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La catedral de Sant Antoni

Reabre Riquiño, bar de novela y mejor gallego de Barcelona

Es el bar que inspiró el bombazo 'Simón'. Un imán de parroquianos en Sant Antoni. En apenas un mes ha repartido mil litros de cerveza

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El ventanal de la pulpería Riquiño.

El ventanal de la pulpería Riquiño. / M.O.

Miqui Otero

Miqui Otero

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Dicen que las golondrinas comunes pueden viajar unos 8.000 kilómetros hasta Namibia o Kenia, pero que cuando vuelven en primavera a nuestro país saben encontrar el nido exacto que abandonaron un año antes. Vuelan hasta 200 kilómetros al día a 60 kilómetros por hora, a veces durante un par de meses, pero al llegar aquí se acurrucan en el mismo campanario de la iglesia, en el mismo alero de esa casa o en el mismo tronco seco de aquel roble. Bien, nada meritorio comparado con lo que pueden hacer otro tipo de aves: los Pájaros de Bar.

“Es un buen pájaro”, se suele decir del típico parroquiano de tasca que invierte gran parte de su día en la misma barra. Y su lealtad ha quedado probada una vez más, y de forma casi paranormal, en el caso de la pulpería Riquiño, en Parlament con Viladomat. En ese local estaba el Bar Olimpo entre 1972 y 2010, aproximadamente, que ahora el hijo (y sobrino) de los dueños ha reabierto. El primer día que levantó la persiana, hace poco menos de un mes y también con la primavera, reaparecieron los mismos parroquianos, sin necesidad de flyers o publicidad en redes. Se orientaron como golondrinas y abrieron la misma puerta de carpintería de aluminio que habían cerrado tres lustros antes. “Como bebíamos ayer”, pudieron decir, pisando su lugar en el mundo, o “Ya estamos aquí”, como políticos que vuelven de 15 años de exilio.

No se necesita márketing cuando hay barrio. Y hay sabor de barrio (y tesoro antiguo, como dice la canción) cuando quien reabre el bar es familia. Javi, porque así se llama el vástago, hacía los deberes en las mesas del Olimpo, aprendía a sumar devolviendo cambio y se asomaba al mundo en esa meca de taxistas. Era un bar de timbas (y discusiones futbolísticas y políticas) eternas, gestionado por dos hermanas y sus dos maridos. De estos, uno con bigote y el otro sin, uno del Madrid y otro del Barça, uno del PP y el otro del PSOE. Si les está sonando lo que les cuento, quizá es porque hayan leído 'Simón', una de mis novelas, en la que el Bar Baraja, donde crece el protagonista, era sospechosamente parecido a esta catedral de Sant Antoni. Un lugar mitad realidad, mitad ficción, por el que pasaban personajes inventados o no como el Ringo (el taxista fan de los Beatles), Franco (con sus arengas nacionalsocialistas), el Que Ya Lo Sé (porque eso es lo único que decía cuando le contaban algo) o El Capitán (por su dedicación a levantar copas). Incluso un pequeño gato, que en la novela recibía el nombre de Chupito. También Curro, que no se parece a Curro Jiménez, pero que quedó así bautizado porque era amigo del Algarrobo, que sí se daba un aire al actor calvo. Bien, pues ahora puedes pasearte por lo más parecido a ese bar de novela y conocer a algunos de las personas que inspiraron a sus personajes.

Uno de los culpables es el hijo y sobrino del Olimpo, Javi, que estudió derecho en su juventud, y que durante este tiempo ha gestionado un negocio de vinos (Sexy Wines), pero que se pasea por ese tramo de calle como un alcalde querido y que en realidad seguro que echaba de menos las timbas que siempre había presenciado en su bar. Horas después de la reapertura, ya había partida de tute. La pueden alargar, algunos, porque la mayoría de taxistas se han jubilado durante este paréntesis, aunque sobrevive en activo uno apodado O Neno (el niño, aclaremos, tiene ahora cerca de 60 años, pero sigue siendo el niño). Por supuesto, en esta nueva etapa han aparecido otros personajes, como un estudiante ruso, Anatoli, que prefiere el tute al tetris.

Imparable desde el primer día

Todos albergábamos la esperanza de que volviera a abrir el Olimpo, que había caído en manos de gente que había impulsado ideas no de taxista, sino de bombero, como un negocio llamado Very Friendly Potatos. Por alguna misteriosa razón, no cuajaron. Y, sin embargo, el Olimpo, ahora Riquiño (probablemente lo primero que se le dice a un bebé o lo primero que te dice la primera adolescente con la que te morreas en las fiestas del pueblo), es imparable desde el primer día.

Ayuda, también, la trasfusión de clientes de otro clásico galaico: el Brisas do Sil, con su terraza gigante en la Plaza de las Navas del Poble Sec. Se traspasó también hace poco y Jonathan ha decidido mudar la cocina, y la idea, a Parlament y asociarse con Javi. El resultado es que ya andan por ahí Bienvenido, de la calle rumbera de la Cera, Julio el de Els 3 Tombs o Paco O Mariñeiro, apodado así por su curro en Transmediterránea. En la puerta del Riquiño, el nuevo y magnífico logotipo, una O con patas de pulpo. Los clientes habituales han tenido que esperar, pero si hablamos de Galicia, cuyo himno se estrenó al otro lado del océano y cuya bandera está atravesada por el azul del mar de la emigración, eso no es problema.

Es fácil decir que se mantendrá la esencia del Olimpo o el Brisas, pero no tan habitual que así sea. Bien, en este caso sí. ¿La prueba? Hay un cliente que pasaba todo el día en el Brisas. Lo llaman el Blanco, si bien hay otro Blanco, apodado Blanco Dos (la distinción no obedece a criterios de palidez, sino a orden de aparición). Bien, pues el pasado domingo, en el momento de máximo ajetreo, le pusieron una silla en la entrada, así que se dedicó a mirar durante horas a los comensales pinchando pulpo, apurando vinos, catando pimientos de padrón o vaciando orujos. Y, por supuesto, entornando los ojos de placer con cada mordisco de entrecot.

Porque si por algo era conocido también el Olimpo era por sus michanas y chuletones. Traían la carne en furgonetas desde las aldeas de los dueños (en Os Ancares, de Lugo). Ahora la traen desde Fonsagrada, como el Brisas, pero empezarán a importar también ternera de una explotación familiar de los antiguos dioses del olimpo. La magdalena de Proust, fuente de placer y memoria, es una chorrada comparada a lo que sentí yo el otro día cuando le hinqué el diente al primer entrecot, rodeado de mi familia en una de las dos mesas grandes (la de Javi comía en la otra). Luego le di un sorbo a una deliciosa caña (de los barriles de 500 litros que han colocado dentro del mismo local). En un mes, se han consumido mil litros, así que calculen las carcajadas que han resonado en las paredes de madera de este bar de novela que, gracias a Javi y Jonathan (que Dios los colme de pulpo vitalicio), vuelve a ser una realidad.

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