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Toma pan y moja

Taburetes y alta cocina: tres barras en las que siempre encontrarás gourmets

La barra de Direkte es un espectáculo de cocina en vivo.

La barra de Direkte es un espectáculo de cocina en vivo. / Òscar Broc

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Òscar Broc

Òscar Broc

Barcelona
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La barra suele asociarse a comidas casuales y rápidas, muchas veces en solitario. Y aunque es cierto que es perfecta para un aquí te pillo aquí te mato, en BCN hay otras barras que te abren las puertas a cocinas más elaboradas y creativas. Barras bravas que cunden como los mejores restaurantes de mantel y servilleta de encaje. En estos tres restaurantes (con sus respectivas barras) lo podrás comprobar.

Si te apetecen tapas inmaculadas, platillos de calidad y producto top, en la barra de Tangana (Riera de Sant Miquel, 19) serás asquerosamente feliz, pues te sentirás arropado por su abrazo marmóreo y disfrutarás del proceso de trabajo de un equipo de cocineros bien engrasado. Los platos se preparan delante de tus narices y llegan directos de la cocina a la vista a tu atalaya. Buena, buenísima cocina de mercado para celebrar la vida. La tortilla abierta con setas y panceta es peligrosa. Sa sacan de la chistera uno de los mejores arroces a la cassola que he probado en BCN. Carpaccio de cap i pota. Croqueta de fricandó. Tapas con un extra de carácter y calidad en una de las barras más divertidas de Gràcia.

La barra del Tangana, un 'must' de Barcelona

La barra del Tangana, un 'must' de Barcelona / Òscar Broc

Otra barra en la que me siento cual crisálida en su capullo es la de la Sosenga (n’Amargós, 1). Es pequeña y discreta. Tanto que, cuando te ubicas en el rinconcito, solo el equipo de sala repara en ti. La Sosenga funciona con un menú-degustación fijo (a 38 increíbles euros) que cambia cada mes, de modo que la opción de comer en solitario no supone un problema. El compromiso de este espacio con el producto de temporada y proximidad, los pequeños productores y la sostenibilidad se traduce en una cocina catalana abierta a influencias externas, pero muy consciente de sus raíces. Platos delicados, de una creatividad y técnica muy elevada, tan sabrosos, diferentes y emocionantes que, si pudiera, escribiría mi nombre con una llave en el taburete para marcar territorio. La barra más gastro del barrio Gòtic.

La barra de la Sosenga es un espectáculo y ofrece un menú degustación muy ajustado

La barra de Direkte. / Òscar Broc

Pero para barra, barra la que tiene el restaurante Direkte (París, 200). Mejor dicho, barras, porque en realidad son dos. Arnau Muñío comenzó en la Boqueria con una barra para unas ocho personas. Hace un año, dio el salto al Eixample, en un espacio mucho más amplio en el que puede permitirse seguir siendo fiel al concepto original, pero con más barra y mayor capacidad. Es imposible que el ánimo decaiga en estos rectángulos: el ritmo de los platos, la coordinación de la escuadra de cocineros, las recomendaciones del sumiller, la interacción con el cliente… El restaurante está vivo, es divertido, y es un espectáculo culinario que nunca se olvida de lo más importante: forjar un estilo de cocina personal e intransferible, platos que digan 'esto es Direkte'.

Las barras del restaurante Direkte.

Las barras del restaurante Direkte / Jordi Otix

Y ahí tienes al equipo de Arnau, sacando piezas de joyería catalana perladas en Asia, bocados que buscan la complejidad con sentido, nunca acumular ingredientes porque sí. La fórmula Direkte solo funciona con menús degustación. El producto, la temporalidad y la creatividad de la cocina mandan, de modo que los menús cambian que es cosa mala. Pero hay un plato que todavía no se ha movido desde los días de La Boqueria: el cheesecake ahumado de té verde, uno de los mejores postres de Barcelona.

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