El 'workshop' más buscado
Haz tu propio bikini en 1 hora en Barcelona: así funciona el Bikini Lab más viral
Mujeres de todo el mundo peregrinan a esta tiendita de Sant Gervasi para hacerse un bikini. “Es el único 'workshop' de bikinis que te puedes estampar tú”, garantiza su ideóloga. Camila CTG acaba de abrir tienda en Madrid y personaliza bikinis incluso 'online'
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Camila Carles-Tolrá Galofré posa con algunos bikinis personalizados en su tienda de Sant Gervasi. Detrás, 4 veinteañeras de California customizan sus bikinis. / MANU MITRU / EPC

Mujeres de todo el mundo peregrinan a esta tiendita de Barcelona a diario. “Nos viene gente con la maleta: ‘Estoy de crucero y me voy mañana –les suplican- y quiero llevarme mi bikini’”. Apenas se tarda una hora, dos. “Diseña el bikini que solo tú podrías imaginar”, te prometen en este ‘lab’. Sí, te puedes tomar más licencias artísticas que la señora del ‘Ecce Homo’. “Es el único ‘workshop’ de bikinis –resume su ideóloga- que te puedes estampar tú”. Ahora también en formato ‘online’.
Camila CTG (Calaf, 14). Es una ‘boutique’ de ropa de baño sostenible con un rincón-taller: Bikini Lab. La idea era montar talleres dos días por semana. Ahora tienen reservas a diario, incluso en invierno. Hoy han venido cuatro veinteañeras de California. Están solo 4 días en Barcelona. “Es muy diferente”, justifican la escapada exprés. “Hay gente que está dos horas en Barcelona –resopla la dueña-. Parejas que vienen de luna de miel y ves al marido haciendo el bikini con ellas”.

Cuatro amigas de California, en el Bikini Lab de Barcelona. / MANU MITRU / EPC
Apenas lleva abierta un año. Se hizo viral en cuestión de días. Desde que la airearon en Instagram dos gemelas ‘influencers’, las Orda Twins, El reel alcanzó los 3 millones de visualizaciones en un mes. A estas alturas, ya ofrece personalizaciones hasta una gran marca de bikinis. “En el fondo es un halago”, sonríe Camila. “Mucha gente nos está escribiendo para replicar esto en su país”, añade. Está valorando franquiciarlo. De momento, instalará un segundo Bikini Lab en Madrid. Acaba de abrir tienda en el barrio de Salamanca (General Díaz Porlier, 15). Y también ofrece customizar ‘online’: eliges bikini base, estampados, tachuelas, los colocas donde quieras, ahora los tirantes y, ¡voilà!, el equipo de Camila te manda tu obra de arte a casa en una semana.

Eligiendo estampados marinos. / MANU MITRU / EPC
Camila Carles-Tolrá Galofré, de ahí viene el CTG de su marca. Media hora con ella daría para un máster en sostenibilidad. Habla a doble velocidad con deje activista de Greta Thunberg. En su web incluye un manifiesto en el que se compromete “a producir de forma sostenible y ética”. Confeccionan todas sus piezas en fábricas de Barcelona –garantiza-, utilizan forros de nylon y ‘packaging’ reciclado y buscan “telas huérfanas” para sus colecciones.
34 años, 3 hijos. “Con 19 tuve el primero”, recuerda. Estaba estudiando Bellas Artes en Teruel. Y empezó a coser en el bus, en las idas y venidas a Barcelona. Se hizo su primer bikini con retales y empezaron a lloverle peticiones de amigas, primas, tías. Así que buscó taller y acabó el verano con una producción de 130 bikinis. Ahora fabrica 25.000 prendas durante las campañas de verano. “No es muchísimo en el mundo de la moda. A lo mejor de cada bikini hay 200 –detalla-. 400, si es un 'best-seller'”. El “punto pictórico” de sus estampados, por cierto, le viene de familia. Su madre es la pintora Carmen Galofré.

