Toma Pan y Moja
Láminas de felicidad: descubre uno de los obradores más nuevos y originales de Barcelona
María Paula Baldiviezo vendió los dos restaurantes que tenía en su Bolivia natal para instalarse en Barcelona, donde se ha especializado en pan y bollería fina
Cócteles y bocadillos: el dúo que triunfa en la noche de Barcelona
Los mejores restaurantes donde comer huevos en Barcelona

Dos creaciones del obrador Prima Salvaje / Óscar Broc

Cuando hundes la dentadura en las masas laminadas de Prima Salvaje (calle Girona, 181), se desata un crujido por fases que va directo a las gónadas, una descarga placer que entra primero por el oído y después ataca boca y lengua, dejando un rastro de mantequilla, migas y destrucción que sabe a victoria.
La cocinera boliviana María Paula Baldiviezo es la mujer detrás de la magia. Vendió sus dos restaurantes en su país natal para instalarse en Barcelona, donde centró sus esfuerzos en el mundo del pan y la bollería fina (estuvo en L'Atelier y Coush Armó). El complejo arte del laminado es, sin duda, su especialidad, y así lo demuestra en Prima Salvaje, un obrador con nueve meses de vida que el barrio ha recibido con calidez.
En la vitrina, el despliegue de creatividad y finura es importante. Los laminados son indecentemente seductores. Puedes encontrar el archiconocido pain au chocolat, con doble chute de chocolate de 70% y gianduja. Lo devoro. Crocante y esponjoso. La forma en que se quiebra la pieza, el crujido, el alveolado interior, la calidad y abundancia del chocolate, los aromas… No hace falta ser un lince para detectar las ingentes cantidades de amor vertidas en cada dulce.
No obstante, los clásicos no son las auténticas vedettes. A mí me enamoran los juguetes más atrevidos de María Paula: el apartado de laminados salados es uno de los mejores que he visto (y probado) en Barcelona. No hace mucho disfruté cual simio con una masa de cruasán con butifarra, queso y toque de mostaza antigua. Son rectángulos abombados que aceptan cualquier relleno. De hecho, uno de sus últimos aciertos fue introducir en una de estas masas una ración de kimchi de Sants Ferment.
Los fines de semana es cuando aparecen dichas creaciones y se desata la locura. Por cierto, ahora, en los salados, la casa apuesta fuerte por los rolls de espinacas y feta, con grana padano rallado y chispas de sésamo en la superficie. Pruebo uno y me dura 20 segundos en la mano: cruje, sabe, pringa y seduce.
Por supuesto, el pan de masa madre (con harinas eco de proximidad) es otro de los pilares de Prima Salvaje. De hecho, el gusanillo panificador le viene de familia a su propietaria, pues su abuela tuvo un obrador durante 30 años en Bolivia. En las estanterías hay variedad y variedades difíciles de encontrar. Y panes que cambian periódicamente. Me llevo uno de molde y, ya en casa, durante la cena, certifico lo bien que se trabaja en este obrador, un pequeño espacio lleno de tentaciones, como el café de especialidad Three Marks, las focaccias y bocadillos, y, oh Dios mío, el nuevo rock star de la vitrina salvaje, la cookie croissant, una masa laminadísima y embarazadísima con una galleta que se desparrama por ambos lados. La están vendiendo como si fuera el tónico definitivo contra la calvicie.
Suscríbete para seguir leyendo
- Los creadores de 'Aquí no hay quien viva' demandan a Atresmedia por explotación excesiva e indebida de la serie
- El estudiante con la nota más alta de la PAU empieza la universidad y estrena coche nuevo gracias a Dongfeng
- Inspecció de Treball propone sancionar al Ayuntamiento de Santa Coloma por 'contribuir' al contagio de legionela de un conserje
- Sigifredo Ledesma invirtió en un negocio de aceitunas: “Yo pensaba que con mil olivos podía vivir”
- Custodio Pérez, el aceitunero convertido en fenómeno literario tras salir en 'La revuelta': 'No me creo superar a Dan Brown
- Las 'cosas raras' que el entorno de las niñas muertas en Jaén ve en el caso: de los 'mensajes bien escritos' a 'un árbol muy alto
- Albino (42 años), albañil: 'Allí en Bolivia, por el mismo trabajo y las mismas horas, son unos 400 euros al cambio
- Uno de cada tres catalanes debe esperar más de cinco días para lograr cita en un CAP