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Dónde encontrar fotomatones analógicos en Barcelona: la última moda retro en TikTok
El otro día estuvo aquí Laura Escanes postureando con el novio. Hay hasta colas. Son fotomatones de toda la vida, donde Jordi Hurtado se hacía las fotos de carnet. Ya hay media docena por la ciudad. Solo uno más en toda España. Una empresa de Barcelona los está resucitando
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Una veinteañera entra por primera vez en un fotomatón. Es el que más sale en TikTok: el Autofoto de Dubblefilm. / MANU MITRU / EPC

Encontrar una máquina de estas por Barcelona pilla más de sorpresa que la ruptura de los Javis. Es un fotomatón, de los analógicos de toda la vida, los del año catapúm, donde Jordi Hurtado se hacía las fotos de carnet. Se ha convertido en la última moda retro en redes. Destino de peregrinaje tiktokero. Es donde ahora van los jóvenes en romería a poner más muecas que Pablo Motos al ver las audiencias de Rosalía en ‘La Revuelta’. El otro día estuvo Laura Escanes postureando con su novio tras las cortinillas de este fotomatón de Gràcia. Ha pasado por aquí hasta Joe Jonas, promete Marina tras el mostrador de la tienda donde está instalado. “Es volver a captar el momento –justifica el ‘boom’-. Hay bastantes colas los fines de semana”.
“No sé cómo va”. Una veinteañera toquetea el fotomatón como si fuera una ‘tablet’. Se sienta en el mini taburete aún con cara de interrogante, echa la cortinilla roja. La primera foto le pilla con gesto de ‘meme’, algo insólito en la generación Z. Flas, flas, flas. Son cuatro fogonazos en total. Y a esperar. Uno no puede venir con prisas digitales. La tira de fotos tarda 4 minutos. “¿Pero por qué están mojadas?”, se preguntan las nuevas generaciones. Ni se imaginan que ahí dentro hay líquidos químicos. Todo un laboratorio de revelado. No hay nadie que no sonría al ver salir de golpe las fotos retro con la misma alegría que Andy sin Lucas.

Una tira de fotos retro recién salida del fotomatón. / MANU MITRU / EPC
Es el fotomatón más viral de Barcelona. Está en Dubblefilm (Verdi, 28), es una tienda de fotografía analógica que daría para otro reportaje. Fue el fotomatón con el que se desató la locura, hace año y medio. El primero 100% analógico. Es de mediados de los 70. Ya hay cinco en Barcelona, uno en Sant Cugat. Prevén superar la decena próximamente. ¿Que por qué? “Es fácil - se encoge de hombros Francesc-. Nos encanta revivir máquinas que se están muriendo”.
Francesc Romaní Costa, ingeniero industrial, 49 años. Tiene sonrisilla de niño con juguete nuevo. De niño de los de antes. Lleva una Polaroid plegable en la mano. Se ganaba bien la vida. Hay motos por la calle que ha diseñado él. Pero lo dejó todo por los fotomatones. En casa tiene ocho a medio restaurar. “Hay un poco de magia –dice- en estas cosas electromecánicas”.

