Turismo local
Ruta para redescubrir el Clot: los imperdibles para disfrutar de este barrio de Barcelona
Ten el Clot en tu radar, que se está posicionando como una de las zonas favoritas para los barceloneses. Aquí tienes las claves para conocerlo a fondo. Desde bares y restaurantes hasta monumentos imprescindibles
Estos son los museos que puedes visitar gratis este primer domingo de mes en Barcelona

Algunas de las casas históricas que todavía se preservan en la calle Clot. / MANU MITRU / EPC

Parece imposible disfrutar de Barcelona sin que hordas de guiris te eclipsen la experiencia con la destreza de Victoria Beckham. Sí, olvídate de Consell de Cent, paseo de Sant Joan, el Born y otros ejes de la masificación local. Ahora toca pasarse por el Clot, que todavía resiste a la gentrificación como una aldea de galos. Es uno de los barrios favoritos de los autóctonos. Vermuterías, restaurantes, parques, hasta tiene una coctelería Disney. Apunta: estos son los imperdibles para conocerlo a fondo.
1. Calle Rogent
Un eje peatonal
Una rambla pacificada, cobijada por árboles y plagada de terrazas que le dan mucha vida. Incluso esconde una joyita modernista. Es calle Rogent, un paraíso peatonal perpendicular a los grandes ejes automovilísticos de Aragó, València, Mallorca y la Meridiana. Un espacio perfecto para cuando quieres alejarte del ruido de la ciudad, pero todavía no te ves preparado para mudarte con Miguel Bosé a Andorra.

Calle Rogent, eje comercial del barrio del Clot. / MANU MITRU / EPC
Esta arteria comercial combina locales de toda la vida con nuevas aperturas virales. Hay restaurantes de tapeo, como Gent del Barri (25); vermuterías, como D’Clot (52); una panadería centenaria, Forn Elias (Freser, 90), fundada en 1917; una panadería colombiana, Colombia Viva (8); la segunda sucursal de Bubbolitas (51 bis), uno de los ‘bubble tea’ con más recorrido de Barcelona; una pizzería especializada en pinsa romana, Pizzico (71); y un larguísimo etcétera.

La plaza de la Oca, en la confluencia del carrer Enamorats con València, con la fuente coronada por el pato de Frederic Marès. / MANU MITRU / EPC
La mejor forma de disfrutar de Rogent es paseándola, así que, a la lista de locales, añádele dos puntos más para redondear la visita. El primero, la placita de la Oca, que recibe el nombre por la estatua del pato de Frederic Marès que corona la fuente central. Ojo, el cuarto sábado de cada mes se celebra un pequeño mercadillo, así que anótalo en el calendario. Última recomendación, el Institut Caterina Albert (51), con una fachada modernista muy fotogénica.
2. Alrededor del mercado
Da la vuelta al mundo en una manzana
La zona que cubre los alrededores del Mercat del Clot, entre las calles del Clot y de Escultors Claperós, es una auténtica joyita de la globalización. Vietnamitas, mexicanos, coreanos, italianos… Parece una lista de nacionalidades ofendidas por Trump, pero no. Se trata de las muchas cocinas que se pueden encontrar en solo un par de calles. Apunta: Tutu Vietnamese Cuisine (Clot, 31), vietnamita; Il Palato (Clot, 100), charcutería italiana; Dolsotbap (Clot, 85), coreano; La Taquería (Escultors Claperós, 8), mexicano; Bar Refugio Los 33 (plaza del Mercat, 19), chileno; y Khao Thai (plaza del Mercat, 15), tailandés.
¿Que esa lista de restaurantes internacionales se te hace corta? Por supuesto, alrededor del mercado también encontrarás decenas de bares y restaurantes consagrados a la comida y bebida locales. La mayoría, con terraza, perfectos para tomar algo al solecito (sí, cuando llegue). Plan ideal para pasar la mañana, aprovechando la tranquilidad de la zona, que es una extensión de pacificación de Rogent. Por mencionar algunos: en la misma plaza del mercado están Lolalà (plaza del Mercat, 14), el bar La Mànega (plaza del Mercat, 26) o el bar del Mercat del Clot (plaza del Mercat, 25).

