escapada
Un pueblo junto al mar que abraza la Navidad
Barcarès, en el Rosselló, se transforma cada diciembre en una gran feria navideña con atracciones, desfiles y espectáculos

Le Barcarès, el “Pueblo de la Navidad”
El pueblo costero de Barcarès, en el Rosselló (sur de Francia), situado a unos 60 kilómetros de la frontera, se transforma por completo cada mes de diciembre. Sus paseos marítimos y las calles que rodean el puerto se convierten en un gran mercado navideño al aire libre, un espacio que combina atracciones, gastronomía y espectáculos. El contraste entre el ambiente marinero y la estética invernal convierte a este destino en un lugar singular y atractivo para los amantes de la Navidad.
Este año, el mercado se estrenó el 29 de noviembre y permanecerá abierto hasta el 4 de enero, ofreciendo más de un mes de actividades y propuestas pensadas para que las familias se sumerjan en un entorno festivo lleno de rincones por descubrir.
Al entrar, lo primero que llama la atención es la noria de grandes dimensiones, acompañada de otras atracciones como sillas voladoras, pequeñas montañas rusas, carruseles clásicos, casas encantadas y toboganes para los más pequeños. Un ambiente lleno de juego y diversión que se completa con desfiles diarios de elfos, malabaristas y personajes festivos, así como bandas de música que interpretan desde villancicos tradicionales hasta melodías inspiradas en Disney.
Uno de los espacios más concurridos es la Casa de Santa, una recreación en la que Papá Noel recibe a los niños rodeado de renos y figuras animadas. Los pequeños pueden sentarse en pupitres escolares para escribir su carta y depositarla en un gran buzón, mientras los adultos recorren el interior y disfrutan de los detalles de la decoración. Entre las propuestas más originales destaca una experiencia de realidad virtual que permite simular un vuelo en el trineo de Papá Noel sobre paisajes nevados, una actividad que sorprende tanto a niños como a adultos por su alto nivel de inmersión.
En el centro del mercado navideño también destaca una pista de hielo de 1.000 metros cuadrados, uno de los puntos más animados por la tarde y la noche. A su alrededor, una zona de chalets de madera ofrece productos artesanales y de decoración, regalos hechos a mano y propuestas gastronómicas que van desde dulces típicos franceses hasta platos calientes para sobrellevar el frío.
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