La carrera de Natalia de Molina (Jaén, 1990) se condensa en seis años. Los que transcurren entre el primer Goya que ganó en 2013, como mejor actriz revelación con Vivir es fácil con los ojos cerrados, de David Trueba, y el estreno, el próximo 22 de noviembre, de Adiós, que dirige Paco Cabezas, donde comparte plantel con Mario Casas. En este corto intervalo ha tenido tiempo para ganar otro premio de la Academia -el de mejor actriz principal por Techo y comida, en 2015- e interpretar papeles a las órdenes de Paco León, Carlos Vermut o Isabel Coixet, con la que rodó Elisa y Marcela (2019). Esta película marca el rumbo de esta carrera meteórica: elegir los papeles sin tener el cuenta el riesgo y buscando siempre el cambio de dirección menos esperado.

Jesus Briones / GTRES

Con Paco Cabezas, director español asentado en la industria 'made in USA' con series como Penny Dreadful, Into the Badlands o El alineista pero que también firmó aquí uno de los mejores thrillers de la década pasada como Carne de Neón (2010), se ha convertido en Triana, Ella es la mujer de uno de los jefes de los clanes que manejan las Tres Mil Viviendas. Un lugar conflictivo, un barrio no oficial de Sevilla marcado por la delincuencia y las leyes no escritas. Con este thriller, da un paso adelante en su carrera, y sigue asumiendo riesgos, para que “ningún personaje se parezca al otro”. Y siempre muy pegada a su tierra. 

 

Nació en Jaén, se crió en Granada y estudió en Málaga. ¿Esta vinculación tan fuerte con Andalucía forja el carácter de una actriz?

Mis raíces obviamente me han aportado. Donde creces y te desarrollas o donde empiezas a construirte como persona se tiene que notar luego en algún aspecto. Además, Andalucía siempre ha sido una tierra muy conocida por su arte y por sus artistas. Allí se respira algo. Es un lugar por donde han pasado muchas culturas y eso, al final, va en la sangre.

 

Es curioso, porque debuta en teatro con una obra de Lorca, La casa de Bernarda Alba, y la primera película, Vivir es fácil con los ojos cerrados, la rueda en Almería...

He trabajado mucho en Andalucía, y los personajes que más me han marcado, los más intensos, los he hecho allí. Como ahora, Triana, en Adiós...

 

¿Cómo vivió el casting de aquella primera película con David Trueba?

Pues con mucho miedo, porque además había hecho un montón de pruebas antes y siempre me habían echado para atrás. Y, de repente, llegó David Trueba. Nadie me había dicho que el personaje tenía que ser andaluz, y me preparé un acento tan neutro que David se pensó que no era andaluza. Y me echó para atrás. Pero luego me volvió a citar y me explicó. Y, mira, así es la vida...

 

Tras seis años de experiencia, ¿cuándo se sintió que ya era actriz?

Supongo que depende de cada uno, pero una se convierte en actriz desde el momento en que decide meterse en esta profesión tan loca. Luego es verdad que hay que asimilar si eres capaz de hacer personajes diferentes, sobre todo yo que soy supertímida y eso es para mí un hándicap. Pero la verdad es que ha habido grandes directores y directoras que me han ofrecido papeles que me interesan. Es decir, hacer de personas totalmente distintas a mí. A raíz de Techo y comida fue cuando la gente dejó de pensar que era una chica mona que había hecho una película y que lo mismo el personaje se parece a ella. En ese momento sí que pensaron que era una actriz que podía construir. Y mi carrera es un poco así, con mujeres totalmente distintas la una de otra. De eso estoy muy orgullosa.

 

¿Se ha marcado como meta entonces no repetir?

Sí, porque a veces es muy fácil que te etiqueten. Y luego quitarte las etiquetas es muy difícil. Es una opción que tiene que tomar cada uno, arriesgarse y no quedarse en lo que se siente cómodo. Cada uno puede hacer lo que quiera, pero yo tengo la sensación que estoy haciendo la carrera que representa mis inquietudes. No me conformo solo con querer formar parte de esto.

Oscar Gonzalez / CORDON

 

Y esos dos Goya, con solo un año de diferencia, ¿no tuvo la sensación de que llegaban un poco pronto?

Lo que me he dado he cuenta con todo lo que me ha pasado es que, en realidad, la gente da más  importancia a los premios que yo. Aunque es verdad que la tienen. Hay muchos actores y actrices increíbles, con papeles espectaculares, pero en la vida les han dado un premio. Hay que relativizar un poco. Tengo claro que los premios me los han dado por unas películas concretas y por unos personajes. Luego hay que seguir, trabajar e intentar crecer.

