Ruta
Un gran jardín al aire libre
Girona cambia su piel durante estos días con la celebración de Temps de Flors, una muestra que cada año atrae a miles de visitantes al Barri Vell

Girona temps de flors / David Aparicio
Visitar Girona siempre es una buena opción en cualquier época, pero hay una semana en concreto en que la ciudad parece cambiar de piel. El Barri Vell –ese laberinto de piedra, escaleras y patios que se esconde a lo largo del año de las miradas indiscretas– se convierte en un escenario efímero donde lo vegetal no solo decora, sino que interviene y enriquece todavía más la belleza de la denominada Girona monumental. Vuelven las colas ante portales que normalmente están cerrados, se abren patios que el resto del año son un secreto y los monumentos más fotografiados de la ciudad encuentran el atractivo inesperado que les dan las flores y los espectaculares montajes florales y vegetales.
La presente edición de Temps de Flors de Girona se celebra desde el próximo sábado hasta el domingo 17. El ayuntamiento mantiene la esencia del festival –la ciudad como exposición al aire libre– y vuelve a subrayar el componente ciudadano del evento, ya que es una muestra organizada por el consistorio, pero alimentada por entidades, creadores y voluntariado que convierten espacios emblemáticos en instalaciones florales. La edición de este año refuerza la accesibilidad con zonas de descanso y recorrido adaptado para personas con movilidad reducida.
Aunque es un recorrido principalmente por el Barri Vell, también se pueden visitar otros recintos de la ciudad. La exposición se reparte por monumentos, patios y rincones urbanos. La catedral con su claustro y sus subterráneos, los Baños Árabes, el Paseo Arqueológico o las murallas son puntos imprescindibles para el visitante. Son en total 113 lugares.
La ciudad se deja ver por dentro abriendo portales, patios y jardines que suelen pasar desapercibidos durante el resto del año y que estos días se vuelven protagonistas. El propio festival propone diversos recorridos para repartir las visitas y evitar las multitudes.
Si solo se puede elegir un momento, la apuesta pasa por hacer una visita a primera hora o bien coincidiendo con las últimas horas de la tarde, cuando la luz cae mejor sobre la piedra del Barri Vell, el río Onyar se vuelve más fotogénico y el ritmo de los visitantes baja un punto, sobre todo entre semana.
Si disponemos de un día, la idea es hacer una ruta a pie, sin prisas, en un bucle lógico comenzando en las riberas del río Onyar, el casco antiguo y las murallas, y vuelta al centro para escuchar música, comer y despedirse con puentes y plazas.
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