Ruta
El Gironès más volcánico y silencioso
El Vall de Llémena se configura de un paisaje donde conviven las zonas agrícolas con antiguos caminos rurales

Este es el denominador común de la Vall de Llémena, campos de cultivo, acantilados, caminos, bosques y senderos. / DdG
Hay valles que se anuncian solos y otros que prefieren ser descubiertos sin estridencias. El de Llémena pertenece a esta segunda categoría. Es una unidad geográfica articulada en torno a la riera de Llémena y repartida entre cuatro municipios: Sant Gregori, Canet d’Adri y Sant Martí de Llémena, en la comarca del Gironès, y Sant Aniol de Finestres, ya dentro del ámbito territorial de la Garrotxa. Por eso, aunque suele asociarse al Gironès, su cabecera se abre también hacia el paisaje de la Garrotxa.
Lo que hace singular al valle no es un solo monumento ni una única cumbre, sino la mezcla. Aquí conviven el mosaico agrícola, los encinares y robledales, los tramos de ribera, los antiguos caminos rurales y un vulcanismo inesperado fuera del gran escaparate de la Zona Volcánica de la Garrotxa. El volcán de la Banya del Boc, en Sant Martí de Llémena, está considerado uno de los mejores exponentes del vulcanismo cuaternario catalán fuera de ese parque natural; su cráter alcanza 1.300 por 860 metros y 100 metros de profundidad.
En la parte alta, la sierra y el macizo de Rocacorba levantan el telón del valle. Rocacorba es uno de sus grandes balcones: el Puigsou llega a 992 metros y, algo más abajo, el santuario de Rocacorba se encarama a una peña curvada que explica el nombre del lugar. Desde allí se dominan la Vall de Llémena, la Alta Garrotxa, el Pla de l’Estany, Girona, Les Gavarres, las Medes y, en días claros, el Canigó. El agua, por su parte, modela otra cara del territorio. En Canet d’Adri, las Gorgues de la Font de la Torre son pequeñas cavidades profundas de origen volcánico excavadas por el agua en roca basáltica, uno de los parajes más característicos y fotogénicos del valle. También hay patrimonio disperso, de escala íntima: iglesias románicas, vecindarios de masías y santuarios que aparecen encajados en el relieve. Entre los hitos más citados por las rutas oficiales figuran Sant Pere de Llorà, Sant Llorenç d’Adri, Santa Cecília de Montcal, Sant Joan de Montbó, la casa fortificada de Ca n’Eres, Santa Afra o la iglesia de Sant Aniol de Finestres, documentada desde el año 979. Hay algunas rutas recomendables. La más ambiciosa es el Camino Real de la Vall de Llémena, un itinerario lineal de 25 km entre Espai La Pineda, en Sant Gregori, y Sant Aniol de Finestres. Es una ruta excelente para entender el valle completo: arranca junto a la riera, pasa por Sant Gregori, enlaza con Santa Afra, bordea Llorà, cruza el Pla de Sant Joan, sigue hacia Sant Martí y Sant Esteve de Llémena y termina en Sant Aniol.
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