada una disciplina al mismo nivel que otras disciplinas plásticas.

Esta técnica adquiere su máximo reconocimiento, autonomía y apogeo, desarrollándose plenamente en géneros como el retrato o el paisaje.