Inauguración en Barcelona
La Lio: el nuevo ‘must’ de la noche en Sant Antoni (y cuyos baños virales ya te sonarán)
Aquí mezclan modernidad con el bar de toda la vida. Un nuevo espacio en Barcelona industrial y artístico, pero con una gran barra donde se sientan parroquianos de los 18 hasta los 90 años
Ruta para redescubrir el Clot: los imperdibles para disfrutar de este barrio de Barcelona

La barra y algunas mesas de La Lio, el nuevo "Bar indisciplinado" de Sant Antoni. / Ferran Nadeu / EPC

“Bar indisciplinado”, así es como se definen. Es la nueva sensación nocturna de Barcelona. Abrió el 19 de diciembre y ya ha cosechado una masa de fans fieles que lo llenan cada fin de semana. Hasta tienen un rincón viral: el baño. Se ha convertido en un punto obligatorio de selfis gracias a los espejos en forma de ojo de pez que cuelgan en cada cubículo. Es La Lío (Sepúlveda, 99), el nuevo bar que promete ser un ‘must’ de la ciudad.

Felipe, Nico, Daniel y Lore, posando en el espejo de 'selfies' del bar. / La Lío
El nombre del bar −y esa coletilla de “indisciplinado” que añaden− es porque aquí reina el azar (de forma buscada, por supuesto). “Estamos en constante experimentación”, promete Lore, una de los cuatro socios. Es decir, de un día para otro puedes toparte con un local totalmente distinto. Todo va cambiando, al más puro estilo del País de las Maravillas. “Los muebles van rotando de lugar, las luces son diferentes cada semana, añadimos constantemente nuevas piezas de mobiliario, incluso las exposiciones de arte que cuelgan en las paredes son efímeras”, detallan.
La “aleatoriedad” de su bar también se refleja en su público, añade Daniel, otro de los socios. “Cualquier persona es bienvenida”, aseguran. Sí, aquí se deja ver desde la ‘crème de la crème’ del ‘underground’ barcelonés hasta jubilados de 90 años y familias con críos. Todo el mundo convive mientras aporte “buen rollo y respeto”. “Queremos que se sientan como en su segunda casa, que sea un lugar seguro para todos”, comenta Nico, otro socio.

La barra de La Lío, la arteria principal del bar. / Ferran Nadeu / EPC
El proyecto lleva más de un año en construcción. Es un templo de culto al DIY: los cuatro socios −dos parejas, Lore y Daniel, Nico y Felipe− han hecho gran parte del trabajo manual y de la obra. Incluso los muebles tienen su sello de artesanía, hay telas de asientos que están cosidas por los propietarios.
Lo que tenían claro es que durante el proceso querían incluir a los vecinos: “Asegurarnos que tuviera buen aislamiento, que no molestemos sus horarios de sueño y que nos hicieran propuestas de mejora para que sintieran el lugar como suyo”. Precisamente ese es uno de los puntos clave del constante cambio en sus bares: “Escuchamos a nuestros clientes e intentamos añadir lo que necesiten. ¿Que faltaba un lugar para sujetar copas en el baño mientras se hacen fotos? A la semana siguiente lo tenían”. Incluso si quieres un cóctel y no está en carta, “te lo preparamos”, sacan pecho.

Decoración industrial en un bar que recupera la barra de toda la vida. / Ferran Nadeu / EPC
Su seña de identidad es “sonreír mucho”. O al menos, eso les dicen los clientes. Aunque han creado un local moderno −coctelería artística, estética industrial y música contemporánea−, el eje central es la barra, al más puro estilo bar de toda la vida. Aquí, prometen, escucharán a cualquier parroquiano que se siente a contarles las penas, “que para eso somos cuatro y no dejamos a nadie desatendido”. Su idea es que se convierta en un bar con espíritu de barrio, un lugar donde se haga comunidad y todos se conozcan entre todos. “Este es un espacio para los vecinos”, concluyen.
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