Adiós a un clásico
Cientos de clientes despiden al restaurante Palomares de Vilassar de Mar antes de su derribo
Dos sentencias obligan a cumplir con la ley de Costas
Último día del restaurante Palomares en Vilassar de Mar. / 3/24

Algunos han ido para comer una última paella, otros solo para despedirse, y otros muchos para reivindicar con pancartas su permanencia. Pero el icónico restaurante Palomares de Vilassar de Mar (Maresme), abierto en 1970, ha cerrado este domingo tras una larga batalla por orden judicial en cumplimiento de la ley de Costas. Sus titulares deben entregar las llaves el día 22, para que se pueda proceder al inminente derribo.
El restaurante era famoso en la zona, no solo por su popular oferta de arroces y pescados, sino por haber acogido en más de medio siglo de historia miles de celebraciones familiares y fiestas de residentes del Maresme y Barcelona, sobre todo. Su ubicación a pie de playa, que era un gran reclamo, se ha convertido al final en su condena.
El Palomares estaba muy concurrido en temporada alta, y ni la amenaza de lluvia ha frenado hoy su último lleno. Quienes no se han sentado a su mesa se han acercado a despedirlo. Entre las reivindicaciones se contaba la propuesta de mantenerlo como espacio museístico y educativo.
Intentos de cambio de uso en vano
El pasado marzo, el ayuntamiento propuso al Ministerio de Transición Ecológica un proyecto para evitar su demolición, transformándolo en un equipamiento municipal a partir de un nuevo plan de usos de carácter deportivo y cultural que también incluía el espigón de Garbí y el Club Nàutic.
La concesión del local data de 1969 y finalizó en 1989, fecha desde la que se ha luchado por conseguir prórrogas. Sin embargo, dos sentencias del Tribunal Supremo obligan a demolerlo en base a la ley de Costas de 2013 y a que los propietarios entreguen las llaves el próximo día 22 de mayo. Se demolerá todo el edificio, incluido el almacén de material náutico de los bajos.
En declaraciones a TV3, el propietario, Josep Nin, ha señalado que se trataba de "un día muy triste" y ha recordado todos los años de esfuerzo para mantener el restaurante abierto. Los encargados Anna y Ramon, igual que el resto de empleados, han recibido el apoyo de los clientes, muchos de ellos de la tercera generación que acude al Palomares, y que ahora pierden un referente local.
Según informa el mismo medio, en los últimos años también se han derribado dos edificios más en el Maresme, el Club Nàutic de Cabrera y el restaurante Ona en Premià de Mar con el mismo propósito de recuperar el sistema de playas.
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