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Ruta

L’Estartit, tierra de piratas

Las Illes Medes y los acantilados conservan todavía la memoria y el recuerdo de cuando este enclave era objeto de saqueos y asaltos desde el mar

Una panorámica de las Illes Medes, situadas frente L’Estartit.

Una panorámica de las Illes Medes, situadas frente L’Estartit. / MARC MARTI FONT

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DAVID CÉSPEDES

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Pasear hoy por L’Estartit (Baix Empordà) es contemplar un paisaje bello, pero también cargado de pasado. El mar que ahora invita al ocio fue, durante mucho tiempo, una vía de entrada del peligro. Las Illes Medes, los acantilados y la costa conservan una memoria silenciosa que explica por qué este lugar puede ser recordado como una auténtica tierra de piratas.

Recorrer L’Estartit con esta mirada es hacer una ruta entre natura e historia. Desde el puerto hasta los miradores, desde la playa hasta las islas en el horizonte, cada rincón puede explicar un fragmento de aquel tiempo en que los habitantes vivían entre la riqueza del mar y la amenaza constante de los piratas. Su situación, abierta al Mediterráneo y próxima a calas, islotes y puntos de refugio, la convertía en un escenario ideal para desembarcos repentinos, saqueos e historias de defensa y supervivencia. Las Illes Medes son uno de los grandes símbolos de L’Estartit, pero en tiempos pasados no solo eran una maravilla natural. También podían servir de punto de observación, de escondrijo o de referencia para naves corsarias y piratas que navegaban por esta costa. Su presencia alimentaba el miedo, pero también la vigilancia de los habitantes, que vivían con un ojo puesto en el mar.

La costa del Empordà, con playas anchas, pequeñas entradas y espacios fáciles de abordar, era especialmente vulnerable. L’Estartit no era todavía la villa turística que conocemos hoy, sino un núcleo marinero modesto, dependiente de la pesca y de los recursos del mar. Cualquier ataque podía significar la pérdida de barcas, provisiones o incluso la captura de personas. El miedo a los piratas formaba parte de la vida cotidiana. Los pescadores salían al mar a sabiendas de que no solo se enfrentaban al tiempo y a las oleadas, sino también a la posibilidad de encontrarse con embarcaciones enemigas. Las familias mantenían viva la memoria de los ataques y aprendían a reaccionar rápidamente ante cualquier señal de peligro. Para defenderse, la costa catalana levantó torres de vigía y sistemas de aviso que permitían detectar movimientos sospechosos. En este contexto, L’Estartit y su entorno participaban de una red de vigilancia marítima. Cuando se veía una vela peligrosa en el horizonte, había que avisar para que la población se protegiera y preparara las defensas. L’Estartit se fue convirtiendo también en un espacio de leyendas de piratas, tesoros escondidos, cuevas misteriosas y navegantes temidos. Esta mezcla de historia e imaginación se convierte hoy en su atractivo.