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Ruta

El Mediterráneo hecho historia

El yacimiento de Empúries todavía conserva las huellas de griegos y romanos, pueblos que cambiaron la vida del conjunto de la península Ibérica

El yacimiento de Empúries, con vistas al mar Mediterráneo.

El yacimiento de Empúries, con vistas al mar Mediterráneo. / DdG

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DAVID CÉSPEDES

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Empúries no es solo un yacimiento arqueológico: es una puerta abierta a los orígenes de la historia mediterránea en la península Ibérica. Situado junto al mar, en el término municipal de L’Escala, en Girona, este enclave reúne en un mismo espacio los restos de una ciudad griega y de una ciudad romana, algo excepcional en el conjunto del patrimonio arqueológico europeo. Pasear por sus ruinas es recorrer siglos de intercambios comerciales, conquistas, creencias y formas de vida que todavía hoy ayudan a entender cómo se forjó una parte esencial de la cultura occidental.

El lugar comenzó a cobrar relevancia en el siglo VI antes de Cristo, cuando colonos griegos procedentes de Focea fundaron un asentamiento que, con el tiempo, se convertiría en un activo puerto comercial. Aquella ciudad, abierta al mar y al contacto con otros pueblos mediterráneos, favoreció la circulación de productos, ideas y costumbres. Más tarde, con la llegada de Roma en el contexto de la Segunda Guerra Púnica, Empúries se transformó también en un punto estratégico para la expansión romana en Hispania. Esa doble condición, griega y romana, es precisamente uno de los grandes valores del yacimiento. En pocos lugares puede observarse con tanta claridad la superposición de dos mundos que marcaron la evolución política, urbana y cultural del Mediterráneo antiguo. Las calles empedradas, los restos de viviendas, las plazas, las termas, los mosaicos y las murallas permiten imaginar cómo era la vida cotidiana de quienes habitaron este enclave durante siglos. Uno de los espacios más emblemáticos es la ciudad griega, donde todavía se percibe la estructura de un núcleo comercial vinculado al puerto. Allí se conservan vestigios de antiguas casas, áreas de intercambio y recintos religiosos. La presencia de templos y espacios públicos revela la importancia de la vida colectiva en una comunidad que vivía de cara al mar y del contacto constante con otros territorios.

La ciudad romana, por su parte, muestra una organización más monumental y planificada. El foro, centro político y social, resume bien el carácter de una urbe pensada para expresar el poder de Roma.

A ello se suman domus de notable riqueza, sistemas de canalización de agua y restos de edificios públicos que evidencian un alto grado de desarrollo urbano. El visitante puede seguir el trazado de las calles y descubrir cómo la arquitectura romana adaptó el espacio a las necesidades administrativas, económicas y sociales del imperio.