Paseos insólitos

Barcelona Singular: ruta inédita por El Pilar, el Eixample retro

Este barrio esconde edificios sesenteros, tortillas de campeonato y hasta una cripta. Marc Piquer, el tuitero explorador de @Bcnsingular, destapa las joyas de un vecindario aún libre de turistas

El ayer y el hoy de un pasaje idílico de Barcelona

Los paraísos ocultos del barrio de las lavanderas de Horta

Uno de los semáforos más antiguos que operan en Barcelona, en Comte d’Urgell.

Uno de los semáforos más antiguos que operan en Barcelona, en Comte d’Urgell. / Marc Piquer

Marc Piquer

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La parroquia del Pilar da nombre a este vecindario del Eixample izquierdo todavía libre (relativamente) de turistas, y sin el glamour de otras áreas más distinguidas del distrito. Delimitado por las avenidas Diagonal, de Josep Tarradellas y Sarrià, y por las calles de París y Muntaner, concentra un sinfín de elementos 'vintage' en sus calles y en muchos de sus edificios sesenteros. En la barriada se disfruta además de una oferta gastronómica de mediodía que por regla general satisface con creces a la marabunta de oficinistas.

1. Sorpresa bajo tierra

Cripta del Pilar

Bajando a la cripta con 'mossèn' Jesús.

Bajando a la cripta con mosén Jesús. / Marc Piquer

Se recorre primero un pasillo y se baja luego por una cuesta; lo más parecido a un descenso a los infiernos que al final no es tal, tan pronto como mosén Jesús abre la puerta y enciende las luces de este sitio asombroso, de ambiente celestial.

La cripta del Pilar.

La cripta del Pilar. / Marc Piquer

Salvo para el Pilar, que hay misa 'baturra' y este sótano se llena hasta los topes, aquí se venera casi a escondidas a la santa patrona maña. Las intenciones, al principio, eran otras: levantar un macrotemplo en honor a la virgen, rodeado de jardines, y con capacidad para 4.000 personas, que sirviera de reclamo para los 90.000 aragoneses que residían en la ciudad condal. El resultado tenía que asemejarse a la catedral barroca de Zaragoza, y de hecho, las obras emprendidas en los 40 así lo hacían creer.

La cripta, durante su construcción.

La cripta, durante su construcción. / .

El sueño duró poco: los elevados costes frustraron el proyecto, y solo se acabó la cripta. Encima de ella, se construyó una escuela y la capilla del Magnificat, decorada con frescos y vitrales de Grau Garriga, por lo que nada hace intuir que debajo se oculta una maravilla sostenida por arcos, bóvedas y anchas columnas, con las colosales dimensiones de la basílica que no llegó a hacerse nunca. / Casanova, 175.


2. Reliquias en plena calle

Semáforos antiguos

Uno de los semáforos antiguos de Comte d’Urgell.

Uno de los semáforos históricos de Comte d’Urgell. / Marc Piquer

También de la época de la posguerra son los semáforos más viejos que operan en Barcelona. Los encontrarás en mitad de la calzada de Comte d’Urgell, en los cruces de Londres y Buenos Aires, sin que ello suponga que no haya instalados en cada uno de los respectivos chaflanes los mismos artilugios modernos. No fueron estos los primeros que hubo: 20 años atrás se había inaugurado en Balmes/Provenza un modelo precursor, que requería de un guardia urbano, cuya función era activar con un pulsador los discos. Una base de piedra hexagonal de rayas rojas y blancas sustenta los dos aparatos históricos, de cuatro caras -si bien al ser ahora las calles de sentido único, tan solo van un par de ellas- y coronados con una farola que, desde su restauración en 2013, alumbra con bombillas led. Pese a que algunos vecinos pidieron quitar los semáforos para que no se produjeran choques, en su día contribuyeron precisamente a evitarlos. Y su presencia es una prueba de que lo antiguo, lejos de estorbar, puede integrarse a la actual trama urbana.


3. Buenos Aires-Nueva York

Portales artísticos

Mural esmaltado en los bajos del edificio que hace esquina con Buenos Aires y la avenida de Sarrià.

