Todo el mundo conoce el pasado de los maestros escoceses y su sabiduría a la hora de elaborar su bebida más tradicional: el whisky. Especialmente la falta de prejuicios que han demostrado durante siglos cuando se trata de buscar nuevos sabores y nuevos aromas. Son unos expertos que siempre persiguen conseguir algo único y diferente. Y es justo aquí cuando aparece la sorpresa, porque en Japón los fabricantes de este blended no andan a la zaga y les avala una larga tradición en cuanto a la elaboración de diferentes tipos de whisky. La unión de estas dos tradiciones tan distintas pero al mismo tiempo tan parejas acaba de dar como resultado la aparición de Chivas Regal Mizunara.

Un roble duro, poroso y aromático

Thomas Park

Poco hay que añadir a las numerosas y evidentes virtudes de una marca como Chivas Regal que cada botella que sale al mercado nace de la mejor selección de whiskies de malta y grano. En el caso de la variedad Mizunara, lo que convierte en especial es que su proceso de elaboración finaliza en barricas de auténtico roble mizunara y que le confiere un toque muy especial.

El roble mizunara es una variedad mucho más escasa que su primo el roble europeo y americano, lo que también lo convierte en un árbol mucho más apreciado y su madera mucho más cara. Además, es una especie profundamente arraigada en la historia de Japón.

Literalmente mizunara significa roble de agua. Un árbol de madera recia y dura pero al mismo tiempo muy permeable que convierte en todo un reto la fabricación de barricas para whisky con él. Es precisamente esa característica textura porosa la que confiere una leve caricia picante y personal a la mezcla final.

Una necesidad convertida en virtud

Cuando terminó la II Guerra Mundial, la escasez en Japón de alimentos, medicamentos y otros elementos de primera necesidad era acuciante. Por tanto, la falta de barriles para envejecer el whisky pasó a ser un problema menor. Sin embargo, la demanda de este producto entre las tropas de ocupación obligó a los fabricantes a buscar una solución y el roble mizunara, un árbol de origen local y que solo se encuentra en algunas regiones de Japón, les permitió volver a destilar. Hasta 1940, esta madera solo se usaba en la fabricación de mobiliario de lujo. Eso da una idea del carácter único y especial que tiene.

Este roble japonés necesita cerca de doscientos años antes de poder ser cortado utilizado para barricas. De hecho, es normal que algunos bosques suspendan sus derechos de venta para volver a ser replantados y permitirles crecer. Hoy en día, la madera del roble mizunara se vende en subastas públicas y la gran demanda que hay de ellos dispara los precios. Un barril puede costar actualmente más de seis mil dólares.

Dicen los destiladores y los expertos que un buen whisky debe madurar en estos barriles al menos entre 15 y 20 años para que se incorporen a él los sabores correctos. Dependiendo del fabricante, si se deja madurar correctamente, un barril construido con roble mizunara pude ofrecer notas tan complejas y sutiles como coco, sándalo, especias, plátano, incienso japonés aromático..

Un blended escocés con alma nipona

Chivas Regal Mizunara es una bebida diseñada pensando en el paladar japonés y un evidente homenaje a la tradición nipona en la producción de whisky. Una mezcla terminada en este tipo de roble que originalmente fue dirigida en exclusiva al mercado japonés, si bien su paladar suave y agradable ha terminado por dictar su lanzamiento a nivel mundial.

Se trata pues del primer whisky escocés del mundo con este tipo de añejamiento, con implantación internacional y que sigue fiel a la suavidad en paladar de Chivas Rgeal House, pero complementada con una tenue y excitante pincelada picante.

Una bebida de color ámbar cálido con notas afrutadas a pera y naranja en nariz y que en el paladar se muestra suave y abundante de la dulzura de la miel y con ligeras huellas de avellana. Y sobre todo, un final largo gracias a ese toque picante de Mizunara.

Su precio ronda los 45 euros.