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Paraíso contra los sofocos

El mejor refugio climático de Barcelona

La exposición de CaixaForum es un gran antídoto a este lapso pringoso que son las semanas entre el cierre de los colegios y las vacaciones adultas en plena ola de calor

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Miqui Otero

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Las chanclas son chicle en el asfalto, el calor lubrica cogote y hasta rabadilla, el sol perfila las cosas con una nitidez de pesadilla, el termómetro marca unos 33, que, como se comenta en todos los ascensores, es mucho porque aquí resulta que es muy húmedo. Y yo, en estas circunstancias, te voy a proponer un viaje a un lugar mucho mejor.

'La invitación al viaje', título del poema de Baudelaire, te la voy a extender con sus versos: “Allá, todo es orden y belleza / Lujo, calma y voluptuosidad”. Cinco mujeres bañistas, también un niño envuelto en una toalla y una señora vestida frente a una manta de pícnic, se desperezan en una arena magenta y rosa, frente a un mar azul que el sol parchea en colores más cálidos e incandescentes. La idea de paraíso.

Exposición 'Chez Matisse. El llegat d'una nova pintura' en CaixaForum

'Lujo, calma y voluptuosidad', de Henri Matisse, en la exposición de CaixaForum. / JORDI OTIX

En realidad, no te ha tocado un vuelo de Halcón Viajes ni has ganado una rifa en una verbena, ni siquiera te has dado un golpe en la cabeza. Lo que intento decirte es que puedes coger un metro o un bus y plantarte delante de un cuadro titulado así, 'Lujo, calma y voluptuosidad', de Henri Matisse, el genio del color.

El genio francés, el amigo benigno del chalado Picasso, abre las puertas de su casa en la entrada a Montjuïc. Y la exposición 'Chez Matisse', en CaixaForum, es un gran antídoto a este lapso liminal y pringoso que son las semanas entre el cierre de los colegios y las vacaciones adultas en plena ola de calor.

Solución mágica a los sofocos

Puede parecer poca cosa proponer un oasis así, invitar a ver un cuadro como solución mágica a los sofocos. Pero no lo es tanto. Recordemos 'Todo en un día', la peli en la que un tal Ferris Bueller, el típico adolescente cenutrio de la era Reagan, fingía enfermedad para hacer campana y vivía un montón de aventuras durante la jornada. ¿La más memorable, para mí? Cuando él, su chati y su mejor amigo entraban en un museo de Chicago y se les caía la mandíbula y se les engrandecían los ojos ante 'Una tarde de domingo en la isla de La Grande Jatte', el cuadro del pícnic puntillista de Seurat.

El de Matisse, mezcla de puntillismo y neoimpresionismo, puerta de entrada al fauvismo, plácida y fosforescente explosión de colores, puede hacernos a los barceloneses sofocados el mismo servicio. Pintado tras un verano que había pasado en Saint-Tropez con Paul Signac, es un cuadro iluminado y que ilumina, un paisaje arcádico al que querrías mudarte y en el que, mientras lo miras, estás.

Pero un cuadro puede ser refugio climático. Obviamente, ayuda el aire acondicionado de CaixaForum, la paz limpia que dan los museos cuando no están masificados y también la estupenda muestra más allá de este cuadro. Matisse es el genio del color desde la cuna (sus padres comerciaban con pigmentos) y su obra es luminosa incluso cuando se decanta hacia el misterio. Ver cuadros de Matisse da, en definitiva, ganas de vivir y aquí puedes ver algunos de los más luminosos, pero también disfrutar de la modernidad de colores planos de sus 'collages' para el libro 'Jazz' o de los que hacía con grandes trozos de papel pintado en las paredes de su estudio.

Instalación interactiva para crear obras con retales de fieltro.

Instalación interactiva para crear obras con retales de fieltro. / M.O.

Por cierto, si el barcelonés sofocado resulta que lleva con él a sus hijos, que añaden caos al calor, los puede invitar a calmarse en una estupenda instalación verdaderamente interactiva. Sin pantallitas. Se trata de un espacio con grandes retales de fieltro que los críos pueden pegar en las paredes blancas conformando coloridas obras y llenando valiosos minutos de paz. A la salida, además, CaixaForum ha tenido el buen juicio de abrir un Espai familiar de lectura i joc (de 11 a 19 horas los fines de semana) con la temperatura ideal, pufs, juegos de madera de colores y puzles inspirados en la exposición.

Así que mientras no puedas darte un chapuzón en el mar, o en la piscina municipal con la que sueñas, dátelo en esta exposición de Matisse. Es como hacerlo en una piscina de bolas de colores, pero que además refresca como una real. Exactamente eso, a unas paradas de bus y sin mayores gastos: lujo, calma y voluptuosidad.

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