Teatro
Feliz Navidad (o no) en familia
El Lliure de Gràcia presenta 'El sistema solar', una comedia de la peruana Mariana de Althaus sobre trapos sucios familiares

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Es esta una fórmula que no suele fallar. ¡Cuántas comedias hemos visto en un entorno familiar! Delirantes, divertidas, bobaliconas, ácidas, negras, negrísimas... Funciona tanto que la veta parece inagotable. El Lliure de Gràcia ha estrenado otra más: 'El sistema solar', de la dramaturga y directora peruana Mariana de Althaus. Pieza que también fue película, con críticas poco o nada entusiastas, disfruta ahora una versión teatral de mayor vuelo.
La dirige Carol López con la compañía de dos socias de otras aventuras escénicas:Aina Clotet y Nausicaa Bonnín. Para que todo quede un poco más en familia el hermano de Aina, Marc, lo es también en el Lliure. El reparto se completa con dos niños (Joel Bramona y Jaume Solà)que se reparten el rol más infantil y con Guillermo Toledo, un actor de primera línea que siempre pisa fuerte, en su trabajo y en un radical y público posicionamiento ideológico.
En este atractivo reparto recae el peso de sacar adelante un texto poco o nada sorprendente. Una reunión para celebrar la Navidad de una familia desestructurada, en la que el niño es el más cabal de todos. El resto arrastra una cruz de cuidado. La caja de los truenos pronto se abre. La anfitriona, Edurne (esfozada Aina Clotet), por ejemplo, no sabe lo que quiere, recién salida de un tratamiento psiquiátrico. O sí: que su padre, Leonardo (sobrio Willy Toledo), le adelante parte de su herencia. Él es ministro y ha dedicado más tiempo a la política que a sus hijos, Edurne y Pavel (discreto Marc Clotet), un joven viudo de espíritu apocado. Es el padre de Puli, un niño con pasión por la astrología y los animales. Lo del 'solar' del título viene tanto por esa afición como por el apellido de la familia. Paula (contenida Nausicaa Bonnín)llega a la fiesta navideña como la nueva novia de Leonardo. Pero es una vieja conocida: fue antes pareja de Pavel.
López sirve la comedia con el tono justo, sin grandes alardes, salvo un inicio de 'teatro dentro del teatro', para provocar la risa en momentos aislados, aunque el encaje entre un excelente grupo de intérpretes no siempre es el ideal. Como si cada uno cargara por su lado con su personaje. Quizá porque poco les ayuda un texto que al final, y pese a los trapos sucios que se airean sin misericordia, mantiene a la familia unida como dicen los cánones más conservadores. Una comedia, vamos, en la línea de anteriores ejercicios tragicómicos sobre un terreno tan fértil. Lejos, eso sí, de la cumbre del género, la recordada 'La omisión de la familia Coleman', de Claudio Tolcachir.
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