 

¿Ha tenido miedo de que su carrera pudiera frenar un día en seco?

Yo creo que ese miedo lo tiene todo el mundo. Es una profesión de altibajos. Un día suena el teléfono y otros, no. Es el miedo que... Si lo dice hasta Penélope Cruz, que ella piensa que la película que va a hacer es la última, que no la van a volver a llamar. Y es Penélope Cruz. Es algo que está ahí, siempre sobrevolando a los actores. Lo que hay que evitar es que el miedo dirija tu trabajo, y dejarte la piel en cada trabajo. Como si fuera el último.

 

Ha citado a Penélope. El año que ganó el premio Goya a la mejor actriz principal estaba nominada con ella, junto con Inma Cuesta y Juliette Binoche, ¿le dijeron algo?

Yo es que estaba flipando. Estaba nominada al lado de estas tres diosas... Para mí ya había ganado. Y encima con Techo y comida, con una película hecha en crowdfunding. Con que la gente escuchara hablar de la peli y se interesara por verla ya valía. Luego conocerlas a ellas fue increíble.

 

Comenzamos hablando del acento en su carrera, y ahora en Adiós hace de una sevillana de las Tres Mil Viviendas. ¿Cómo trabajó con el director Paco Cabezas?

Pues, sobre todo, a partir del guion. Nos hizo a Mario (Casas) y a mí ensayar mucho sobre escenas que no estaban allí, pero que ayudaban al background de los personajes. Y lo del acento... En un principio no me dijo que hiciera de sevillana, pero cuando ensayé con Mario y vi que estaba trabajando ese acento dije: “Vamos a tirarnos al río”. Hacemos de pareja, así que vamos hablar los dos en sevillano. Y a mí es que me encanta poner dificultades a las cosas (risas).

 

Triana, su personaje, es una mujer que vive en un mundo patriarcal, en un ambiente muy complicado y violento, y que debe tirar para adelante tras perder a una hija...

Me daba respeto entrar ahí. Es una cosa para la que nadie está preparado. Es algo antinatural que una madre sobreviva a una hija. Es una de las cosas más dolorosas que puede experimentar alguien. Cuando lo ves desde fuera no es tanto, pero cada vez que me metía más profundo, más miedo me daba. Era mucho dolor.

 

Y además es una historia que han rodado dentro de las Tres Mil Viviendas y Los Pajaritos.

Sí, son dos barrios muy humildes de Sevilla. Todo el mundo ha escuchado historias de estos lugares. Pero yo no había ido nunca, ni había tenido la oportunidad de conocer a la gente que vive allí. Y fue una aventura. En principio da respeto, porque todo el mundo habla y en las noticias solo se cuenta lo malo. Da un poco de miedo. Pero fue más fácil rodar allí que rodar en el centro de Sevilla (risas). Al principio fue un poco caótico. Un rodaje y con Mario Casas... Pero hicimos una secuencia, que fue una redada, con todo el barrio pendiente y cuando Paco Cabezas dijo que la toma era buena, todo el mundo empezó a aplaudirnos. Fue uno de los momentos más mágicos que he vivido en mi vida. Todo ese barrio aplaudiendo... fue increíble.

Jesus Briones

 

¿Se nota la diferencia de rodar con un director con experiencia en EEUU como Paco Cabezas?

Cada persona es de su padre y de su madre (risas). Él sabe muchas cosas que no sé si las tiene por su experiencia en EEUU. Lo que sí te puedo decir es que es muy fácil rodar con él. Lo tiene todo superclaro. Pero lo grande que tiene Paco es que hace cosas muy difíciles y parece que son fáciles. Eso es lo grande de la gente grande.

 

¿Y si él la llamara para un papel en una de la series que dirige?

Ay, yo con Paco dónde él quiera. Y lo sabe. Nos hemos entendido muy bien.

 

Entonces, ¿le apetece rodar fuera?

No lo tengo como objetivo. Pero si pasa, pues bienvenido sea.

 

Dijo en una entrevista que todas la veces que le han dicho que “no” es lo que ha hecho que mantenga los pies en la tierra.

Sí, lo he reflexionado muchas veces. Los actores somos material sensible, trabajamos con emociones y, a veces, te ves expuesto en los casting. En cinco minutos tienes que demostrar algo y eso es muy difícil. Mi experiencia ha sido buena, y me alegro que mi camino haya sido este. Si me han dicho que “no” es porque quizá no estaba preparada.

 

¿Cambiaría algo de lo que ha hecho en su carrera?

Me la quedaría tal y como ha sido. No me arrepiento de nada.

 

¿Dónde se ve dentro de diez años?

Espero seguir haciendo cine y yo qué sé... Han sido unos años muy intensos.