Mural esmaltado en los bajos del edificio que hace esquina con Buenos Aires y la avenida de Sarrià. / Marc Piquer

Quizás a sabiendas del impacto que suponía erigir moles brutalistas en el Eixample, las empresas promotoras incorporaron con más o menos acierto elementos que suavizaran semejante choque visual, y les dieran a las fincas una mínima personalidad. Esta zona, y en particular la calle de Buenos Aires, es prolífica en detalles 'retro' de los 60 y 70, como el mural esmaltado en los bajos del mamotreto que hace esquina con la avenida de Sarrià, o la pintura matérica de Amadeu Font Bernades, en el número 36, a la que se le ha incrustado sin miramientos un interfono.

Pintura matérica de Amadeu Font Bernades con interfono.

Pintura matérica de Amadeu Font Bernades con interfono. / Marc Piquer

Igualmente llamativo es el embaldosado con el que Joan Rifà, alias Silicor, puso un poco de alegría al inmueble del número 50, sin cuyo revestimiento no tendría interés alguno. Capítulo aparte merece Residencias Quinta Avenida (Buenos Aires/Comte d’Urgell), un conjunto de tres edificios de viviendas impulsado por La Llave de Oro -el Hudson, el Central Park y el Manhattan- que contó con el inconfundible sello de Joan Vilacasas en uno de los atrios… y una obra de Subirachs! Suya es la pared con múltiples relieves en positivo y negativo de la antorcha de la Estatua de la Libertad.

Las antorchas de Subirachs.

Las antorchas de Subirachs. / Marc Piquer


4. Tortillas de campeonato

Cafè Bar Borrell

Mireia Manuel y Sergi Martínez, en la puerta del Cafè Bar Borrell.

Mireia Manuel y Sergi Martínez, en la puerta del Cafè Bar Borrell. / Marc Piquer

Siendo Sergi Martínez jefe de compras de una constructora, le propusieron irse a Irak en plena crisis financiera: “Te pondremos seguridad”, le dijeron. “Lo que tenéis que hacer es meterme en el ERE”, replicó. Es así como el hombre dio un giro total a su vida, y fue a parar detrás de la barra del café de su suegro, en el que la hija -su mujer, Mireia Manuel- ya apuntaba maneras batiendo huevos. Se adaptó rápidamente: “Hablo por los codos”, me confiesa, mientras oigo que les cobra 300 euros a dos mujeres por un par de cortados. “Ay, disculpen, que no me he fijado en la coma”, les dice sonriendo. El bar, que había sido un Dole Café, y mucho antes una charcutería, apenas ha variado con Sergi y Mireia al frente del negocio. Ofrecen platos combinados y sugerencias del día -paella o fideuá los jueves-, pero lo que más triunfan son los bocatas de tortilla: de bacalao con pimientos, de jamón ibérico, de 'calçots'... o con setas que la pareja recoge en sus escapadas al Berguedà. Cualquier opción será acertada, y, fuera bromas, te saldrá barata. / Comte Borrell, 340.

Bocata de tortilla del Cafè Bar Borrell.

Bocata de tortilla del Cafè Bar Borrell. / Marc Piquer


5. ¡Qué joya!

La Casa Pere Company

La Casa Pere Company.

La Casa Pere Company. / Marc Piquer

Después de años de modernismo a doquier, los gustos por allá 1910 cambiaron. Las clases desahogadas reclamaban construcciones más prácticas, y Puig i Cadafalch las contentó con un chalé de estilo 'noucentista' e influencia germánica -ampliado con esmero por Enric Sagnier- que destaca entre tanto bloque impersonal. Que no lo derribaran en tiempos de Porcioles fue mérito del doctor Melcior Colet, quien lo adquirió una vez terminada la guerra e instaló allí su clínica ginecológica. En 1982, lo donó a la Generalitat, bajo el compromiso de que acogiera un museo que ayudara a la divulgación del deporte. Este ha sido su cometido hasta su cierre, hace cerca de una década, para someter el palacete a una reforma integral. Cuando reabra -esperemos que pronto-, volverán las exposiciones, “con una visión actual e inclusiva”, me cuenta Mònica Amat, responsable de este equipamiento cultural. Y el visitante podrá gozar nuevamente de la escalera de madera y de la fantástica chimenea.

La chimenea del palacete.

La chimenea del palacete. / Marc Piquer

Cabe reconocer la impecable labor de los restauradores: se han recuperado vigas ocultas y colores originales -el desván rosa, que se cree que se utilizaba como espacio de juegos, es una pasada-, y se ha hecho una reinterpretación del arcángel San Miguel a partir de los rastros hallados en una de sus fachadas. / Buenos Aires, 56.

El desván rosa.

El desván rosa. / Marc Piquer

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