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Ruta con chup-chup

Bares de pueblo en Barcelona: la mejor cocina casera

Con este tiempo solo apetece comer caliente. Esta es la liga del bareto de pueblo de verdad. Restaurantes con la mejor mandanga casera

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Los huevos al plato de Bar Sant Josep.

Los huevos al plato de Bar Sant Josep. / Alberto García Moyano

Òscar Broc

Òscar Broc

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Hace una semana que no puedes ponerte el bisoñé, por miedo a que un golpe de viento se lo lleve. Son días feos, ariscos y plúmbeos, los días en los que solo apetece comer caliente, como hacías en casa, años ha.

Olvídate de bodegas de postín y bares Manolo comandados por hípsters, esto es serio, esto es la liga del bareto de pueblo de verdad y aquí juegan pesos pesados como el Lauria 2 (Roger de Llúria, 2), una bajel de otros tiempos, capitaneado por el incombustible señor Hilario, el alma de un espacio que parece una instantánea congelada de la Barcelona de la Transición. Aquí se comen tapas de las de antes, bien aceitosas y con enjundia (esas croquetas, qué buenas), pero los cabezas de cartel son los torreznos (apoteósicos) y las larguísimas flautas de jamón ibérico, mucho mejores que el bocata que te hacía tu madre. Dato para los amantes del gratelo: si pides el bocadillo de jamón, te caen unos cachos de torrezno y bastones fritos de boniato por la cara.

En la misma vibración atemporal opera el Bar Sant Josep (Saragossa, 33), mi restaurante favorito del Farró. Es uno de los locales que más madruga de Barcelona. Y recibe a su parroquia con platos humeantes de mandanga casera. Pueden ser unos callos, una tortilla de patatas recién hecha, una carrillera al horno, unas albóndigas en salsa, unas lentejas, un flan casero… Es como si los propietarios del negocio te invitaran a comer a su casa. Y hablamos de un hogar asaz concurrido: el menú del día a menos de 16 € es un imán para currantes.

Y si buscas algo lejos de la Barcelona nuclear, no te dejes engañar por su nombre, en este restaurante no existen las tretas para sacarte los dineros. La honestidad de Casa Trampa (Pl. Vallvidrera, 3) es una de sus señas de identidad. Está en Vallvidrera, pero es una excursión de lo más agradecida, porque en esta casa de comidas te ayudarán a reponer fuerzas a base de platazos de cocina popular española. Dicen los que saben de esto que sus guisantes con jamón están entre los mejores de la ciudad. Los he probado y no pienso negar la mayor.

Tampoco hace falta acudir a veteranos para encontrar el sabor casero. En el Eixample, la casa de comidas Veracruz (Mallorca, 321) ha comenzado una segunda vida en manos de Gerard Sans, que lidera un proyecto renovado que sabe a viejo. En la carta, platos de fondo con raíces catalanas: escudella, fricandó, tripa y ‘capipota’, zarzuela de pescado y marisco… Además, el plato del día es una ganga: por menos de 9 euros me zampé un arroz a la cazuela espectacular. Si odias el 'brunch', aqui te darán la medicina que buscas: desayunos de tenedor con chup-chup garantizado, no sea que el niño me coja frío.

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