No sin mi hija
Los mejores restaurantes para ir con niños en Barcelona: con arcades, videojuegos y hasta parque de bolas
Respira. Se acabó lo de apostar a ciegas. En los siguientes restaurantes podrás ir con niños sin temor. Los hay con piscina de bolas, tobogán, videojuegos y arcades de carreras
La calle de los 'outlets' de Barcelona con chollazos en cada esquina

Zona infantil del bar restaurante Can Nico. / Instagram

El cole ya es historia. Hace días que esos locos bajitos están desatando el caos en casa. Y tienen hambre, mucha hambre. Y hay días en los que cocinar no es una opción. Y no te queda otra que jugártela en algún restaurante y rezar para que no os echen. Respira. Se acabó lo de apostar a ciegas. En los siguientes restaurantes podrás ir con niños sin temor: están preparados para ellos y los críos los adoran por razones muy variadas. Y recuerda: está muy bien llevarte a los nenes a un restaurante, pero nunca, repito, nunca les des de comer después de medianoche.
1. MasterChef Kids
Parque de atracones
¿Familia numerosa? ¿Te ha tocado sacar a pasear a tus sobrinos? Antes de encomendarte al diazepam, échale un vistazo a la propuesta de Can Nico (Nàpols, 217) y seguramente podrás dormir como un niño, nunca mejor dicho. En este restaurante han encontrado la fórmula para que los adultos hablen de sus cosas sin interrupciones y los gremlins se dediquen a lo suyo sin importunar: se llama parque infantil. Boom. Una idea tan o más elegante que la relatividad de Einstein. Y no me refiero a una piscina hinchable cochambrosa y dos pelotas de tenis, nada de eso. En Can Nico hablan a los críos en su idioma y les han puesto una imponente sala de juegos con piscina de bolas, minicampo de fútbol y tobogán. Si el niño consume el menú infantil (15,90 €), tiene derecho a gozar de estas instalaciones hasta que el cuerpito aguante.
En la carta, montones de tapas reconocibles, arroces para todas las sensibilidades, surtido de carnes, burgers, ensaladas y cócteles. Con los retoños liándola en la otra punta del local, todo sabe mejor. Por cierto, en la zona alta está el restaurante de fast food estadounidense Ribs (Doctor Fleming,10), tiene en la zona alta. Barbacoa americana para todas las edades, terraza enorme y un chiquipark milagroso justo al lado; es uno de los spots favoritos de padres divorciados y familias necesitadas de un respiro.
2. Niños al volante
Burgers y carreras
El concepto «burger para niños» produce más pavor que los pasillos de los Backrooms. Y eso que las hamburgueserías de moda ya tratan a los adultos como estudiantes de preescolar. Afortunadamente, el local que sirve la mejor burger de la ciudad está preparado para recibir a tus retoños y trata a los clientes como personas maduras. Es el Bar Torpedo (Aribau, 143), el garito en el que cenan muchos trabajadores de hostelería cuando terminan su turno, pues permanece abierto hasta bien entrada la madrugada.
En Torpedo se forjan algunos de los mejores bocadillos de Barcelona: albóndigas con tomate, pastrami de lengua, costilla o incluso un sándwich de ensaladilla. Todos están de premio, pero la gran ganadora es la hamburguesa de la casa, que puedes comerte con pan de molde —Patty Melt— o en formato clásico, con buns de brioche, queso, salsas y encurtidos. No tiene rival: sabe a carne y está perfectamente equilibrada. El local tiene una terraza salvadora, por si los renacuajos quieren airearse, y un remedio infalible contra el aburrimiento infantil: una máquina recreativa del mítico simulador de carreras Sega Rally, con sus asientos de competición y sus volantes. Hinchas a la mocedad de calderilla y te olvidas de tu prole durante media hora, aunque en cinco minutos ya habrás acabado con la burger.

