Todos los días de año, el argentino Chueco Ferré, de 45 años. sale a nadar al mar unos minutos antes de que el sol aparezca en el horizonte. Lo hace en la playa de la Barceloneta, en Barcelona, con el tiempo justo para ver, desde el agua, cómo el astro rey se alza sobre el azul del Mediterráneo e ilumina con sus primeros rayos la ciudad condal.

“Es una experiencia única, porque cada amanecer es diferente”, afirma. Chueco llegó a España hace 19 años de su Tucumán natal, no sabía nadar  bien pero era practicante de otros deportes y aficionado al gimnasio. Una inoportuna lesión en la espalda lo llevó a la natación, una disciplina que practica desde hace cuatro años; empezó en la piscina, como casi todos los nadadores, y un día descubrió el mar. “Yo soy de madrugar y empezaba el día entrenando en piscina, hasta que un día me metí en el mar con gente que nadaba al amanecer. Si las condiciones son favorables, prefiero nadar en el mar”, explica este arquitecto que, tras su nadada matinal, comienza su jornada laboral con una energía muy superior a la del resto que la gente que encuentra en su camino. “Es como si recibieras un chute de adrenalina que te dura todo el día”, afirma.

Del mismo modo, hay grupos de nadadores que se reúnen para salir al mar a nadar las noches de plenilunio, cuando la luna ilumina el mar y, aunque la visibilidad no sea total, deslizarse sobre las aguas resulta una bendición. O gente que, sencillamente, aprovecha los fines de semana para salir los domingos a nadar en playas habilitadas para ello. Como, por ejemplo, las llamadas Vies Braves, una iniciativa surgida en 2014 desde el Patronat de Turisme de la Costa Brava, la Diputación de Girona, la empresa Technojetswim y el nadador Miquel Sunyer que ha trazado vías acuáticas en la Costa Brava para fomentar la natación y propulsar las excursiones marinas, de la misma manera que lo hacen los camins de ronda(itinerarios a pie que bordean el mar y ofrecen rutas y vistas extraordinarias) para el senderismo. Cinco años después del arranque de este proyecto, ya hay más de 25 kilómetros de vies braves, señalizadas con balizas y con paneles informativos que indican la longitud, dificultad y características de la fauna marina del tramo que se va a nadar.

 

En aguas abiertas

La natación en el mar, o natación en aguas abiertas, se ha convertido en uno de los deportes de moda, la alternativa al running para aquellos que prefieren sumergirse en el agua para hacer deporte en lugar de calzarse unas zapatillas para correr. Las playas de la España costera se llenan de grupos de nadadores que aprovechan cualquier momento del día para salir al mar y, mientras entrenan, disfrutar de las ventajas de un medio que permite contemplar los animales que acoge en libertad, como un espectador privilegiado.

Igualmente, el territorio nacional se ha llenado de travesías a nado populares, en las que conviven, en una misma carrera, nadadores profesionales y amateurs, como en las carreras populares. Entre los meses de abril y octubre (aunque también existen las travesías de invierno, para los más valientes y con el traje de neopreno como condición indispensable para participar), se celebran en el territorio nacional más de 200 travesías a nado, algunas de ellas incluso en pantanos, ríos o lagos. Las tres travesías más populares de España son el Descenso a Nado de la Ría de Navia, la Travesía Tabarca-Santa Pola y la Radikal Mar Brava.

El Descenso a Nado de la Ría de Navia está considerada por la página web Openwaterpedia, la biblia de la natación en aguas abiertas, como la octava mejor travesía del mundo pese a que, curiosamente, no se realiza en el mar. Este año ha llegado a su 62ª edición enmarcada en una fiesta popular en la que, además de la natación, se incluye acampada gratuita y un buen número de actividades, entre folclóricas y deportivas, para completar el fin de semana, en el oeste de Asturias, a primeros de agosto.

La Travesía Tabarca-Santa Pola reproduce algo tan natural como nadar de una isla al continente y lo hace en un paraje privilegiado, la reserva natural marina de la isla de Tabarca, a ocho millas de Alicante, desde la que se cubren los 5'9 kilómetros hasta la localidad de Santa Pola. El domingo 7 de julio se celebra su 24ª edición con un récord de participantes insólito: a la travesía, de casi seis kilómetros, se preinscribieron casi 5.000 personas, de las cuales solo 1.400 podrán participar finalmente en la competición, después de un sorteo público realizado cuatro meses antes.

Por su parte, la Radikal Mar Brava (ahora rebautizada, por mor de los patrocinios, Radikal Ocean52), que cierra la temporada de travesías populares, tiene lugar el segundo fin de semana de octubre entre Calella de Palafrugell y Llafranc, en la provincia de Girona, y constituye una especie de fiesta de fin de curso para los nadadores de aguas abiertas, ya que la organización propone un buen número de actividades y fiestas, para las que habilita hasta 20 carpas. El año pasado celebró su décima edición, en la que alcanzó los 1.400 nadadores en las tres carreras que se disputan. 

 

Un rutina saludable y enriquecedora

Albert Borrell, de 33 años, ha colaborado en la organización de esta última travesía, que en 2018 llegó a la décima edición con una participación de 1.400 nadadores y con más de 200 personas, entre voluntarios y organizadores, movilizadas para garantizar la máxima seguridad a los participantes. Albert, como muchos otros chavales en Cataluña, comenzó a nadar de pequeño, pero lo dejó a los 14 años “por el esfuerzo que me suponía entrenar tan duramente todos los días”. Cuando cumplió los 27 volvió a nadar en la piscina, hasta que un día conoció a un grupo de gente que salía regularmente al mar.

“Empecé a ir con ellos y me di cuenta de que el mar es algo completamente diferente”, explica, “hasta el punto de que puedes hacer cuatro o cinco kilómetros y no te enteras, el tiempo pasa volando”. Su experiencia como nadador en aguas abiertas y como colaborador en la organización de travesías la vuelca anualmente en una propuesta singular, la 'Clandestina', una travesía gratuita, “una quedada de amigos”, como él mismo la define, que se celebra en las playas de Barcelona, el último domingo de diciembre, y que sirve para despedir el año con alegría y a remojo. 

Pero, ante el irresistible auge del running, ¿qué es lo que tiene nadar en el mar que lo hace diferente? “El contacto con un medio que no es el habitual en el que vives”, matiza Chueco, quien, además, ha experimentado en su propio cuerpo los beneficios que conlleva nadar: es el deporte que menos castiga las articulaciones porque en ningún momento hay contacto con una superficie dura, por lo que es muy recomendable para quienes sufren dolores en la espalda o en las piernas.

Por ende, el contacto con el agua fría (cuando se nada en invierno) previene lesiones musculares y ayuda a regenerar la piel. “El mar es el lugar en el que realmente disfrutas de la natación, porque en la piscina se puede llegar a sufrir, pero en el mar el tiempo pasa sin que te des cuenta”, amplía Borrell. Sin embargo, Ferré da con la razón definitiva para elegir la natación por encima de cualquier otro deporte: “Es la única disciplina deportiva que conozco que practicas acostado, en la misma posición que cuando estás durmiendo”.