Bienestar animal
Universigats: los gatos universitarios de la UB que cuida un grupo de voluntarios
Estos gatos llevan más tiempo en la universidad que Ábalos en los tribunales. Han convertido el edificio histórico de la Universidad de Barcelona en su hogar. Este grupo de vecinos se ha organizado para bañarlos en mimos
Las autoridades recomiendan ser rico para no pasar calor por la noche en Barcelona

Belén González

Esta es la primera comunidad universitaria con un 0% de absentismo. Rompen las ratios de Catalunya: cada día están en la universidad, sin excusa. Son los residentes más longevos del edificio histórico de la UB. Han visto varias generaciones de graduados, algunas tan antiguas que incluso pagaron el título en pesetas. Se trata de la colonia felina que ha convertido los jardines en su hogar. Llevan ya más de 20 años aquí asentados, aunque cualquiera lo diría: son escurridizos a la vista.

Uno de los gatos de la colonia de la UB, descansando en la sombra. / Belén González / EPC
Si te topas con ellos, “nada de tocarlos ni de darles mimos, son gatos ferales”, es la primera advertencia de Cecília, una de las voluntarias que los cuida. Porque, aunque se trate de gatos salvajes, tienen quienes velan por ellos. Universigats. Así se llaman los cuidadores. Un colectivo que empezó hace varias décadas cuando profesoras de la UB se unieron para autogestionar los cuidados de la nueva colonia recién llegada a los jardines.

Gato comunitario de la colonia felina Universigats, ubicada en el jardín de la UB. Barcelona, 25 de junio de 2026. Foto: Belén González / EP / Belén González / EPC
Ahora son unas diez personas, la mayoría vecinos, y se encargan de darles de comer, limpiar sus excrementos, velar por su bienestar y recaudar fondos para llevarlos al veterinario. “Están muy bien cuidados”, dice Lola, otra voluntaria, señalando un gato muy redondo. “Algunos están sobrealimentados”, confiesa entre risas. Con la ola de calor, tienen trabajo extra: les bañan la comida en agua helada. En invierno no baja el trabajo: ante el frío extremo, les traen mantas y botellas calientes. “Nos desvivimos por ellos”, promete con una calidez como quien habla de un hijo.

Lola y Cecília, voluntarias de Universigats. / Belén González / EPC
La colonia cuenta actualmente con 20 gatos, aunque llegaron a tener 40. El número, por eso, no crecerá: están esterilizados, así que no hay renovación. “Pero mientras haya un solo gato aquí, seguiremos viniendo a cuidarlo. La intención de Universigats es darles la mejor vida que podamos mientras duren”, añade Cecília mientras pone una lata de comida húmeda en un bol. Atraída como los niños de Hamelín, aparece una gata entre los arbustos, “es Thais, la más viejecita, esta come aunque no tenga hambre”, señala entre carcajadas.

Thais, la gata veterana, comiendo en la UB. / Belén González / EPC
A lo lejos divisa otro gato, y prepara un plato con pienso. “Él prefiere comer esto”, asegura. “Se les coge cariño. Y no solo nosotros: los estudiantes también se los quieren mucho, hasta los guardias de seguridad del edificio les echan un ojo. Cuando muere uno de los gatos sentimos mucha pena, y hay gente que sigue viniendo a preguntarnos por ellos y se nos rompe el corazón”, confiesan ambas voluntarias.

Simi, gato siamés de la colonia, saltando entre los muros del jardín. / Belén González / EPC
Cada gato tiene nombre, gustos y su propia personalidad. A medida que van saliendo, las voluntarias van nombrando los miembros de la colonia: “Están Newton, Batman, Blanca, Simi…”. "Eso sí, a veces cuesta distinguirlos. Sobre todo los que son blancos y negros", ríe Lola. Recuerda otros que ya no están, como la Tuerti, “que saludaba a todos los estudiantes”, o Gaspar, muy dócil, que se subía a la falda de extraños, y que acabó quedándoselo Lola para darle una mejor vida en sus últimos días. “No, no se pueden adoptar: son silvestres y este es su hábitat. Pero en ocasiones extremas de enfermedad o terminales, buscamos casas de acogida”.

Gato lavándose en la zona de gateras de la UB, situada por la entrada de Aribau. / Belén González / EPC
¿Quieres conocerlos en persona? “Son escurridizos y, muchos, muy tímidos”, vuelven a advertir. Pero si quieres probar suerte, están en la zona del jardín que da con Aribau. Suelen salir hacia la noche, cuando han acabado las clases, o durante los fines de semana. “Cuanto menos concurrido, más fácil verlos”, proponen como consejo.

Cecília, voluntaria de Universigats, dando de comer a los gatos. / Belén González / EPC
Si quieres ayudar a los gatos, la forma más directa es a través de Universigats. El colectivo, desde su fundación, sigue siendo autogestionado, “sin subvenciones”, aclaran. Por eso, siempre están sumergidos en campañas de ‘crowdfunding’, buscando donaciones y apoyo ciudadano. Incluso tienen un calendario con fotos de los gatos posando, a lo bomberos. En sus redes sociales suben siempre las campañas activas y cómo hacerse con el ‘merchandising’ (sí, el 100% de los beneficios irán al mantenimiento de los felinos).
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