Penitencia con pizza
Absuelve tus pecados en una pizzería de Barcelona: crean un confesionario interactivo
Lo mismo puedes pedirte una pizza que la absolución divina. Esta nueva pizzería tiene un confesionario interactivo que escucha tus pecados y te pone penitencia
El TripAdvisor de los ‘sexcondites’ en Barcelona (escondites públicos y playas "discretas" donde practicar sexo)

Foto: Belén Gonzále/ Video: Ana Sánchez

Parece una alucinación por golpe de calor, como la ‘playlist’ del verano de Pedro Sánchez. Aquí lo mismo puedes pedirte una pizza que la absolución divina. Al fondo hay un confesionario -auténtico- que escucha todos tus pecados sin soltar un solo “avemaría purísima”. Es interactivo: te hace preguntas indiscretas a través de una pantalla. “¿Has enviado alguna vez un mensaje a un ex estando borracho?”. “¿Has tenido una aventura de una noche?”. “¿Te gusta la pizza con piña?”. Y vas respondiendo con examen de conciencia. “Sí”, “sí”, “¿es malo?”. Al acabar la confesión sale un ticket con la penitencia: “Eres un hereje –el confesionario dicta sentencia-. Y te manda a beber a la barra “la sangre de Cristo”. Redención exprés con vino tinto y pizza. Quizá no te ganes el cielo, pero puede que sí una bebida gratis.

Un ticket te declara "santo" o "hereje" y te absuelve con la correspondiente penitencia. / Belén González / EPC
Apenas lleva abierto mes y medio. Sacred Slice Pizza (Roger de Llúria, 155). Significa literalmente “porción de pizza sagrada”. Y sí, se come como Dios, aunque aún no conviertan el agua en vino ni multipliquen pizzas en plan bíblico. “Los milagros –se excusan ellos- están sujetos a disponibilidad”.
“Pues me siento mejor”. Los feligreses salen liberados de esta pizzería confesional. “Es una buena religión para empezar –dicen-: vienes, te confiesas, pizza, birra y perdonado”. Hace tiempo que se creó el pastafarismo, esa religión paródica que adora al Monstruo del Espagueti Volador. Es cuestión de tiempo que se imponga el pizzafarismo. A poco que se entere Trump.

"Repent" (arrepiéntete), invita el confesionario camino de los baños. / Belén González / EPC
Ningún sacerdote les ha ofrecido aún sus servicios. “Todavía no –sonríen los dueños-, pero tenemos las puertas abiertas. Estaremos encantados de recibir a un sacerdote, una monja o a cualquier persona con buen criterio sobre pizzas”.

Alex y Mark Hernandez posan en su confesionario interactivo. / Belén González / EPC
Guiando a los feligreses con chorretones de pizza están Alex y Mark Hernandez. Son de Washington DC. Hace tres años que se mudaron a Barcelona huyendo del “clima político de EEUU y la cultura de las armas”. Tienen una hija adolescente. ¿Por qué un confesionario entre pizzas? “Los dos crecimos en familias católicas –responden- y todavía recordamos cuando nos obligaban a confesarnos de pequeños”. A estas alturas, ya están libres de pecado. Bueno, casi. “A Mark –acaba delatando su mujer- le encanta la pizza con piña y pepperoni”. De hecho, la ofrecen mucho fuera de carta. Y venden a diario -redoble, por favor- ¡una pizza con pera!, la nueva "fruta prohibida", así la llaman.
Dicen los que saben que esta “es la pizza neoyorquina más neoyorquina de Barcelona”. Porciones gigantes ‘made in NY’. Puro rock and roll. “Ingredientes de calidad y masa trabajada y bien fermentada”, le ha dado su bendición el crítico gastro Òscar Broc. “Nos tomamos la pizza muy en serio – prometen los dueños -, pero a nosotros mismos, nunca”.
Vendría a ser una mezcla de pizzería neoyorquina y bar de ‘barri’ con espíritu punk rock. Hay velas allá donde mires, tocadiscos con vinilos, confesionario rojo neón y las vírgenes tatuadas del hipnótico Ramon Maiden. “Es una iglesia –resume Alex- dedicada a todas las cosas que nos hacen ser quienes somos”. Como, por ejemplo, su milagrosa tarta de chocolate. Aunque los clientes juren que están llenos para el postre –sonríe la dueña-, siempre encuentran un hueco. “Parece bastante milagroso”.
El diseño del local es del estudio de interiorismo Bajor & Roncato, Son los que consiguieron el confesionario. Y sí, es auténtico. Ha escuchado más pecados que la cafetería del Congreso de los Diputados. Lo encontraron muy cerca de la pizzería, en la Basílica Galería (Bruc, 28). “El rincón secreto –se describe en Instagram- donde Gaudí vendría hoy a buscar inspiración”. El confesionario estaba en una masía con iglesia privada de la Bisbal.
Lo de hacer el confesionario interactivo fue cosa de Óliver Novelles, amigo, actor, músico, manitas. Lo mismo monta ‘escape rooms’ a domicilio que una ‘app’ de fotografía para eventos. “A mí me gusta crear”, se autorresume él. “Para mí es lo mismo crear una silla que un juego que un personaje”. O un confesionario a la carta. ¿Su objetivo? “Que la gente pase un buen rato”, responde. “Y que no se lo tomen muy en serio”, se ríe.
“Repent”, invita el confesionario camino de los baños en letras rojas de neón. “Arrepiéntete”. Te sientas, corres la cortinilla y empiezas a asumir pecados rodeado de velas. Te puedes confesar en tres idiomas: catalán, castellano e inglés. Hay preguntas para menores y mayores de 14. Da igual, aquí casi todos salen “herejes” y “pecadores”. En una pizzería es difícil que no te pillen con las manos en la masa.
“¿Has espiado alguna vez a un ex en las redes sociales?”. “¿Has roto el corazón de alguien?”. “¿Has sido el amante?”. ¿Has desayunado pizza fría?”.
Hay tres posibles respuestas de contrición: “Sí”, “no”, “¿es malo?”. La penitencia llega en formato ticket, a lo supermercado divino. Con la absolución puedes ganar hasta una bebida gratis, incluida la “sangre de Cristo” (copa de tinto). A unos pasos calle abajo, por cierto, hay una iglesia. Por si alguien quiere acabar en misa y repicando.
La fuente de los milagros
No es el único milagro gastro que se presencia en Barcelona. A diez minutos andando hay un jardín del Edén viral. Tiene todo lo que un ‘influencer’ puede desear: jardín secreto, cocina casera y una fuente de la que sale tinto de verano infinito, ¡¡¡aleluya!!!

Ana Sánchez
Es la fuente de los milagros de La Barcelonesa (paseo de Sant Joan, 77). Grifo instagrameable en un patio interior alucinante del que mana vino sin fin a lo milagro bíblico. Tinto de verano bien fresquito. Antes escupía cerveza. Se hizo viral en cuanto se instaló. “Y cada vez va a más”, cuenta uno de los tres socios, el chef Karel Schroder. “Los extranjeros flipan”.
¿Cómo funciona? Te dan un vaso con hielo y limón (4,50 €) o un porrón (9 €). Vacíos, claro. Se supone que los puedes ir a rellenar una vez. Eso ya depende de la picaresca del cliente. “Cobramos si lo vemos”, sonríe Karel. “Lo peor que nos puede pasar –se encoge de hombros- es que no te pillen y digas: ‘Estos son tontos, hay que volver a ese sitio porque son tontos’”. Están abiertos todo agosto.
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