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Todo por la pasta

Los restaurantes italianos de Barcelona que debes probar antes de que termine el año

Esta es la Barcelona de la 'mamma' y la 'nonna'. Santuarios con manteles a cuadros. Pastas caseras y guiños al recetario familiar italiano. Lo de apuntarse al gimnasio ya lo dejamos para otro día

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El carpaccio de celeri con limón y parmesano de Bodega Bonay.

El carpaccio de celeri con limón y parmesano de Bodega Bonay. / Instagram

Òscar Broc

Òscar Broc

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En Barcelona hay más perros que niños, pero no hay más niños que restaurantes italianos. La buena cocina italiana puede ser un refugio para el alma, pero en este laberinto de pizzerías y focaccerías hay que saber moverse para encontrar platos hechos con ingredientes frescos, pastas caseras, guiños al recetario familiar y un extra de amore. Nos sentaremos en seis restaurantes italianos que se respetan y respetan al visitante. Sin formalismos que valgan, con platos rebosantes de pasta en los que todo el mundo hinca el tenedor, ragús de aroma pornógrafico, manteles de cuadros y un itinerario loco: Roma, Cerdeña, la Toscana, Sicilia… La Barcelona de la 'nonna'.

1. Toscana en miniatura

Cita en el Born

Me gusta la idea. Donde antaño había una hamburguesería (Pim Pam Burger) hay ahora un restaurante cojonudo. La canción al revés, un pequeño milagro en el laberinto del Born que deberíamos valorar. Se llama Osteria Borbotta (Sabateret, 4) y, a pesar de su reducido tamaño, es un cacho restaurante. De los que apuntas en tu agenda para volver y probar toda la carta.

En esta osteria se estila la cocina de la Toscana, una región en la que nunca he estado, de modo que tendré que dejarme llevar. Y “dejarse llevar” resulta fácil en este íntimo rinconcito blanquecino: su cocina es tan reconfortante, tan gozosa, que, oye, como si te dijeran que es gastronomía típica de Krypton. Que lo importante aquí son los gnudi alla fiorentina, unas bolitas de ricotta y espinacas que son como masticar el cielo. Y los gnocchi con mantequilla tostada y setas de temporada, un plato en el que hundirías la cara con un tubo de submarinista. Y el paté de hígado de pollo, alta casquería gallinácea que recompensa a los valientes con un sabor y textura de llorar. Incluso una simple tortilla abierta con alcachofas (jugosa, buena) se convierte en un ‘piccolissima’ serenata de gemidos.


2. Eixample al dente

Bistró de pasta

Algrano (Casp, 55 / Tamarit, 104) acaba de abrir su segundo restaurante en el Eixample Dret, en el local que antes ocupaba la hamburguesería Rare. Otro italiano que sustituye a un local de burgers. Así sí. Gabriele Milani ya dio en el clavo con el primer local, en Sant Antoni, y su fórmula se requeteconfirma en un nuevo espacio que, con apenas un mes de vida, ya cuenta con una parroquia de fieles numerosa. Se entiende, claro.

En Algrano van, pues eso, al grano: en la carta solo encontrarás apetitosos entrantes y un apartado de pastas (pasta fresca hecha en casa, obvio). Sanseacabó. Ni carnes, ni pescados, ni nada que te distraiga de sus 'linguine' con tartar de atún, mantequilla ahumada y botarga. O de sus ravioli rellenos de osobuco con salsa de carne y toque de azafrán. Ah, y en los entrantes, no te saltes el 'steak tartar' de ternera Fassona del Piemonte: más gozosa que una canción de Adriano Celentano.


3. Joya escondida

Pasta de 24 kilates

No un italiano al uso, de hecho, tiene tanta personalidad que podríamos considerarlo un género en sí mismo. Bodega Bonay (Gran Via, 700) es uno de los mejores restaurantes de Barcelona, y la comunidad de fieles que lo amamos sabemos que no incurro en ninguna exageración. La cocina del chef Giacomo Hassan se pasea con glamour por el mediterráneo con no pocos guiños a Italia y una voz propia, original; aquí se hacen las cosas con sentido y sensibilidad.

