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Microcosmos en Barcelona

Los mejores restaurantes de una de las mejores calles del mundo

Ya no es una calle más del Eixample de Barcelona, es la calle del Eixample. Un utópico paseo plagado de terrazas, tapas y platos top y uno de los patios interiores más bonitos de la ciudad

El Mundo Today |Tras la marcha del Papa, los catalanes preguntan si ya pueden volver a ser ateos

Patio interior de La Fuga.

Patio interior de La Fuga. / Manu Mitru

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Òscar Broc

Òscar Broc

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Consell de Cent ha mutado. Ya no es una calle más del Eixample de Barcelona, es la calle del Eixample. El banco de pruebas urbano del que más se ha hablado. Incluso la han incluido en el top 10 de las mejores calles del mundo. El extenso tramo orientado al peatón ha girado el tablero de juego. A pesar de las quejas sobre el caos vial o la subida de precios, el largo cauce reinventado ha dejado de ser una tierra hollinosa castigada por el tráfico y ha florecido como un utópico paseo recuperado para el ciudadano de a pie, nunca mejor dicho. Y en este microcosmos para caminantes uno puede perderse en mesas de todo tipo, restaurantes de tapas, barras de sushi, hamburgueserías gourmet, vermuterías, tortillerías… Todo es posible en una de las pocas calles de Barcelona que ha reconquistado el peatón. Celebremos la pequeña victoria, pues, en estos restaurantes de Consell de Cent, nuestra Consell de Cent

1. La hora del patio

Giro de Italia

Las bicicletas de competición y los maillots se ciernen sobre el cliente desde las paredes y el techo alto de La Fuga (Consell de Cent, 350), un templo italiano del ciclismo sin parangón en la ciudad. Puede ser una cafetería de especialidad provista de dulces italianos caseros, puede ser un bar para refrigerarte el gaznate o merendar y, ante todo, puede ser uno de los mejores restaurantes italianos del Eixample.

La terraza de La Fuga en Consell de Cent.

La terraza de La Fuga en Consell de Cent. / Manu Mitru

Tiene obrador propio y de ahí sale la pasta fresca de algunos de sus platos. Ni el más sibilino de los abogados encontraría argumentos en contra de su carbonara: está perfecta. Y a los freaks de la albahaca, como yo, les digo que anden tranquilos: en La Fuga tienen un pesto con judías verdes y patata por el que pondría la mano en el fuego. Pero hay más, mucho más, concretamente uno de los patios interiores más bonitos de Barcelona, un espacio-burbuja con algo de vegetación (y ropa tendida de los vecinos, cuando levantas la vista). Un oasis silencioso, relajante y avanzado a su tiempo, pues por muy al aire libre que esté, no se puede fumar. Bravo.

Patio interior de La Fuga.

Patio interior de La Fuga. / Manu Mitru


2. Palillos a la mar

Sushi con pedigrí

Más fiable que la armadura de Iron Man. Soy cliente de Mako (Consell de Cent, 255) desde hace años y jamás me ha dejado tirado. En esta taberna japonesa se respeta al cliente; seguramente no es el sushi más asequible de Barcelona, pero sabes que la calidad será siempre la misma: por las nubes. Vaya, que en este sitio no duele apoquinar.

Lo mejor es, sin duda, el sushi. Piezas bien trabajadas, con un arroz de sushi impecable, excelentes cortes de pescado y los inevitables desvíos autorales para los que buscan algo más allá de la pureza del nigiri. Si toreas por primera vez en esta plaza, ahí van mis recomendaciones: la tabla de nigiris especiales del chef, el roll de tartar de atún, el bao de cangrejo de cáscara blanda y las gyozas de wagyu. No falta una buena terraza en Consell de Cent, por si te apetece cazar makis como si fueran Pokemons. 


3. Fiebre amarilla

Tortilleros viajeros

Hay más gente que en casa de Neymar. El éxito de Los Tortíllez (Consell de Cent, 299) no es ningún misterio. Cuando consigues facturar tapas populares tan redondas sin caer en la tentación de inflar los precios, la peña responde, así de fácil. Hay que celebrar, por tanto, que el restaurante de Consell de Cent (tienen otro en Manso) funcione tan bien. Porque Los Tortíllez es, ante todo, honestidad. El nombre deja claro que las tortillas de patatas son el Santo Grial de la maison. Discos individuales de 12 cm, hechos al momento, armados con papas y huevos camperos de Galicia y lubricados con AOVE.