Recreativas de carreras en Torpedo. / O.B.
3. Videojuegos con kétchup
Menú para 'gamers'
PPaseo por el triángulo friki, carretada de mangas, y final de etapa en un nuevo 'hot spot' para jóvenes y no pocos viejóvenes: Hugo’s Diner (Almogàvers, 4). Se parece a los 'diners' retro que salen en las pelis de Quentin Tarantino, pero aquí no se bailan canciones de Chuck Berry, aquí se juega. Y no es un casino, diantre, se juega a videojuegos. Pides algo de la carta, eliges la videoconsola que quieres —tienen un catálogo muy vintage y recomiendan reservarla— y combinas la emoción de la partida con la comida. Cada consola tiene distintos títulos a escoger, y hay un montón de clásicos.
En la carta, desmadre a la americana: hamburguesas, sándwiches, snacks y dulces. Y cócteles con nombres videojueguiles, como Zelda. Todo está diseñado para volver majaras a los chavales, aunque seguro que más de un cuarentón habrá arrojado el 'milkshake' a la pared después de ser humillado por su sobrino en el Mario Kart. Por cierto, los sábados y los domingos abren a las 12 del mediodía, por si quieres pasarte la mañana jugando con tu descendencia.
4. Quesadilla en la cocina
Día de taquitos
A un niño se le puede conquistar por el estómago. Y hay restaurantes que no necesitan columpios o máquinas para tener a las bestias contentas. La Güerita (Manso, 53) es uno de ellos. En este mexicano —que ha pasado por una reciente reforma— hacen las cosas tan bien que hay codazos entre padres e hijos por atrapar el último totopo. Voy un domingo a comer, acompañado de un niño, y el grueso de la clientela son familias que se arremolinan sobre las bandejas de tacos. No es de extrañar. Vaya tacos al pastor, señores: de lo mejorcito de la ciudad. Lo mismo digo de los tacos de pescado: golosos, sabrosos y con un rebozado crujiente. O del taco moreno, con queso fundido, frijoles y relleno a elegir.
Pero el niño enloquece con el que termina siendo también mi plato favorito: la quesabirria; esto es, una quesadilla de birria (deliciosa ternera guisada en adobo de chile), con el preceptivo consomé para mojar el artefacto. Moraleja: el efecto hipnótico que la comida de La Güerita tiene en los niños es superior al de una tablet. Y sale más barato.
5. Children of the Ramen
Japón en miniatura
Mi sobrina de 8 años lo tiene claro: su restaurante favorito es Shoronpo (Dr. Rizal, 20), concretamente sus tazones de ramen. Le da igual que estemos a 40 grados a la sombra, no la sacas de ahí. Y como ella, muchos niños que conozco: pocas cosas les seducen más que los fideos artesanales, los caldos sabrosos, los ingredientes y la autenticidad de esta casa. También tienen fideos fríos, por si tu organismo no está tan preparado para la canícula como el de tus hijos. El método Shoronpo funciona: les pirran esos fideos y punto.
Si buscas algo más distractivo, el restaurante japonés Yatai (Urgell, 112), con sus guiños a los animes más conocidos —con Doraemon como protagonista— y su colorida decoración nipona, es como un bálsamo para los peques. El okonomiyaki y los dulces japoneses también juegan un papel importante.
6. Pupurrí infantilizado
Guía para padres en apuros
Vamos a la playa, oh-oh-oh-oh-oh. En el restaurante Sal Mar (P. Marítim Barceloneta, s/n) podrás comer buenos arroces y tapas marineras en la Barceloneta, en la misma frontera que separa el asfalto de la arena, un enclave privilegiado para que los niños jueguen en la playa sin que los pierdas de vista. Además, al lado hay una pirámide de cuerdas que atrae a los mocosos como las farolas a las polillas.
También cerca del mar se encuentra el transatlántico arrocero Maná 75 (P. Joan Borbó, 101), un espacio enorme preparado para recibir a tus hijos con menú infantil, una terraza amplísima, olor a salitre y una atracción que hipnotiza a los más chiquitines: el lineal de paellas que ha hecho famoso al restaurante. Una travesía arrocera casi infinita; incontables paellas al fuego que el nene observará embobado durante un buen rato.
Si eres más de montaña, siempre podrás llevar a los cachorros a Alice Secret Garden (Pau Claris, 90), un restaurante casual con tapas, pastelería y brunch que cuenta con una enorme terraza-jardín. Un paraíso interior que parece una ensoñación de Lewis Carroll tras la ingesta de setas mágicas. Lo fliparán en colores.
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