El 'steak tartar' Bodega es salvaje y vigorizante. El carpaccio de celeri con limón y parmesano es una de mis recetas fetiche (no he visto nada igual en toda Barcelona). Y luego están los platos de pasta, delicados, emocionantes. Mi preferido, los tagliolini con berberechos, aunque sería una impertinencia no hacerle caso a los tagliatelle con ragú de cordero (de locos) o a los spaghettino cacio e pepe con habas. A lo mejor hay suerte y a Giacomo le ha dado por hacer mozzarella casera fuera de carta: pídela a gritos y dando puñetazos en la mesa, es otro rollo. Por cierto, la palabra Bodega no es baladí: cuenta con más de 250 referencias de vino para todas las sensibilidades, especialmente para los que buscan en los márgenes.


4. Los juegos del hambre

Italiano de barrio

Sin hacer mucho ruido, La Fame (Consell de Cent, 621) se ha ganado el respeto de los vecinos del Clot y de la comunidad italiana de Barcelona. Cocina romana y sarda en el tablero de juego, vocación de casa de comidas y ambiente familiar, desenfadado. Sobre esta base se construye un negocio que enamora con suma facilidad. La profundidad y confortabilidad de sus platos son incontestables. Pasta fresca hecha en casita, claro, y cocina de la 'nonna' sin complejos.

De mi última visita, recuerdo una croqueta de osobuco y un supplì con berenjena y scamorza excepcionales, gochos a más no poder. También unos macarrones a la carbonara sin mácula (me quedaron pendientes las patatas carbonara) y un tiramisú de pistacho para relamerse las barbas. Por cierto, tiene un menú del día con una relación calidad-precio muy seductora, pero mejor no hablar de cifras, que aún se llenará y habrá que pedir audiencia papal para conseguir una mesa.


5. Los frescos del barrio

Carbonara o nunca

Seguramente no está en las listas de mejores italianos que encuentras fotocopiadas en las redes, pero a mi modo de ver es uno de los restaurantes de pasta más auténticos y sanadores del Eixample. La Fuga (Consell de Cent, 350) es un espacio amplísimo, luminoso, repleto de guiños al mundo del ciclismo. Además, cuenta con mi remanso de paz predilecto, un bellísimo patio interior en el que todas tus movidas se diluyen al primer sorbo de Negroni.

Patio interior de La Fuga.

Patio interior de La Fuga. / Manu Mitru

La Fuga tiene un obrador propio donde fabrica la pasta fresca de algunos de sus platos más icónicos. Cocina italiana sin complicaciones, muy honesta y hecha con un extra de amor que se nota. Me chiflan sus espaguetis a la carbonara, con una salsa cremosa y generosos cachos de guanciale. Imprescindibles también los linguine con pesto, judía verde y patata, los ñoquis con tomate y albahaca, y el ragú sea en el formato que sea. Incluso hay pizza al corte para que los peques (y algunos adultos) no se quejen.


6. Nonna’s power

Veterano en forma

Pocos italianos con el señorío y la regularidad de Le Cucine Mandarosso (Verdaguer i Callís, 4), desde hace más de 15 años, uno de los puntales gastronómicos de Ciutat Vella (está a dos zancadas del Palau de la Música). Cocina de la 'mamma', de la 'nonna' o de quien te dé la gana, la única certeza en este cálido restaurante es la ausencia de trampa y cartón. Todo sabe, suena y huele auténtico, casero

Mis padres serían capaces de cometer un delito por su magnífica lasaña con ragú de carne, un bocado cremoso, equilibrado y adictivo al que siempre vuelves. Lo mismo con la berenjena a la parmesana. Qué rico que les sale el pesto, con 'topping' de cherry semi seco y virutas de pistacho. Y la carbonara, como cabía esperar, la bordan como pocos. ¿La mejor forma de finiquitar una velada italiana de semejante calibre? Darle amor al cannolo siciliano…, y lo de apuntarse al gimnasio ya lo dejamos para otro día.

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