Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Espectáculo ciclista

La mejor idea para el Tour de Francia barcelonés

Nuevo mapa del Triángulo Friqui de Barcelona: “Esta zona es una locura”

Experiencia samurái en Barcelona: aprende a cortar con katanas y lanzas gigantes

Presentación de los ciclistas del Tour de France a su paso por Barcelona.

Presentación de los ciclistas del Tour de France a su paso por Barcelona. / Zowy Voeten / EPC

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Miqui Otero

Miqui Otero

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Por fin durante tres días Barcelona será una ciudad (¡la capital!) de Francia, deseo y petición durante años de muchos de sus habitantes. Como decía un tipo anciano que solía beber en la Bodega Rafel: “Si durante lo de Napoleón, si el tamboriler del bruc en vez del tambor se hubiera tocado los cojones, nos iría mucho mejor”.

Así que, como inquilino de la calle Aragó, por la que pasará la serpiente multicolor del Tour de Francia, tengo una propuesta. La entrego tarde y sobre la bocina (como la declaración de la renta y las felicitaciones de cumpleaños), pero creo que tiene todo el sentido del mundo.

Propongo que durante este Gran Départ de la ronda francesa, los ciclistas circulen (como el resto de los mortales) por el Carril Bici. Por un lado, la iniciativa serviría para ufanarnos ante el mundo de la generosísima y prolija red de carriles bici de la que nuestra ciudad disfruta y que es la envidia de tantas otras. Por el otro, creo firmemente que la carrera sería aún más interesante.

El pelotón tendría que ceñirse a la estrechez, no podría desplegarse en abanico, pero a cambio circularía muy ordenadamente en fila de a uno con el margen suficiente para adelantamientos, peligrosos en algunos casos. Los deportistas tendrían que sortear algunas dificultades que podrían animar el cotarro. Por ejemplo, gracias a la manía de los barceloneses de dejar las bolsas de basura (pero también los objetos perdidos, zapatos desparejados, juguetes de niños que han crecido, ropa desfasada) al lado de los contenedores de reciclaje, los ciclistas deberían correr muy atentos para esquivar cada obstáculo abandonado. Además, en un deporte a menudo lastrado por su peliaguda relación con el 'dopping', los ciclistas podrían exhibirse como bellísimas personas, esperando a que aquella abuelita lance sus sobras en la papelera orgánica, o a que aquel adolescente introduzca una por una las botellas de cristal que animaran horas antes su botellón.

Competencia de patinetes

Lo digo con el corazón en la mano, un corazón a pulsaciones de Indurain: son todo ventajas. Por ejemplo, los ases del pedaleo tendrían que compartir, en competencia desleal, con esos patinetes eléctricos que se creen los amos del carril bici y que podrían correr con garantías en Montmeló. Si los ciclistas apocados y utilitarios tenemos que ver cómo nos sacan las pegatinas y nos desestabilizan adelantándonos por izquierda y derecha, sería de agradecer que los profesionales también lo hicieran. Además, de paso, se visibilizaría este hecho sin duda atípico: es la nuestra una ciudad en la que los patinetes suelen circular más rápido por el carril bici que los coches deportivos por los carriles de la calzada.

También habría otra ventaja: los semáforos. El tráfico discontinuo que los semáforos organizan en una ciudad tendría, sin duda, mucha miga en una vuelta como ésta. Ahí, ese llanero solitario que se escapa pero que, vaya por Dios, encadena muchos discos rojos en los cruces de la calle Aragó. O ese contrarrelojista que tiene la mala suerte de jugar todo al rojo en Mallorca.

Las tres jornadas de Tour, que paralizarán emocional pero también literalmente Barcelona, atraerán a más de 1.300.000 personas, algo sin duda necesario en una ciudad donde apenas nos visitan turistas. Hay más cosas positivas. Por ejemplo, se sabe que las terrazas de algunas calles tendrán que cerrar (lo vivo como una revancha a todas aquellas que a las cinco de la tarde ya tienen dispuestos los cubiertos de la cena para que solo usen las mesas los guiris). O que durante algunas horas no se podrá bajar en la estación de Sagrada Família, al lado de casa, y la verdad es que uno, cuando suele pasear por ahí, echa en falta que sea efectivamente una estación fantasma para que la llegada de sus visitantes sea más paulatina. Se da la graciosa circunstancia, por otro lado, de que la carrera alterará el servicio de metro y bus, algo normal, pero también el de Bicing, cosa que no deja de ser irónica. Por supuesto, advierto a los ciclistas: algunas de las patatas bravas de nuestros bares random pueden dar positivo en 'dopping'.

Barcelona es una ciudad que se entiende (de las exposiciones universales a los juegos olímpicos) mediante los grandes eventos. Este es el segundo del año, después del correctivo a la capital de la llegada del Papa. Obviamente, me hace gracia que suban tres veces a Montjuic, la montaña en la yo aprendí a pedalear con mi Mountain Bike roja, un repecho que sin duda los cansará menos que a mí bajar sin mover las piernas la calle Marina. Echo en falta, claro, inculcarles más tradiciones locales: que suban al Montseny y se hinquen un 'esmorzar de forquilla' en l’Avet Blau, de Santa Fe, o que se pongan la camiseta del Barça y suban a Montserrat, como solía hacer el equipo cuando ganaba (es un decir, en una época en la que poco ganaba).

Por lo demás, ahí estaremos, desde los puentes habilitados, viendo pasar ciclistas como en 'Trainspotting' veían pasar trenes. Ironías al margen, estará la cosa colorida y hay cierto orgullo, antes de que la capital del reino decida que Francia empieza en La Castellana y promuevan que se usen bicicletas eléctricas con tubo de escape trucado. Si todas estas ideas que he expuesto no se aplican, tengo otras: que a partir de ahora en mi ciudad las bicis circulen por los cuatro carriles de la calzada, mientras los coches más tochos (mención especial a los SUV) tengan que apañárselas en el carril bici. Eso sí sería un triunfo.

Suscríbete para seguir leyendo