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Clásicos 'gourmet'

Los torreznos más top de Barcelona

Este rectángulo de panceta está más frito que el cerebro de Trump, pero está más bueno que el pan. Torreznos para muy torrezneros

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Los torreznos de de Casa Amàlia.

Los torreznos de de Casa Amàlia. / Instagram

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Òscar Broc

Òscar Broc

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Nos hinchamos de Monster Energy, bebemos batidos de guaraná, masticamos barritas energéticas absurdas… Todo para conseguir ese latigazo de vigor que nos falta, esa ayudita para encarar el día con los dientes más apretados que el increíble Hulk. ¿Por qué acudimos a pociones estimulantes perniciosas cuando tenemos a mano el torrezno? Un par de muerdos y uno ya nota que los pies se le despegan del suelo. Este rectángulo de panceta va sobrado de sal, está más frito que el cerebro de Trump, es hipercalórico, supura grasas saturadas y, a diferencia de los batidos y las barritas, está más bueno que el pan.

Digo todo esto porque el otro día fui a Parada Torres (Francesc Cambó, 16), el célebre megabar de los hermanos Torres en el mercado de Santa Caterina y, madre mía, vaya torrezno me sacaron. De los mejores que he probado en mi triste vida. Llega cortado en lonchas finas y perfectas, que muestran todo el esplendor del producto, como si fueran fichas de dominó porcinas: una corteza de piel crujiente, un estrato de grasa celestial y la parte magra, pa’ morirse. Es un torrezno de Soria que invita a repetir y repetir; un bocado crocante, tierno y jugoso al que le falta muy poco para deshacerse solo en la lengua.

Los torreznos de la Parada Torres.

Los torreznos de la Parada Torres. / O.B.

Otro torrezno de restaurante que me vuelve loco es el de Casa Amàlia (Passatge Mercat, 14). Cuidado, porque esta es una versión refinada para paladares exigentes y bolsillos alegres. Secan la pieza para que la piel tenga el inflado óptimo. Y de ahí sale un torrezno soriano de cerdo Duroc que someten a una doble cocción al horno en sus propios jugos. Lo sirven en finas láminas, como si fuera un caramelo, y es una experiencia religiosa: que algo tan sencillo sea tan bueno parece un milagro.

Para terminar, después de las versiones gourmet, considero un acto de justicia reivindicar el torrezno de la vieja escuela que, desde hace varios eones, sirven en el bar Lauria 2 (Roger de Llúria, 2), conocido por sus flautas de jamón ibérico y sus torreznos de Soria, que suelen exhibirse en modo pirámide en el mostrador de la entrada.

Son gruesos como el pescuezo de Mike Tyson, intimidantes, y tienen una corteza monumental que no cruje: explota. Torreznos para muy torrezneros. Por cierto, cuando compras un bocadillo de jamón, el señor Hilario te pone unas porciones de torrezno a modo de acompañamiento; se la refanfinfla lo que diga tu nutricionista.

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