Puedes saltar de la clásica (con cebolla y sin cebolla, que no cunda el pánico) a la de bacon, cheddar y jalapeños (una de mis preferidas). Y en ese brinco, te toparás con tortillas de todo tipo, con sobrasada, calamares, chorizo… Todas extraordinariamente gochas. Imprescindible no caer en el error de no acompañarlas con los guisos o tapas de la casa. El delicioso meloso de ternera explota en tu boca. Y las croquetas de jamón entran como misiles tierra-aire en tu organismo. A cubierto. 


4. Cuanto 'smash' mejor

Burgers infalibles 

No me escondo: me pirran las 'smash burgers'. Los defensores del fricandó pedirán mi cabeza, pero qué le voy a hacer, las hamburguesas aplastadas que manejan en Hideout (Consell de Cent, 242) me hacen perder los papeles y las convicciones. De hecho, cuando me enfrento a la burger de la casa, me aferro al manual de conducta de Groucho Marx: "Estos son mis principios, pero delante de una buena 'smash', tengo otros".

Pan en modo brioche, doble smash al punto perfecto, láminas de bacon cristalizado, pepinillos encurtidos caseros, cebolla caramelizada y una salsa secreta que me untaría hasta en la sobaquera. Les sale niquelada. Hideout fueron pioneros en el formato aplastado y la experiencia es un grado. Cuesta pillarles algún defecto, y eso que hay 'smash' para todos: con huevo frito, con volquete de queso, ¡con chorizo! Además, los entrantes también tienen delito. Aunque parezca que gritan tu nombre, las papas fritas con cheddar y lluvia de bacon no hablan. Cuidado ahí. 


5. Nomo lo puedo creer

Japonés en familia

El último transatlántico de la cadena Nomo atracó el año pasado en el mismo amarre que otrora ocupó un legendario de la cocina gallega, Casa Darío. Con un interiorismo a medio camino entre el lujo y la sobriedad nipona, Nomo Eixample (Consell de Cent, 256) se sitúa en un punto de equilibrio que tiene éxito. Seguramente no posee los niveles de pureza de los japoneses más top de BCN, pero no acabarás desplumado y saborearás cocina nipona bien resuelta, con buen producto y para todos los públicos.

Me da igual que sea una cadena, esta escudería es perfecta para una comida familiar, un formato grupal que en otros templos del sushi te dejaría en números rojos. La carta es amplia: arroces, fideos, brasa, gyozas, aperitivos y, por supuesto, un desfile de makis, temakis, hosomakis, uramakis, nigiris y sashimi con más opciones que Netflix. Yo me llevaría la carta estudiada de casa. Por cierto, todos los jueves de junio, julio y septiembre, por las noches, puedes probar un menú degustación especial con producto de temporada. Una experiencia única a 60 € (sin bebida), ideada por el chef ejecutivo de la casa, Naoyuki Haginoya, y con ingredientes locales. ¡Vamos con el juernes!  


6. Tapas vs Expats

Equipo local 

Antes era Anita Flow, pero ha cambiado la orientación de su propuesta y ha pasado de las Mimosas y las tostadas de aguacate al vermut y las tapas nacionales. Bien jugado. El Bar Anita (Consell de Cent, 413) opera en un terreno con abundancia de expats y turistas, pero enarbola sin miedo una carta preñada de clasicazos que reciben el aprobado de mi señora madre.

Al Bar Anita no vas a que te vuelen la cabeza, vas a comerte un torrezno sin fisuras, unas anchoas cantábricas carnosas y enormes, y un platillo que es tendencia: fritura de gambas de cristal con huevos fritos. Estará de moda, pero eso no quita que también esté para relamerse los bigotes. Atención: sorpresa con el bikini con guiso de carne. Ñam, ñam. Me cuentan que uno de los platos estrella es el calamar en su tinta relleno de papada. Tierno, untuoso, pa’ dentro.Y en la carta veo cositas como ‘capipota’, pollo a la catalana, raya, molleja… ¡Hasta 'nunqui', huevos Benediiict!


7. Lil’ Vermut

Morritos calientes

El vermut sin filtros de Instagram pertenece a la escudería Morro Fi (Consell de Cent, 171), cuyos tentáculos canallescos se extienden por toda la geografía de Barcelona. A mi modo de ver, su espacio más mítico es el recuadro compactado de Consell de Cent. La vida bulle en este apretujado espacio con terracita que antepone la calidad a la comodidad.

Sus cuencos con chips gruesas, encurtidos, conservas, aceitunas y lo que Dios disponga son uno de los mayores placeres que puedes darte a media mañana. El vermut que fabrica la casa está fetén, la ensaladilla rusa sigue siendo de las mejores de Barcelona, mojama y gildas siempre, los engranajes de la maquinaria están perfectamente engrasados en esta capillita del bon vivant de barrio. Si entras de hinojos, te caerá un boquerón gratis, digo yo. 

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