Barcelona Singular

El ayer y el hoy de un pasaje idílico de Barcelona

Un oasis de sosiego a cuatro pasos de la Diagonal. Marc Piquer, el tuitero tras @Bcnsingular, descubre esta calleja que es un barrio en sí mismo

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Pasaje de Lluís Pellicer.

Pasaje de Lluís Pellicer. / Marc Piquer

Marc Piquer

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Al lado del icónico Bar El Velódromo se abre una calleja dedicada al pintor e influyente caricaturista (Josep) Lluís Pellicer, 'Nyapus'. Su existencia supone un alivio para los que buscan un pelín de sosiego a cuatro pasos de la Diagonal y, encima, están hambrientos. El pasaje, el más denso de Barcelona en lo que se refiere a restaurantes, es un barrio en sí mismo; puede que un reducto de lo que fue, no lo niego. Sus gentes, sin embargo, no pierden aún la esperanza en el mañana.

Entidad en apuros

Xavier Herrera, vicepresidente de la asociación de amigos del callejón.

Xavier Herrera, vicepresidente de la asociación de amigos del pasaje Lluís Pellicer.. / Marc Piquer

Los vecinos -o lo que queda de ellos- lo han vuelto a hacer: hace dos fines de semana organizaron la segunda fiesta mayor pospandemia. Nadie sabe a ciencia cierta cuántas más se montaron anteriormente, pero en la sede de la asociación de amigos del callejón -en el número 21- circula un programa… de 1948!

Invitación a la fiesta mayor de 1948.

Invitación a la fiesta mayor de 1948. / Marc Piquer

“¿Qué futuro nos depara? Dependiendo del día te responderé A o B”, admite Xavier Herrera, vicepresidente de la entidad. “Hemos pasado de 200 a 40 socios en solo cinco años, venir a jugar al dominó o a las cartas ya se ha perdido, y no hay relevo generacional porque los jóvenes se han largado”. Aun así, veo ganas de reflotar la nave: el último miércoles de cada mes se celebran encuentros literarios, y la peña culé congrega bastantes aficionados cuando juega el Barça. “Si tienes alguna otra idea -me confiesa Xavier-, será bienvenida”.

El bazar de los oficios

Andrés Cortés, delante de su tapicería.

Andrés Cortés, delante de su tapicería. / Marc Piquer

Andrés Cortés -56 tacos- trabaja desde los 16 en la tapicería que tenía su padre en el número 11, y recuerda perfectamente qué había en cada local: una carpintería, una casa de muebles, dos imprentas -sigue abierta una-, una colchonería, un taller de cromados, un electricista, una copistería… y la cerrajería Mur, aún activa.

La cerrajería Mur.

La cerrajería Mur. / Marc Piquer

Hoy parece otra calle, pero a Andrés no le falta curro: “Yo no paro, sábados y domingos inclusive. El problema, cuando el cliente viene de fuera, es cobrar”. Actualmente está forrando con telas un barco de lujo entero; a su vez, reparando una banqueta de un anticuario francés; y a menudo lo llaman de Chanel: “Me hacen ir a la tienda, uno de seguridad vigila que no robe nada, y como manches algo, una camisetita… 6.000 euros”.

Lo más nuevo

En la charcutería Can Mullol de Ripoll elaboran los embutidos siempre de modo artesanal y sobre la base de unas recetas que la familia mantiene desde 1917 en secreto. Gracias a la audacia de Eudald Franquesa -hijo de los propietarios de este comercio emblemático-, ya no hace falta subir hasta la ciudad 'bressol' de Catalunya para probar dichos preciados fiambres.

Eudald Franquesa, con embutidos de Can Mullol.

Eudald Franquesa, con embutidos de Can Mullol. / Marc Piquer

En el establecimiento que abrió en 2022 en el número 10, propone una degustación de 16 especialidades, entre ellas, la baiona -muy melosa- el 'magre de cap' -comparable al 'cap i pota'-, el 'pa de fetge' -exquisito- o una sobrasada con su punto aromático. Si acudes en pareja, añade al festín una cata de quesos. Y remata la velada con cócteles caseros como la 'ratafia espresso' o el 'moscatell sour'.