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Un maridaje que lo peta

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Uno de los bocadillos de Pa de Kilo.

Uno de los bocadillos de Pa de Kilo. / Instagram

Òscar Broc

Òscar Broc

Barcelona
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Dos formatos que lo petan como nunca. En una esquina del cuadrilátero, los cócteles. En la otra, los bocadillos. Pero esto no es un duelo pugilístico, esto es un “yo x ti, tu x mí” al más puro estilo Rosalia-Ozuna: ambos formatos se aman. Y cuánto más original el tinglado, mucho mejor.

Lo compruebo en Aldea (Esparteria, 14), una joven coctelería del Born cuya estética y espíritu se inspira en los cenotes de México. Exotismo. Elegancia. Artesanía. Son las constantes de una carta de alta mixología con notable presencia de guiños mexicanos. Las copas eluden los fuegos artificiales, son tragos limpios, minimalistas, cargados de matices y armados con elaboraciones complejas, como el Coral Reef, con destilado de concha de ostra, eneldo, frambuesa, cava y vodka. Aldea complementa sus brebajes viajeros con bocadillos japoneses, los famosos sandos. Tiene dos en carta, pero servidor recomienda el de cochinita pibil con aguacate, encurtidos y pan del horno Pa de Kilo: un bocadillazo que combina a la perfección con el catálogo líquido de la casa.

También en el Born, en la coctelería Especiarium (Princesa, 29), el bartender Antonio Naranjo apuesta fuerte por un bocadillo que está ganando cada vez más adeptos en Barcelona: el choripán. El primer domingo de cada mes, la casa se llena hasta la bandera de clientes y amigos atraídos por la fiesta Choriday, una velada que combina este entrepán sagrado en Argentina con los extraordinarios cócteles de autor que salen a puñados de la barra. Por cierto, en Especiarium también puedes encontrar, cada día, un bikini trufado que arrasa entre los feligreses.

En la otra punta de Barcelona, zona alta, Tuset, se halla uno de los esfuerzos de diseño más apabullantes de la noche barcelonesa. Es la coctelería Focacha (Tuset, 17), una fantasía que reivindica la Gauche Divine con una mixología finísima y de alta creatividad. El nombre no es baladí, pues la coctelería se esconde detrás de una tienda de focaccias. Pero no se trata de un speakeasy de cartón-piedra, porque efectivamente tienen a la venta varias focaccias -están riquísimas-, y las puedes alternar con los tragos de la maison, si así lo dicta tu glotonería.

Por cierto, en el Gayxample acaba de abrir Perritos Calientes (Aribau, 50), un experimento pop que combina cócteles de autor de calidad con los impresionantes hot dogs artesanos de Ultrapaninos Marín. Y tiene una sala diseñada por Palomo Spain. Una auténtica locura.

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