Francesc Romaní, uno de los socios de Autofoto. / MANU MITRU / EPC
Es uno de los dos socios de Autofoto. Así se llama la empresa que está rescatando, arreglando y reviviendo fotomatones de los años 60, 70, 80. Tienen 21 repartidos entre Londres y Barcelona, hasta en la Tate Modern.
Todo empezó en Londres, sí, con el otro socio de Barcelona: Rafael Hortala Vallve. También tiene currículum ‘vintage:. 49 años. Hace más de 20 que se mudó a Inglaterra. Él es economista y matemático. Pero un buen día compró un fotomatón para la boda de un amigo. De eso hace ya 15 años. No llegó a tiempo (venía de Montreal) y lo dejó en un local. “Va, pues lo ponemos operativo”, se le ocurrió. Y la cosa se fue animando. “Es muy chulo, lo ponemos en un bar”. Y puso otro, y otro, y ya van 15. “Hoy Autofoto London es referencia a nivel mundial”, señala Francesc orgulloso de su amigo de BUP. Hasta Claudia Schiffer le ha pedido uno para un evento en su casa.
Rafa acabó tirando de su amigo ingeniero: “Me falta esta pieza, ¿cómo arreglo esto?”. Y terminaron constituyendo oficialmente la empresa este verano. Francesc incluso ya ha aprendido a fabricar él mismo las piezas. “Las vendemos entre toda la comunidad, sin ganar un duro –asegura-. Hay como un pacto de no pisarnos. Nos ayudamos”.
Un invento de cien años
A estas alturas virales, los fotomatones se están vendiendo a 50.000 euros. “Es una locura”, resopla Francesc. “Hay una comunidad muy heavy a nivel mundial”, detalla. Este año se han reunido en Nueva York para celebrar el centenario del invento. “En el 2029 –adelanta- hará 100 años del primer fotomatón en Barcelona”.

Las tripas de uno de los fotomatones de Autofoto. / MANU MITRU / EPC
¿Lo que les hace especiales? “Esto es papel directo”, Francesc abre el fotomatón y enseña las tripas llenas de recipientes con químicos. “No hay un negativo, no hay registro y no hay fotógrafo. ¿Eso qué significa? Parejas no legítimas, toda la comunidad trans y gay en los 60, 70… El fotomatón era la única manera que tenían de hacerse fotos”.
La cortinilla roja sigue escondiendo besos de incógnito, quizá alguna ‘isla de las tentaciones’ exprés. Entra mucha pareja, mucho grupito de amigos a lo camarote de los hermanos Marx. Ahora se paga con tarjeta y hay un soporte para el móvil con el que viralizar el momento ‘vintage’ en TikTok.

El Autofoto de Dubblefilm. / MANU MITRU / EPC
Se pueden encontrar seis fotomatones analógicos en Barcelona: en Dubblefilm y su ‘lab’ del Poblenou (Dubblelab, Zamora, 99, 3-2), el Ocaña (Pl. Reial, 13-15), el hotel The Hoxton (Diagonal, 205), El Noa Noa (Villarroel, 71) y el Mercantic de Sant Cugat (Ermita, 1-5). Ya están apalabrando otros seis, siete, adelanta Francesc, y esperan poder hacer eventos pronto. En España solo existe un fotomatón analógico que no es suyo en Madrid (el de Carmencita Film Lab).
La tira de cuatro fotos cuesta 6 euros. “Hay costes altos –justifican-. Estas máquinas son caras. Se estropean, son antiguas. Los químicos valen un pastón, solo hay un fabricante de papel en el mundo”. ¿Sale a cuenta? “Yo espero que sí –se ríe Francesc-, estamos en el proceso de que sí”. Ellos instalan las máquinas, se ocupan del mantenimiento y se llevan la recaudación. Los locales ganan colas.
Fotomatón con café gratis
No son los únicos fotomatones que se expanden por Barcelona. Hay una auténtica plaga. Todos tienen estética retro, pero son digitales (dentro tienen cámara e impresora). El que suele acumular más colas últimamente es el de Analogin (Princesa,45). No lleva abierto ni medio año. “Fotomatón con café de especialidad gratis”, es la música celestial que se replica en redes. “Café de cortesía para los clientes”, puntualizan los socios. Detrás hay dos veinteañeros: Jordi Simó y Daniela Tomás. Ellos conocieron los fotomatones por ‘Amélie’.

Cola frente al fotomatón digital de Analogin en el Born. / Meritxell M. Pauné
8 euros, tres poses, dos tiras iguales. Se puede elegir entre tres filtros: color, blanco y negro y ‘vintage’. Aquí ofrecen hasta tunear postales con las fotos. Se ha convertido en la nueva “experiencia retro” de la Generación Z en la era de la IA: correr el riesgo de pasar a la inmortalidad con los ojos cerrados.
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