Laboratorio de sabores
Los mejores helados de Barcelona están en plaza Catalunya
Helados de pistacho, de ‘mel i mató’, de tatin de manzana. Aquí tienen hasta helados détox. Postres 'nostrats' y producto más allá de lo top
La fuente de los milagros de Barcelona: en vez de agua, sale tinto de verano

Helado de tatin de manzana con caramelo de El Gelat.

Fuera nombres estilo Il Gelato di Don Giovanni. Fuera decoraciones Party Fiesta. Fuera topicazos. En esta heladería trabajan sin complejos y con plena confianza en el producto local de temporada. Estoy en El Gelat (Rambla Catalunya, 2-4), el nuevo proyecto de Albert Roca. El año pasado, cerró su celebrada pastelería-bollería Sant Croi, con la que se dedicó a coleccionar premios de prestigio gracias a sus cruasanes cósmicos. Sant Croi ya forma parte del pasado, pero fue allí donde se forjó el Albert Roca heladero. Fue un proceso de aprendizaje de años, y ahora es uno de los maestros más audaces -y ocupados- de Catalunya. La sublimación de sus maquinaciones es El Gelat, un espacio que dignifica el formato con la mejor artillería imaginable: producto más allá de lo top, de temporada y, siempre que sea posible, de proximidad. El resto surge de la experiencia, rigor y creatividad de Albert.
Se agradece el minimalismo y la apuesta por “lo nuestro” de El Gelat. Hablamos de un mostrador con las cubetas tapadas, para que nada afecte las condiciones del producto. Buena señal; sí rotundo a las heladerías discretas que no intentan atraer al guiri con cubetas de colores psicodélicos y montañas de toppings que escapan del tirón gravitatorio de las terrinas. En este espacio, situado en la concurrida confluencia de Rambla Catalunya con Gran Via, unas pantallas animadas presentan la lista de helados y el origen de los ingredientes. En el mostrador, descansan las cubetas. Y ya está. Solo importa una cosa: el producto. Si buscas toppings infantiloides, estás en el lugar equivocado.
La carta de El Gelat es otro rollo. Están los clásicos de la casa; una sección de helados con chocolate 'bean to bar'; un apartado para helados con producto de temporada y una sección efímera que va cambiando con el tiempo. Ahora, está dedicada a helados con quesos, pero en breve será sustituida por un un monográfico de helados détox. Alerta golosos: puedes probar cualquier helado en formato 'croinet', es decir, envuelto en un óvalo de brioche caliente (y crujiente) no apto para menores de 18 años.
Pruebo casi todos los helados y enseguida me percato de que estoy en las grandes ligas de este producto. Pocas, poquísimas heladerías de Barcelona pueden competir de tú a tú con la cremosidad y el equilibrio casi quirúrgico del maná de El Gelat. La textura es extremadamente placentera, más allá de lo cremoso, casi sedosa. Es un producto en las antípodas de los helados híperazucarados que te dejan la lengua como la mojama. El verbo empalagar produce en Albert Roca el mismo efecto que el ajo en los vampiros. La sutileza y la apuesta por lo sabores de verdad es su respuesta; lo compruebo en el helado de pistacho de Lleida -escandaloso-, el de tres vainillas o el de tatin de manzana con caramelo, una virguería que deja un rastro embriagador de manzana horneada en la lengua.
La fruta también tiene sus momentos de gloria. Pruebo el de fresa. Fresa del Baix Llobregat en su punto óptimo de madurez, con un toque de menta y un ingrediente secreto. Es delicado, fresco y está de premio; no puedo parar. Un clásico como el de stracciatella sobresale gracias a la finura de las láminas de chocolate, que explotan en la boca. Y no faltan los postres ‘nostrats’, elaborados con un mimo que me desarma. El helado de ‘mel i mató’ con nueces es un prodigio; me cuenta Albert que tiene que encargar el mató con dos semanas de antelación a una artesana de la Cerdanya. Y que no falte el de crema catalana, un capricho suave, con sabores reales, acompañado por unos nostálgicos trozos de bizcocho… Como esto siga así, El Gelat está un pasito del helado de 'capipota'; dadle tiempo.
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