26 nov 2020

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Un niño mira a la calle mientras permanece confinado por el coronavirus en A Coruña.

EFE / CABALAR

Un cuento de vampiros (2): No beben sangre | Texto y podcast

Mi padre no quiere decirme nada del vampiro, y mi abuela hace como si no existiera, así que le he tenido que preguntar a mamá, porque ella también venía a la casa en el pueblo antes de irse con Mateo, y yo creo que sabe cosas

Juan Soto Ivars

Esta tarde he hablado por teléfono con mamá, y me ha dicho que al final no podré ir con ella en todo el verano porque tiene mucho lío. Yo no me he puesto a llorar pero tenía ganas. Le he dicho que en el pueblo me aburro. Mi abuela me estaba oyendo por el otro teléfono o desde la puerta y luego me ha dicho que no se lo va a decir a mi padre, porque eso le dolería mucho, y luego ha estado rara conmigo todo el tiempo.

Odio a la hija de Mateo. Mi madre la quiere pero es una repipi y una asquerosa. Tiene tres años y todavía lleva pañales. Este dibujo soy yo vomitando. Mi madre vive en la calle de Roger de Llúria con Mateo y la repipi, que se llama Carme. Es tonta perdida y subnormal. Los martes y los jueves durante el curso me llevan allí, y al día siguiente Mateo me lleva al colegio porque mi madre no puede. Luego mi padre está enfadado cuando me recoge del colegio, aunque yo no he hecho nada. Carme se pone a llorar por cualquier cosa para buscarme problemas. Lo juro. Lo hace porque quiere. Un día la voy a hacer llorar en serio y se arrepentirá.

Mamá nunca pregunta por papá, pero papá siempre quiere saber lo que dice ella

Siempre que vuelvo de casa de mamá, mi padre me manda a hacer los deberes y si le digo que los he hecho me dice que me vaya a mi cuarto a jugar o a leer un libro de los que me regala. A la hora de dormir me da un beso y me dice que me quiere mucho. Me pregunta de qué hemos hablado en casa de mamá y si ella ha dicho algo de él. Mamá nunca pregunta por papá pero papá siempre quiere saber lo que dice ella. Nunca le cuento las cosas buenas de Mateo, como que ha hecho pizza, porque no le gusta saberlo. Mi padre odia a Mateo tanto como yo odio a Carme. Pero a mí Mateo me cae bien. Sabe jugar a la consola.

Mi padre me preguntó un día si la consola que tengo en casa de mamá no quiero traerla aquí, pero le dije que no, porque allí dicen que la consola también es de Carme, aunque ella es idiota y no sabe jugar a nada y lleva pañales porque se hace caca. Pero sí me gustaría traer la consola aquí para que ella no la toque. Un día me borró la partida, la idiota.

Mamá se fue a casa de Mateo cuando empezó el curso y ahora el curso ha terminado. He sacado buenas notas en casi todo menos en inglés. Para qué quiero hablar inglés si todo el mundo habla castellano y catalán. Aquí en el pueblo no les gusta cómo hablo y si me oyen hablar me dicen que soy muy fino. Tengo derecho a no aprender tantas cosas. Se lo he dicho a mamá por teléfono y se ha reído. Luego le he contado lo del vampiro. Hemos estado hablando de los vampiros y espero que esa parte no la haya oído mi abuela.

Mi padre no quiere decirme nada del vampiro, y mi abuela hace como si no existiera, así que le he tenido que preguntar a mamá, porque ella también venía a la casa en el pueblo antes de irse con Mateo, y yo creo que sabe cosas. Los mayores quieren que los niños aprendamos, pero luego no nos quieren decir las cosas que nos interesan. Ayer, cuando la abuela no estaba mirando, me acerqué a la puerta de la casa del vampiro. Entonces oí un ruido dentro y salí corriendo y casi me caigo tres veces y me choco con la puerta para entrar en casa, porque si el vampiro te agarra ya no te suelta, que eso sí que me lo ha dicho papá.

Los vampiros tienen muy mala fama porque son más listos que los humanos y quieren vivir a su manera

Le pregunté a mamá si los vampiros comen normal, o sea, como nosotros, y me dijo que los vampiros no comen ni como nosotros ni como los dromedarios. Pero yo le dije que soy bastante mayor para que me diga la verdad porque no me asusto, y que papá me ha dicho que en una casa del pueblo al final de la calle vive un vampiro. Entonces ella ha empezado a preguntarme qué casa, y cuando le he dicho cómo está pintada por fuera se ha reído muy fuerte y me ha dicho que “así que te han dicho que ahí vive un vampiro, pues bueno”. Y entonces me ha dicho que los vampiros comen lo mismo que todas las personas, aunque son muy delicados con sus gustos, y se ha echado a reír otra vez.

Le he preguntado si no chupan sangre y me ha dicho que no, y que tienen muy mala fama porque son más listos que los humanos y quieren vivir a su manera. Si le digo esto a papá sé que se va a enfadar seguro. Mamá me ha dicho que los vampiros no son malos y que no me asuste si lo veo, y que la gente solo les tiene miedo porque tienen ideas propias. No sé si entiendo bien esto y es posible que mamá esté contando mentiras como dice papá.

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Entonces mamá me ha preguntado: ¿oye, y sabes que los vampiros también tienen nombres como nosotros? Y le he preguntado si sabe el nombre de este vampiro y me ha dicho que sí: pero que nadie puede decir el nombre de un vampiro, solo el vampiro puede decir su nombre, y que se lo pregunte si lo veo.