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Tradición dominguera

El pollo a l’ast con copita de cava más histórico de Barcelona

En el Eixample se arman buenos pollos. El abuelo fue quien dio origen a esta tradición tan barcelonesa

La calle de los 'outlets' de Barcelona con chollazos en cada esquina

Conciertos flotantes al atardecer en Barcelona sobre tablas de paddle surf

Pollo a l'ast del restaurante Rooster & Bubbles.

Pollo a l'ast del restaurante Rooster & Bubbles.

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Òscar Broc

Òscar Broc

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Poco ejercicio más 'nostrat' que el de comer pollo a l’ast el domingo. Mientras los expats se hinchan a huevos Benedict, en la otra Barcelona se mantiene viva una tradición local indestructible, ajena al embate de las modas. La prueba de que el pollo a l’ast sigue en el candelero son los dos restaurantes de Rooster & Bubbles (Pla de Palau 12/ París, 177). Que nadie se despiste con el nombre, se trata de un negocio catalán con una historia, además, que todos los amantes de esta raigambre deberían conocer.

Marc Martínez, alma mater del proyecto, continúa el camino que comenzó Joan Casas, su abuelo, el hombre que tuvo la idea de asar pollos en Barcelona en una màquina alimentada con gas ciudad y dio origen a esta tradición tan barcelonesa. Todo aconteció en la mítica rosticería Kikiriki, a principios de los años 60. El resto es historia. Además, Casas fue un visionario por partida doble, pues también parió la fórmula “pollo a l’ast-copa de cava”, un binomio dominical que sigue más vigente que nunca. Es la misma combinación que define Rooster & Bubbles: pollo y burbujas; asador y copita de cava a la vieja usanza, pero en un entorno actualizado, acogedor, moderno (sin pasarse) y con un servicio de sala dinámico.

Pero vamos al meollo: el pollo. Lo verás dando vueltas en el asador, al final del comedor. En esta casa se respeta el producto: un pollo ‘groc català’, jugoso y tierno a más no poder. El sabor de este ave Km. 0 es adictivo y no se apoya en las hierbas. Sal, pimienta, un ejemplar asado con mano de santo (que sabe a pollo y a jugo de pollo) y ya estamos. Llega con unas patatitas horneadas y el suave alioli de la casa. Sería un error garrafal no acompañarlo con las croquetas de pollo -hebras del ave en su interior,¡ bien!- o las patatas bravas, unas de las mejores que he probado. Y no todo es pollo en su carta: también ponen en el asador espalda de cerdo y una pata de cordero dispuesta en lonchas que no podrás parar de comer. Y no te olvides de la copa de cava: ¡’full equip’!

PD: En Barcelona se arman buenos pollos. Si Rooster & Bubbles actualiza una tradición, la magnífica casa Els Pollos de Llull (Nàpols, 272/Ramon Turró, 13) también lo hace a su manera. Platos de los de antes, pollo a l’ast tostadito, jugoso y herbáceo, y un flow de casa de comidas/rosticería popular que enamora. Si te va el rollo más moderno (y más caro), los restaurantes Apluma (Gran de Gràcia, 7/ Santaló, 39) son lo que buscas: pollo groc català asado en horno de carbón y rebañado en un jugo de especias secreto y vigorizante. ¿Complementos tochos? El excelente pollo frito, sin duda.

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