Fachada monumental del mercado del Clot, situado en una tranquila plaza con decenas de bares. / MANU MITRU / EPC
Ojo, un consejo. Ya que estás aquí, aprovecha para visitar las viviendas que componen los primeros números de la calle Clot. Con más de 175 años de historia, las casas bajas del Clot −protegidas por el Plan Especial de Patrimonio Arquitectónico de la Ciudad− son una ventana a una Barcelona que ya no existe. Una muestra de cómo se construía en el siglo XIX y qué aspecto tenía el barrio en ese entonces.
3. Dónde tomar algo
Vermús a precios populares
Que la lluvia no te hunda la moral: los días cada vez son más largos, las temperaturas empiezan a subir y pronto será época de vermutito al sol. Y sí, el Clot es un lugar perfecto para hacerlo. Hay decenas de recomendaciones. Solo en la calle Clot ya tienes un porrón: Vins per tu (39), Alevoso (64), Bodega Sopena (55) y Platillo Volador (75), todas ellas, bodegas con tapeo y platillos.
Una recomendación con tirón digital: Casa Pepi (Sèquia Comtal, 7). Cuentan con más de 10 mil seguidores en redes. Se les conoce por sus vinos, sus platillos y, ahora que es temporada, por su ‘calçotada’. “¿Qué leches es un ‘brunch’ si en casa hacemos ‘calçotada’?”, se preguntaban en redes, para anunciar que el fin de semana pasado arrancaba la época de ‘calçots’, coincidiendo con Valls, el kilómetro cero de la tradición.

La estantería que guarda la colección de juegos del Queimada, con más de 600 títulos. / Archivo
Otro clásico es Queimada Nivell Q (Independència, 323). Son expertos en juegos de mesa, referentes en la ciudad con estanterías llenas de tableros. En este bar puedes maridar una cerveza en cualquiera de los cientos de títulos que componen su extensísimo catálogo, que cuenta con novedades hasta clásicos. Ojo: reserva mesa, que se llena.
¿Buscas algo más nocturno? Neverland (Dos de Maig, 277). El nombre, homenaje a Peter Pan y el país de Nunca Jamás, es una pista de qué te encontrarás aquí: es una coctelería especializada en mundo Disney. Un museo consagrado al estudio de animación con más muñecos en sus paredes y estanterías que la biblioteca de Funko Pop de Edurne. Por supuesto, la magia Disney también está en la carta, con cócteles que se sirven en vasos de Stitch, de Mushu o de la vajilla viviente de ‘La Bella y la Bestia’. Un catálogo de bebidas llenas de fantasía muy instagrameable.
4. El parque del Clot
Un pulmón verde
Si la ruta empezaba en la calle Rogent, tiene que acabar en la plaza Valentí Almirall. Se trata de un espacio agradable (aunque pequeño) con bancos donde sentarse y leer y donde se sitúa la sede del distrito Sant Martí, en el edificio Ca la Vila, catalogado como bien cultural de interés local. Una recomendación que no puede faltar: prácticamente en la plaza está Can Pineda (Sant Joan de Malta, 55), un restaurante centenario con buenos vinos, buenas tapas y buenos platos.

Algunos de los arcos del antiguo taller de Renfe que se preservan en el parque del Clot. / MANU MITRU / EPC
Aunque si algo destaca de esa zona −en el límite del barrio, justo donde empieza la Rambla del Poblenou− es el parque del Clot. Situado al lado de Valentí Almirall, se trata de un pulmón verde de cuatro hectáreas con muchas zonas y distintos niveles. Hay zonas con agua, zonas de deporte, zonas de vegetación, zonas con bancos y zonas con atracciones infantiles, lo típico.

Una de las arterias del parque del Clot, enmarcada en las estructuras cuadradas que le dan una perfecta simetría fotográfica. / MANU MITRU / EPC
Pero, sin duda, la joya de la corona se trata de los vestigios del antiguo taller de Renfe, que se expanden a lo largo del recinto, dejando rincones muy fotográficos y monumentales. Un parque poco visitado por turistas, pero que nada tiene que envidiar a otros grandes espacios verdes de la ciudad. Vamos, un ‘must’.
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