Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Por todo lo alto

Comidas panorámicas: las terrazas con mejores vistas de Barcelona

En estos restaurantes podrás no hacer nada como es debido y ensimismarte con las vistas. Desde Vallcarca, Sants-Montjuïc, el Tibidabo o la Barceloneta. Panorámicas de ensueño

Así será el macrosalón recreativo de los años 80 y 90 de L’Hospitalet

Vistas desde la terraza del Nobu.

Vistas desde la terraza del Nobu. / JORDI OTIX / EPC

Òscar Broc

Òscar Broc

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Dios bendiga el arte de mirar y no hacer nada. Estamos en esa época del año en que el modo contemplativo se convierte en filosofía de vida. Y aquí entran en juego los espacios que aprovechan esa imperiosa necesidad de ser improductivos, para acoger a los diletantes en terrazas con espectaculares vistas de la ciudad. Iremos a Vallcarca, Sants-Montjuïc, el Tibidabo o la Barceloneta, porque cualquier sitio es bueno para observar el paisaje, pensar en cosas muy banales y no hacer mayor esfuerzo que el de coger una croqueta con dos deditos o llevarte una caña al gaznate. En los siguientes lugares, podrás no hacer nada como es debido y ensimismarte con las vistas de la gran Barcelona, porque algún día, piltrafilla, todo esto será tuyo.

1. Panorama para vivir

Chiringuito de montaña

En la cima de Vallcarca, en los jardines de Canals i Junyer, se encuentra La Dolors (Viaducte de Vallcarca, 4), un “chiringuito urbano” que en sus dos años de vida ha conseguido convertirse en el punto de encuentro predilecto del vecindario. Así se cocina el antídoto contra la gentrificación. Este espacio, que otrora acogió el Consulado de Dinamarca, fue la residencia del pintor Joan Junyer y la pedagoga Dolors Canals, una mujer avanzada a su época, que ha recibido un merecido homenaje en la nomenclatura del negocio; sí a la Vallcarca feminista y republicana.

He aquí un modelo honesto y profundamente comprometido con el refuerzo del tejido social y neuronal del barrio que le da cobijo. Basta con echar un vistazo al programa de actividades culturales que allí se celebran para entender que La Dolors quiere ser mucho más que un negocio de restauración. Y eso que con su oferta gastronómica bastaría para triunfar: hummus, salmón ahumado, ensaladilla, esqueixada, raviolis crujientes rellenos de brie y cebolla... Todo a precios muy razonables, para fidelizar, nunca ahuyentar, a la clientela. Ahí está su menú del día a 15, 50 €. En La Dolors se respira una atmósfera de comunidad que recomendaría a todos los que padecen de estrés: las vistas aéreas del barrio, la terraza-jardín y sus vermuts y/o vinos de bodegas catalanas pueden convertirse en el ansiolítico natural que buscabas desde que entraste a trabajar en KPMG. Chill, bro.


2. Un atracón con vistas

En lo alto del mar

Si giras como una peonza, apreciarás una panorámica de la ciudad en 360 grados. En Altamar (Pº Joan Borbó, 88), las vistas alimentan el alma del cliente. Está en lo alto de la torre de Sant Sebastià y puedes ver el puerto y la línea infinita del mar. O el Tibidabo y el verde que oxigena Barcelona. Puedes ver el trazado del Funicular. Puedes flotar sobre la urbe mientras el equipo de sala te cuida con todos los honores. Porque este restaurante ya veterano no solo vive de la panorámica, también se apoya en una carta que combina producto, técnica y creatividad, y seduce al visitante con caricias mediterráneas.

El ritual de bajar hasta línea de mar, coger el ascensor y alcanzar la cima, a 75 metros de altura, es una experiencia harto recomendable. Torre de Alta Mar es un regalo que hay que vivir en pareja, en familia, con los tuyos. Es una de esas visitas que no se olvidan. Cuando terminas, puedes dejar un 'haiku', un relato, lo que quieras en el legendario libro de visita de la casa. Sobre el mantel, no hay sobresaltos: ostras y gildas para arrancar, un buen lomo de atún rojo para continuar, y un pescado del día o uno de los arroces de la casa: todo preparado y expuesto a un nivel tocante con la alta cocina. A mi modo de ver, el restaurante con mejor relación calidad-vistas de Barcelona.


