Llega la hora de incorporarse a la rutina habitual: el trabajo y la casa, la ciudad, las relaciones, los problemas y las preocupaciones, el estrés…  Y tal vez también el momento de intentar encarar la vida de una manera más simple y más plena. Sin renunciar a nada, pero con la disciplina de relativizar, atender a lo importante y disfrutar de los pequeños placeres.

El ser humano es complejo por naturaleza y tiende a complicar sus relaciones, a crearse necesidades ficticias y a acumular bienes y objetos. De ahí que cuando llega el momento de simplificar no resulte tan sencillo como parece. Es difícil, pero no imposible. Es un proceso complejo que empieza por pensar detenidamente qué significa para nosotros SER y TENER.

 

Empezar por lo más cercano

La tarea de simplificar comprende varios estratos, el mental y el espiritual, el material y lo que atañe a las relaciones. El más evidente de todos, y también el más sencillo sobre el que actuar, es el material. A lo largo de nuestra vida tendemos a acumular y a rodearnos de objetos que prácticamente no usamos. Sobre todo desde la llegada de los aparatos electrónicos, bien por desidia o bien por falta de tiempo, apenas leemos las instrucciones y tan solo aprovechamos un pequeño porcentaje de sus posibilidades. Con el tiempo, muchos terminan ocupando un espacio en el trastero. Sucumbir al deseo es fácil pero hacerles cumplir sus objetivos es más complicado. Tal vez sea hora de reflexionar sobre todo esto. Un buen método es hacer, con tranquilidad y tiempo, una lista con todos los objetos que nos rodean y que no utilizamos. Seguramente nos sorprenderá.

Algo similar nos pasa con el tema de la apariencia, de los supuestos estándares de moda y belleza que debemos seguir para estar a la última. Esta es una cuestión en la habitualmente gastamos mucho dinero, tiempo, esfuerzo y energía y que normalmente nos devuelve insatisfacción, ansiedad y emociones negativas. ¿Un nuevo coche, el último modelo de teléfono, el televisor más grande, el juego de moda? Hemos creado necesidades que solo producen ansiedad, una carrera sin meta. Esto no consiste en renunciar a todo lo materia, sino a saber ver qué es lo que necesitamos realmente y que es lo que de verdad queremos. Y, además, nuestros deseos no tienen por qué coincidir con los amigos, la familia o la sociedad. Recuerda que en la mayoría de los casos, menos es más.

 

Una mirada hacia el interior

Un terreno en el que habitualmente también tendemos a complicarnos la vida es en el de las relaciones. Generalmente nos inclinamos a pensar demasiado sobre encuentros y conversaciones y a analizar pequeños detalles que nos llevan a retorcer momentos que, en realidad, han sido mucho más simples de lo que pensamos o los convertimos. Habitualmente falta espontaneidad, dejarse llevar y vivir el instante.

La comunicación no siempre es fácil pero las personas se decantan casi siempre a hacerla más compleja. Para empezar porque todos pretendemos mostrar una cara diferente a la nuestra, a la real. El valor de una buena relación se debe basar en lo que verdaderamente somos y no en lo que queremos aparentar. Ese afán por representar a alguien perfecto solo produce insatisfacción y complejidad en la relación, ya que la tensión de no mostrar ninguna grieta, ningún defecto, nos impide vernos a nosotros mismos tal y como somos. Y tampoco a la otra persona, ya que nuestros problemas, nuestros agobios, nuestras inseguridades actúan como un muro por el que es muy difícil penetrar.

Aceptarse a uno mismo es un paso importante en la tarea de simplificar. Aligerar nuestro día a día, ordenar nuestra vida, liberarnos de ataduras, aflorar nuestra mente y nuestros sentimientos no es sencillo, necesita tiempo y decisión. Hay que conocerse y tolerarse a uno mismo, comprender que no podemos controlarlo todo en todo momento y renunciar a algunas cosas, a veces a muchas. Esa es la base para tener una vida más simple pero también más plena.

 

Seis claves para simplificar la vida

1 – Priorizar: debemos distinguir lo principal de lo accesorio. Puede ser la familia, el amor, los hijos, los amigos… Reconocer qué es lo que de verdad nos importa y anteponerlo a cualquier otra cosa.

2 – Relativizar: tan importante como el apartado anterior. Damos demasiada importancia a prácticamente todo lo que nos ocurre pero realmente hay muy pocas cosas que sean tan importantes. Para y respira.

3 – Ordenar los valores: jerarquizar los principios nos ayuda a poner en su lugar correcto todo lo suceda y a distinguir lo bueno y lo positivo que nos depara el día a día.

4 – Proceder con congruencia: actuar con valentía, honestidad y congruencia ante cualquier situación. Valorar los hechos y conducirse de acuerdo a nuestros principios. Hay que atreverse.

5 – Renunciar al control y al perfeccionismo: la vida es impredecible e imperfecta. Como nosotros. No se puede controlar todo en cada momento y, además, nada es perfecto. Comprender estos dos principios ayuda a simplificar nuestra vida, a evitar frustraciones y ver todo con una mirada más indulgente. Esto nos hace más flexibles y tolerantes.

6 – Reírse: hay que tomarse la vida con mucho sentido del humor. Solo así podremos relativizar todo lo que nos ocurra. La risa es un estímulo. Una manera de distanciarse de los problemas y de enfocarlos con algo más de objetividad.

 

Ventajas físicas de simplificar

Una vez conseguido nuestro objetivo de hacer de nuestra vida algo más sencillo notaremos, además de un crecimiento espiritual y por tanto como persona, una serie de virtudes sobre nuestro organismo.

1 – Aumenta nuestra energía y vitalidad. Vivir en tensión desgasta mucho.

2 – Favorece el descanso. La reducción de problemas permite conciliar mejor el sueño.

3 – Mejora el aparato digestivo y se reducen los problemas gástricos.

4 – Actúa sobre la función cardíaca. El corazón trabaja más en momentos de estrés.

5 – Baja el colesterol y los triglicéridos. El hígado genera estas sustancias cuando vive en tensión.

6 – Revitaliza el sistema inmunitario.

7 – Reduce el riesgo de trombosis.

8 – Mejora la actividad cerebral, la concentración y la resolución de problemas.

 

Una vida más simple es más vida 

Un principio del budismo dice: “el secreto de la salud para la mente y el cuerpo reside en no lamentarse del pasado, no preocuparse por el futuro y no anticipar los problemas, sino en vivir el momento presente seria y sabiamente”. Simplificar, relativizar y priorizar esos son los pasos. Y esque todo es relativo, tal y como el genial Charles Chaplin argumentó: “No hay nada permanente en este malvado mundo, ni siquiera nuestros problemas”. La vida nos enseña que está para vivirla pero a veces lo aprendemos demasiado tarde. Uno de los personajes que lo tuvo más claro fue John Lennon, quien señaló: “Hay gente que hace de todo menos vivir”.

En definitiva, vivir es todo un arte. El filósofo, escritor y poeta estadounidense Henry David Thoreau nos aconsejaba: “Nuestra vida es siempre malgastada por el detalle… simplificar, simplificar”. Pero tal vez todo se resuma en una frase del gran escritor mexicano Doménico Cieri Estrada, un hombre obsesionado con el paso del tiempo: “Simplificar nuestra vida, desechar lo que nos sobra, vivir sobriamente, eso es saber vivir”.