Desayunos virales
Abre el primer ‘brunch’ de Barcelona con tobogán y piscina de bolas
Es el culmen del postureo ‘foodie’. Aquí el desayuno se baja en tobogán. La idea, dice el dueño, es "que vuelvan las familias del barrio”. Hay quien les deja muñecos de vudú en la puerta del local, asegura. “El ‘brunch’ -asume- se ha vuelto un tema de controversia”
Así será la nueva 'extreme house' de Barcelona en la que hay que asumir legalmente "el riesgo de muerte"

Billy Thorens, fundador de Billy Brunch, con una de sus torres de 'pancakes' en la piscina de bolas del nuevo local de Bailén. / Jordi Otix / EPC

Por un momento te quedas tan desubicado como al ver el final de ‘Los Serrano’. Parece un espejismo. Todo el que pasa por delante del escaparate se para en seco. Los niños pegan tirones a sus padres. Los adultos desenfundan el móvil con ansia selfie. Bocas abiertas en plan ‘meme’, como las de los madridistas al enterarse del fichaje de Rodri por el Barça. Es el último descubrimiento viral de los ‘influencers’. El culmen del postureo ‘foodie’. El primer ‘brunch’ de Barcelona con piscina de bolas. Aquí el desayuno se baja en tobogán.
Acaba de abrir hace apenas dos meses entre torres de ‘pancakes’ y huevos Benedict. Junto a las mesas de desayuno han instalado una mini piscina de bolas con tobogán y columpio. Es un nuevo Billy Brunch (Bailén, 115), y ya van diez. Solo en esta calle hay tres. “A veces nos dejan brujería en la puerta del local”, dice el dueño. Sí, al abrir por la mañana -asegura- se encuentran muñecos de vudú. “Hoy en día el ‘brunch’ se ha vuelto un tema de controversia”, asume Billy. “Lo asocian a la gentrificación”. Así que él ya se presenta a la defensiva. “Yo he mantenido precios súper correctos”, promete. “Café de especialidad a 2,10”, dice de carrerilla.

Escaparate del nuevo Billy Brunch. / Jordi Otix / EPC
Todos le llaman Billy. Billy Torres. “Es mi apodo barcelonés”, sonríe. También tiene una viña en la familia. Su nombre oficial es Blaise Thorens. Suizo, 38 años. Lleva 10 en Barcelona, ocho entre tortitas y huevos revueltos. Abrió su primer Billy Brunch en 2018, cuando aún la gente le preguntaba qué era eso. Ya va por el décimo local: 6 en BCN, 2 en Madrid, 2 en Sevilla. “La meta son 50 –sonríe-. Yo pienso trabajar hasta los 80 años. Así que calculo que puedo llegar a 50 locales y a mil empleados. Ahora tenemos casi 200”.

Vista del local desde lo alto del tobogán. / Jordi Otix / EPC
Todo el mundo lo va comentando al pasar, dicen unos padres. La piscina está a pie de escaparate. “Aire acondicionado, buen café y buena comida”, resume una pareja de turistas mientras su hijo se tira por el tobogán como un loco. “Se agradece –Elisabeth y Salvador miran desde una mesa a su hijo ensimismado entre las bolas-. Tienes más tiempo para comer”. “Esto –Billy señala la piscina de bolas- nos ha traído muchísima gente del barrio. Vienen cada día ahora, es impresionante”. Esa era la idea, insiste. “Que vuelvan las familias del barrio”.

Una madre prueba el tobogán delante de un niño. / Jordi Otix / EPC
Se tiran niños, sobre todo, pero también adultos. “Son niños grandes –asume Billy-. Intentamos que todo lo que sea para niños sea resistente a adultos también”. Y sí que resiste el tobogán. Aunque se recomienda chequear antes la mini piscina para no aplastar a ningún niño. Todos te miran con cara de competencia desleal.
No es lo más curioso que Billy ha instalado en uno de sus ‘brunch’. Hace años tuvo un patio con gallinas. Y ahí siguen aparcados en la esquina sus cantosos vehículos con el enorme logo con cara de pollito: un triciclo Ape 50 y un 4x4 en el que solía llevar a los clientes a lo Jurassic Park de un local a otro para ahorrarse colas. Ahora para amenizar la espera regala chupitos (de zumo de naranja).

Los vehículos tuneados de Billy, frente a los locales de Bailén. / Jordi Otix / EPC
“Quería comprar un bus escolar amarillo”, anuncia sin ni siquiera arquear las cejas. “Pero luego dije: ‘Hay que ir más allá’”. ¿¿¿Más allá??? Y te enseña una foto ‘off the record’. ¿En serio? “Es una sorpresa”, te pide discreción. “Ahora tengo que sacarme el carnet de camión para poder conducir esto”, se encoge de hombros. “No les va a gustar a los de las brujerías”.
Piscinas de bolas para selfies
Hace años que las piscinas de bolas dejaron de ser coto exclusivo de niños. Es un básico del negocio ‘kidult’, que llaman ahora. Para adultos-niños. Carnaza viral de Instagram y TikTok. En Barcelona hay unas cuantas aptas para postureo fino. La más veterana es la de Ikono (centro comercial Arenas, Gran Vía de les Corts Catalanes, 373). Experiencia inmersiva de aura pop futurista con una decena de escenarios para selfies.
Otro destino de peregrinaje selfie es House of Candy (Gran Via, 620). El paraíso de las golosinas. Un microcosmos color pastel con 12 salas temáticas ideado por los creadores de White Rabbit. También tiene una piscina de bolas cuqui, claro. “Este mes haremos más de 20.000 personas –detallan-, en su mayoría familias locales. Incluso los padres que entran a regañadientes acaban haciéndose fotos y disfrazándose”.
Y aún hay tiempo para zambullirse en las piscinas de postal de Balloon Story (Espacio Inmersa, Llul,119). “La mayor exposición de globos del mundo”, garantizan. Son más de 4.000 metros cuadrados de arte inflable. Un mundo paralelo hinchable con 600.000 globos (reciclables) y muchas “fotoportunities”. Eso incluye una selva de pega con dos coloridas piscinas de bolas que harían babear a cualquier ‘influencer’.
Sacar al niño que llevas dentro -pero de verdad- cuesta más sudores que un ultraman: para eso están los chiquiparks para adultos. Fiestas para mayores de 18 entre hinchables, camas elásticas y piscinas de bolas. “Me las empezaron a pedir”, justifica Carlos Durbán, fundador de Planeta Magic (Viladomat, 124), veterano chiquipark de 600 m2. Hace 15 años que organiza fiestas con pizza, de cumpleaños a ‘team buildings’. Los adultos también pueden entrar a jugar a mediodía con niños, invita. "Buena falta nos hace”.
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