3. Americana arremangada

Azotea pop

Para mi gusto -un gusto totalmente corrompido por la cultura pop del otro lado del charco- el rooftop Bonavista (Mallorca, 1) tiene la estética más lograda de todas las azoteas pijas de Barcelona. Admiro que juegue con referentes atípicos en este formato, algo bastante habitual, por otra parte, en Grup Confiteria, que se encargó el año pasado de insuflar vida a la azotea del Hotel Moxy. Y vaya si lo hizo. Bonavista se baña en una reinterpretación actualizada del estilo Memphis: colores que vibran, formas atrevidas, neones y motivos pop despojados de todo prejuicio; es como un viaje a la California dorada, cuando el sueño americano era todavía posible.

La terraza del Bonavista.

La terraza del Bonavista. / Bonavista

Si Tony Montana o Sonny Crockett fueran millennials, se pasarían media vida en esta azotea pop, quizás sentados en la sala amarilla, quizás bailando al ritmo del DJ y disfrutando de las vistas elevadas de la ciudad, quizás explorando con cara de sorpresa la carta, porque el espíritu de la comida es mediterráneo y se traduce en tapas de todo tipo -desde croquetas hasta ensaladilla- y elaboraciones más tochas, como las tortillas o arroces. Me dicen que han puesto fotomatón: lo que nos faltaba.


4. Manteles panorámicos

Buena mesa y vistas

La gastronomía de calidad no está reñida con las vistas de calidad, aunque muchos sitios se empeñen en demostrar lo contrario. Cuando quiero ir a un restaurantes con vistas panorámicas y comer como una estrella del rock, La Venta (Pl. doctor Andreu, s/n) es mi primerísima opción. No me canso de este mirador a los pies del Tibidabo. Es perfecto para sorprender a visitas, parejas o amigos.

Su ubicación, estética clásica y elevación lo convierten en carta ganadora. Y la cocina nunca defrauda. Caracoles, bacalao, arroces, canelones, la artillería siempre a punto para bombardear la ciudad con todo el amor que te cabe en el estómago.

Y volvemos a la ciudad, al mismísimo centro, porque allí está Casa Luz (Rda. Universitat, 1), uno de los mejores restaurantes con una de las mejores vistas de Barcelona, que se dice pronto. El proyecto de Tomàs Abellan atraviesa un gran momento; me encanta su tartar de tomate con hoja capuchina y cualquier arroz o pescado que salga de la cocina es un sí rotundo.

Cocina reconfortante, placentera, bien hecha y con el añadido de un 'rooftop' con la panorámica más arrebatadora del centro de Barcelona. Mención especial para el restaurante peruano Maymanta (Pl. Pius XII, 4), situado en la planta 19 del Hyatt. Este espacio comandado por Omar Malpartida no solo te cuida con la mejor cocina peruana de autor de Barcelona, también te regala el mejor escenario posible: el sol en tu cabeza y Barcelona a tus pies. Imprescindible.


5. Arriba del todo

Glamour en la 25

Hotel Nobu (Av. Roma, 2-4): cuatro sílabas que transmiten lujo a cascoporro, cocina japonesa y destrozos importantes en la tarjeta de crédito. El restaurante nipón de Robert De Niro ya cuenta con unas vistas de la ciudad de lo más golosas, pero su 'rooftop' es todavía más loco si cabe. Planta 25. Espacio abierto. Vegetación. Biruji. Piscinita cuqui. Madera en el suelo. Mobiliario de exteriores en las antípodas de Ikea. Plantas en macetas carísimas. Mini burgers de wagyu. Tartar de atún. Vistas de la ciudad desde la estratosfera; una panorámica 360º de ensueño, con la foto de Barcelona más codiciada por tu prima, la 'influencer'.

Pijerío bien entendido en un espacio sin fisuras horteras. Vuelan los cócteles de autor y se estilan bocados casuales para bolsillos entrenados. Sí, aquí se paga, pero el privilegio de observar Barcelona como si fueras un Zeus dulcemente tajado no tiene precio. Y si la paga doble todavía te quema en el bolsillo, siempre puedes entregarte a sus nigiris enjoyados en la zona noble del restaurante, uno de los mejores japoneses de Barcelona y un imán para famosos.

Suscríbete para seguir leyendo