Hace un año se abrió la segunda destilería Macallan en los terrenos que vieron nacer al legendario whisky escocés, y no solo ha supuesto un hito entre los fans del destilado. También ha sido una revolución arquitectónica, por su capacidad de integrarse en el entorno natural, oculta (literalmente) en un cerro ondulante. 

La firma escocesa celebra este aniversario con el lanzamiento de Estate, un nuevo single malt con una peculiaridad que lo hace único: está elaborado con la cebada propia de los terrenos de la finca Easter Elchies, hogar de Macallan desde su fundación en 1824. Son de 425 acres, en donde se planta y cultiva esta cebada una vez al año, solo durante una semana, lo que aumenta aún más el grado de exclusividad (que no de alcohol) de este néctar de tonos dorados o cobrizos, según le incida la luz. 

Plagado de notas frescas, en las que se aprecian incluso matices de plátano y caramelo, está dominado sobre todo por acentos cítricos que le confieren un frescor que trasladan a los campos patinados de rocío de Easter Elchies. 

 

Un hogar clandestino en Madrid

Pero Macallan no solo propone un viaje a su hogar por medio de las sensaciones que transmite su nueva expresión Estate. Sus ‘spiritual home’ son, en palabras de sus portavoces, “casas Macallan repartidas por todo el mundo”, como la que acaban de abrir en Madrid. Bajo el suelo del hotel Bless, el club privado Fetén acoge otro, el club Macallan, al que se accede, como en los míticos ‘speakeasy’ de la ley seca del siglo pasado, mediante una tarjeta de la que solo disponen unos pocos privilegiados. Incluye una sala exclusiva circular que transmite la sensación de estar en el interior de una de las barricas de la destilería escocesa, una carta en la que el chef Martín Berasategui marida platos con Macallan, cócteles con el whisky como ingrediente nuclear y hasta una bolera. Madrid, a día de hoy, sigue escondiendo secretos inesperados detrás de cada puerta.