Tendencia gastronómica
El bocadillo de gilda que triunfa en el Clot y otras formas de comerse este pincho en Barcelona
Una guía sobre el estallido de este aperitivo 'made in' Donostia que es abrasador y todo lo carboniza
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Un bocata gilda de Xatu, en Barcelona. / Oscar Broc

Lo que ha pasado con la gilda solo el Oráculo de Delfos podría explicarlo. El estallido de este aperitivo made in Donostia es abrasador y todo lo carboniza. Llega a cualquier parte y se presenta en muchas formas. Pienso, por ejemplo, en la gilda deconstruida de la Bodega Borrás (Casanova, 85), uno de los primeros restaurantes de Barcelona que vio la posibilidades de este producto. Hace ya unos años que lo probé y todavía lo recuerdo: jurel marinado, emulsión de olivas y piparra, todo en plato, sin pincho, un invento meritorio y pionero.
Pienso también en las gildas ahumadas de Rooftop Smokehouse (Consell de Cent, 159 bis), una lata que está pensada para los amantes de los sabores que golpean duro: la calidad de los componentes y el extra de humo de la casa convierten este invento en un ítem navideño salvaje.
He visto gildas de autor, como los de Bar Fábula (General Mitre, 243), con verdura encurtida, inventos de todo tipo, y aún así, una pregunta se hace inevitable. ¿Se puede hacer un bocadillo de gilda? Si creemos la máxima de que todo es bocadilleable, la respuesta es un sí a grito pelado.
Me consta que el Bar Barrigó (Pl. de Garrigó, 7) hace uno, pero no lo he probado. El que sí me he zampado es el del Xatu (Rogent, 50), que acaba de abrir en el Clot con toda la artillería necesaria para atraer al público local. En su carta destacan los macarrones gratinados (deliciosos), la ensaladilla rusa con fondo de anchoa y, por supuesto, los entrepanes.
Pruebo el de calamares en panecillo y me parece impecable, pero cojo con especial ilusión el bocata de gilda, con pan de payés tostadito, una gilda pinchada en la superficie como la bandera estadounidense en la luna, y el contenido que se le presupone a este pincho entre rebanadas: anchoa, piparra y aceituna, todo bien ligado y con un punto de cremosidad que se agradece. Es un bocadillo goloso, ácido, pelín picante, la mejor forma de convertir un simple pincho en un plato principal.
¿Para cuándo los bocatas de macarrones gratinados? Nos espera un 2026 movidito.
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