Una clienta decide dónde colocar los estampados antes de pasar a la plancha. / MANU MITRU / EPC
“Hay cinco colores de base para escoger”. Camila te lleva al ‘corner’ creativo ante una hilera de perchas con bikinis. Te recomienda el 'jean', “está muy en tendencia”. Y te va enseñando ejemplos de lo que podrías llegar a diseñar. ¿Tachuelas, espejitos, estampado marino? Son las novedades de este verano, todo diseños propios. Hay pegatinas para recortar a tu gusto, dibujitos para estampar, tiras de mil colores, un cajón inmenso lleno de abalorios. Piezas de cerámica, metálicas, brillitos. “Puedes hacer la composición que quieras”, incita. “Libertad total”. Y te va asesorando con paciencia zen. Es difícil decidir. “¿Y si no soy creativa?”, le preguntas. “Seguro que lo eres –promete-. Ya verás, salen cosas súper chulas”.

Camila te ofrece un cajón inmenso lleno de abalorios. / MANU MITRU / EPC
Agarras las tijeras con más temple que Coco Chanel, recortas tus tachuelas, sueltas espejitos sobre el bikini aquí y allá, lo ajustas todo con celo, y a la plancha. Lo puedes tener listo en 1 hora, depende de lo que tardes en decidirte. “Luego te dirán: ¡Qué bonito’ –sonríe Camila- y podrás decir: ‘Lo he hecho yo’”. También aprendes a apreciar lo que cuesta un trabajo artesano. “Y lo bien que nos lo pasamos haciéndolo –añade la diseñadora-. Participas en la prenda y le coges un cariño especial”.

Un bikini recién estampado en la plancha. / MANU MITRU / EPC
El ‘workshop’ cuesta 160 € (el precio medio de un bikini sin customizar es de 94). “Estás pagando más, pero es buena calidad –justifica Camila-. Estás accediendo a buenos materiales”. Sostenibles y éticos. “Aparte de la conciencia ambiental -señala- está la humana. También hay una explotación humana para que una prenda te cueste 4 euros”.

Buscando las tiras que combinan mejor. / MANU MITRU / EPC
Camila empezó a montar talleres en pleno covid. “Quiero que la clienta pueda participar de este juego –pensó entonces-. Para mí es lo más divertido”. Organizó ‘workshops’ con tintes naturales e incluso con cianotipia (“como fotos pero con el sol”, explica). Hasta que en 2024 se compró una plancha de sublimación. “Es este método de estampación: por calor”, y te señala la mini plancha roja del rincón. “Tú imprimes en un papel con unas tintas especiales, extiendes la tela y con calor se queda pegado el estampado”. Y se le encendió la bombilla, ¡plin!: “Qué chulo sería tener todos estos papeles que imprimimos y que la clienta se pueda estampar el bikini al momento”.

Dibujos marinos recién estampados. / MANU MITRU / EPC
Desde el ‘boom’ viral, hacen ‘workshops’ a diario. Incluso en invierno. ¿Su objetivo? “Que la gente tome cada vez más conciencia, que acabe comprando sostenible, ético y bien hecho”, resume. “Hay mucho 'greenwashing'”, reconoce la diseñadora. “Tiene que ser sostenible todo –puntualiza ella-, no solo las telas”. También el ‘packaging’, las bolsas, la mano de obra, el transporte. “Al final –dice- comprar es como votar. Si yo te compro a ti, estoy votando por ti. Para que el día de mañana tú sigas existiendo”.
La primera academia de zapatillas
No es el único ‘lab’ de Barcelona del que salir con tus diseños puestos. En 2024 abrió en Gràcia la primera academia de zapatillas de España: Barcelona Sneakers Academy (Mare de Déu dels Desemparats, 8). Llevas tus 'sneakers' (nuevas o usadas) y las personalizas en 2 o 4 horas: te dan materiales, ideas y confianza. No se requiere de experiencia previa.
“La idea –resume Salvatore Coppola- es trabajar una exclusividad distinta. Basada en el individuo, no en lo que nos venden”. Dejar de sacar pecho por llevar las zapatillas del rapero de turno y empezar a presumir de diseños propios: el de Mateo, Ada, Jade, Bruno. Se exhiben en Instagram como si fueran zapatillas de famosos. Tiene talleres de 2 horas (con accesorios y 'charms'), de 4 (también se pintan) y hasta 'masterclasses' de un día entero.
¿Que por qué gusta ahora tanto el Do It Yourself? “Creo que la parte más importante está en el proceso –responde Salvatore-, en cómo te sientes mientras haces algo y le dedicas tiempo. Hoy en día son pocas las cosas a las que decidimos dedicarle tiempo de calidad”.
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